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Colombia: Bravucones e inconsistentes

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reinaldo-spitalettaBisEl ejercicio de la política en Colombia ha estado signado por la violencia, la indecencia y la corrupción en todas sus dimensiones groseras y dañinas. Y en los últimos días, en el terreno de lo simbólico, por las amenazas subrepticias a distintos congresistas y aspirantes a candidaturas presidenciales. “Bravucones inconsistentes, los callaremos en las urnas”, ha sido una de las más recientes agresiones de miembros del Centro Democrático contra sus contradictores.

congresistas_mordaza_negra

Tras las documentadas denuncias en el Senado, realizadas por Claudia López y Jorge Robledo, en torno a Odebrecht y la corruptela —en la que a la primera de las nombradas se le tildó de “gritona” de parte de algunos “ofendidos” y sindicados— , una pieza publicitaria se regó por redes sociales y otros medios. En la misma aparecían, entre otros, Iván Cepeda, Humberto de la Calle y la mencionada senadora del Partido Verde, con una mordaza negra, a modo de cruz en la boca, los rostros embadurnados de una sustancia aceitosa, con la frasecita arriba anotada.

De entrada, la malhadada composición niega el debate. Se opone a lo que, en teoría, es la democracia: la pluralidad, la presencia de voces distintas, que discuerdan, que están por el disenso racional o por los acuerdos. Es, de modo manifiesto, una amenaza, con pretensiones de sutileza. Las urnas no están hechas para callar a nadie; son parte de una estructura amplia en la que se expresan voces disímiles. Claro que, si se revisa la historia, a algunos que ganaron en las urnas luego los eliminaron a punta de bala. Y a otros, que amenazaban el establecimiento, igual, los “pasaron al papayo” (un término surgido en los horrendas calendas de la violencia liberal-conservadora).

En el debate contra la corrupción, en el Senado, la frase utilizada en la propaganda la pronunció Álvaro Uribe, a quien no le falta la envilecida y manoseada palabra “patria” en su discursería. Las urnas no pueden callar (ni acallar) a nadie, a no ser que se trate de urnas funerarias. Las deliberaciones, las discusiones, la dialéctica del discurso va más allá de unas elecciones. Y continúa después de ellas. Hay, parece, en las banderías uribistas, una nostalgia de la censura, de las mordazas y persecuciones a los que piensan diferente. Un ansia de imponer el “pensamiento único”. La denominada democracia liberal es todo lo contrario a la unanimidad: es la diversidad de posiciones.

La pieza publicitaria en cuestión, promovida por la representante uribista Margarita Restrepo, evoca la persecución a los disidentes. Es, en lo simbólico, una alusión a la tortura, a los tiempos nefastos de dictaduras y opresiones criminales. Es, en sí misma, una bravuconada, como ha sido el estilo de los militantes de dicha facción. Algunos de ellos tan ignorantes de la historia como de lo que significa la pluralidad en la interpretación del mundo.

Hay en la referenciada publicidad una actitud de inquisición, de mandar al fuego eterno a los que se consideran heréticos, de despojarlos de la palabra y de la libertad de pensamiento. Es intimidatoria y amenazante. Y expulsa por la borda la opción del debate y la confrontación civilizada. No le importa la argumentación. Es una reivindicación vulgar de la coerción y el autoritarismo.

Entre las varias lecturas que puede tener una pieza como la exhibida por los conmilitones del uribismo, está la de una delirante adopción de posiciones dogmáticas, que no admiten ninguna posibilidad de crítica ni de denuncia. Incluso, más allá del macartismo que encierran, manifiestan la intención de “borrar” al otro, un funesto estilo que, en Colombia, ha sido común en las prácticas de exterminio de ciertos grupos de la sociedad, con la intención de sacar del camino a sus oponentes. Y mandarlos a la fosa. O al cenizario.

La circulación de la controvertida publicidad también dio pábulo a discusiones acerca de lo que serán los próximos comicios. Se ha advertido, no sin temores y otros pálpitos, sobre el advenimiento de una “guerra sucia”, de propaganda negra, de cultivo de sectarismos y “verdades reveladas” (o mentiras que, de tanto repetirse, se revisten de verdad).

Parece que el desbarre con la “pieza publicitaria” les hizo más daño a sus promotores que a los que apuntaba agredir con su malintencionado montaje. Y ha puesto en evidencia, una vez más, el estilo burdo y grotesco, además de peligroso, de ese bando, al cual, en rigor, sí le cabe el calificativo de “bravucones inconsistentes”.

Reinaldo Spitaletta para La Pluma, 18 de octubre de 2017

Editado por María Piedad Ossaba

Artículos, ensayos y crónicas de Reinaldo Spittaleta publicados por La Pluma

Le en la Pluma:

 

Alerta: En Colombia, una nueva pacificación disfrazada de paz


 

 


 

Palabras clave:Colombia  ejercicio político  violencia  indecencia  corrupción  terreno simbólico  amenazas  agresiones  Reinaldo Spitaletta  

Actualizado ( Viernes, 03 de Noviembre de 2017 18:25 )  

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