La pluma dice lo que el hombre calla...

17 febrero 2018 - 23:31
Esto se debe a la aceleración del ritmo de estrés de la vida profesional y alto costo del tratamiento de los problemas sexuales psicológicos comprar-rx.online
Inicio Articulos Cultura Educacion


Colombia: ¿Antioqueñidad con inopia cerebral?

E-mail Imprimir PDF
Usar puntuación: / 0
MaloBueno 

reinaldo-spitalettaBisLos regionalismos tapan la historia. La camuflan. La tornan clichés (como decir, carrieles, ruanas, machetes…). La descontextualizan. Y así, con solo la superficie, se acude a los chauvinismos, que no son otra cosa que agitar las falsas banderas del patrioterismo (regional, local, nacional) y, con los ingredientes enfermizos de la demagogia, apelar a lo fácil, con el fin de esconder la historia y sus auténticas contradicciones.

El chauvinismo, tan sonado por estos días, desdibuja los contenidos y se ampara en la apariencia, en el ingrediente deleznable de lo sentimental (o sentimentaloide). Es emotivo y, en esa dirección, desdeña lo racional. O lo reprime, lo oculta. Antioquia, la de grandes escritores que han desnudado y puesto en vilo el fenómeno denominado la “antioqueñidad”, es y ha sido un territorio diverso en lo cultural, con símbolos como el trabajo, la libertad y la recursividad.

Tomas_CarrasquillaUna de nuestras más eximias glorias literarias, Tomás Carrasquilla, el que atendió al reto de El Casino Literario de que Antioquia carecía de materia novelable, mostró en sus novelas, cuentos, homilías, crónicas y ensayos, los significados de ser antioqueño, retrató sus virtudes y defectos, y hasta su muerte, en 1940, evidenció con creces qué era esa vaina de la “antioqueñidad”.

En su literatura, Carrasquilla empelota la sociedad y muestra a los arribistas, los truhanes, los estafadores, los malandrines. También los escarceos esnobistas, las afectaciones e imposturas de ciertos círculos sociales. La mascarada. Y así, mirándolo desde otro balcón, somos una sociedad en la que se mueven los fastidiosos emergentes, los posudos, los aparentadores. Los ordinarios y los noveleros.

Da cuenta en obras como Frutos de mi tierraLigia CruzGrandeza y otras, de una sociedad de mercaderes y buhoneros, de comerciantes y rebuscadores; de aquellos que quieren conseguir fácil la fortuna y que persiguen la de otros. Se puede explorar en sus novelas el carácter y el nuevo espíritu emprendedor del paisa y, sin desechar sarcasmos, las maneras del derroche, del exhibicionismo obsceno del neorrico, de los ostentadores o, como dicen ahora, “visajosos”.

Frutos_de_mi_tierra Ligia_Cruz

Para entender estos breñales, esta Antioquia, que en otros días quiso blanquearse y desdeñó mestizajes y otras fusiones, hay que volver a los poetas, a los escritores como Epifanio Mejía, León de Greiff, Gregorio Gutiérrez González, Fernando González, y, claro, leer hasta el infinito la obra monumental de don Carrasca. En sus letras podemos auscultar cuánto hay de fatuo, pero, a su vez, de auténtica valía en eso que han dado, con diferentes significados, en llamar “antioqueñidad”.

Carrasquilla, no sólo con la riqueza de lenguaje, sino con un talento excepcional, considera las clases sociales y las expresiones étnicas, nos introduce en los mundos del zambo, del negro, de los mulatos, de los cuarterones, de los “café con leche”, de la “gentuza” y la “guacherna*”, pero también de los “mañés” (que pueden ser de cualquier estamento social), de los “linajudos” y de la “crem”. Ah, y de los que buscan tapar con dinero sus lacras y pasados tenebrosos.

Leonde_GreiffEn Antioquia, como en otras partes, hay, según la visión humorística y cuestionadora de León de Greiff, “gente necia, local y chata y roma”, pero, a su vez, están —y estuvieron— los trabajadores, los obreros, los que levantaron muros, los que sembraron para que otros comieran, los artesanos y los ingenieros de la Escuela de Minas, los que les cantaron a la “niña hechicera” y a aquellas muchachas , con “mirada de diosa”, en cuyos brazos se aspira a librarse de tristezas y otras melancolías.

Las 23 estrofas del Himno Antioqueño*, que no todo el mundo canta ni se sabe, son una oda a la libertad, a los seres libres, a la resistencia frente a la tiranía y la esclavitud. Publicado en 1868 en la revista El Oasis por el alucinado Epifanio Mejía, que era cofrade de sirenas y espíritus acuáticos, es, hoy, una representación de identidad que trasciende lo bucólico, lo montuno.

Epifanio_Mejia_himno

Y entre los “chatos y romos”, están no solo aquellos que vibran con El brindis del bohemio o la vulgaridad en los privatizados festejos pueblerinos, sino los politiqueros. Los que apelan al facilongo expediente de la engañifa para ocultar las verdaderas necesidades y luchas del pueblo. Y transmutan lo popular en guacherna y borrachera. No estamos con esa Antioquia, la de Los 12 Apóstoles, la de la mafia, la de las corruptelas y las coimas, la de las motosierras, la de los gobernadores chambones, la de los tramoyistas mesiánicos (o diabólicos), cuyo objetivo es mantener embobada a la clientela. No.

Esa Antioquia de fanfarrones y agiotistas no puede ser la que sobreviva. Por eso, quizá, hay que volver a las fuentes, como Carrasquilla, como Mejía Vallejo, o como aquel poeta que alertó sobre una “total inopia en los cerebros”.

Reinaldo Spitaletta para La Pluma, 25 de julio de 2017

Editado por María Piedad Ossaba

Artículos y crónicas de Reinaldo Spittaleta publicados por La Pluma

N de la E:

*Himno Antioqueño

¡Oh libertad que perfumas
las montañas de mi tierra,
deja que aspiren mis hijos
tus olorosas esencias!
I
Amo el Sol porque anda libre,
sobre la azulada esfera,
al huracán porque silba
con libertad en las selvas.
II
El hacha que mis mayores
me dejaron por herencia,
la quiero porque a sus golpes
libres acentos resuenan.
III
Forjen déspotas tiranos
largas y duras cadenas
para el esclavo que humilde
sus pies de rodillas besa.
IV
Yo que nací altivo y libre
sobre una sierra antioqueña
llevo el hierro entre las manos
porque en el cuello me pesa.
V
Nací sobre una montaña,
mi dulce madre me cuenta
que el sol alumbró mi cuna
sobre una pelada sierra.
VI
Nací libre como el viento
de las selvas antioqueñas
como el cóndor de los Andes
que de monte en monte vuela.
VII
Pichón de águila que nace
sobre el pico de una peña
siempre le gustan las cumbres
donde los vientos refrescan.
VIII
Cuando desciendo hasta el valle
y oigo tocar la corneta,
subo a las altas montañas
a dar el grito de alerta.

IX
Muchachos, le digo a todos
los vecinos de las selvas
la corneta está sonando…
¡tiranos hay en la sierra!

X
Mis compañeros, alegres,
el hacha en el monte dejan
para empuñar en sus manos
la lanza que el sol platea.

XI
Con el morral a la espalda
cruzamos llanos y cuestas,
y atravesamos montañas
y anchos ríos y altas sierras.

XII
Y cuando al fin divisamos,
allá en la llanura extensa,
las toldas del enemigo
que entre humo y gente blanquean,

XIII
Volamos como huracanes
regados sobre la tierra,
¡ay del que espere el empuje
de nuestras lanzas revueltas!

XIV
Perdonamos al rendido
porque también hay nobleza
en los bravos corazones
que nutren las viejas selvas.

XV
Cuando volvemos triunfantes
las niñas de las aldeas
rinden coronas de flores
a nuestras frentes serenas.

XVI
A la luz de alegre tarde
pálida, bronceada, fresca
de la montaña en la cima
nuestras cabañas blanquean.

XVII
Bajamos cantando al valle
porque el corazón se alegra;
porque siempre arranca gritos
la vista de nuestra tierra.

XVIII
Es la oración; las campanas
con golpe pausado suenan;
con el morral a la espalda
vamos subiendo la cuesta.

XIX
Las brisas de las colinas
bajan cargadas de esencia,
la luna brilla redonda
y el camino amarillea.

XX
Ladran alegres los perros
detrás de las arboledas;
el corazón oprimido
del gozo palpita y tiembla…

XXI
Caminamos… Caminamos…
y blanqueas… y blanquean…
y se abren con su ruido
de las cabañas las puertas.

XXII
Lágrimas, gritos, suspiros,
besos y sonrisas tiernas,
entre apretados abrazos
y entre emociones revientan.

XXIII
¡Oh libertad que perfumas
las montañas de mi tierra,
deja que aspiren mis hijos
tus olorosas esencias!.

* Guacherna: Gentuza. Por extensión, comparsa de gente de mal vivir, bulla, pelotera, desorden.

Baile popular nocturno al son de instrumentos indígenas, nacido a comienzo del siglo XX en el tradicional barrio Abajo de la ciudad de Barranquilla, Colombia. Los vecinos salían en pequeños grupos, alumbrados con lámparas a gas y recorrían a ritmo de tambores y cumbias el sector. La tradición quedó en el olvido hasta ser recuperada en 1972 por Esthercita Forero, consolidándolo en 1982 con la canción La Guacherna


 



Palabras clave:Colombia / Antioquia / Chauvinismo / regionalismo / antioqueñidad / patriotismo / falsas banderas / Tomas Carrasquilla / clases sociales  expresiones étnicas / zambo / negro / mulatos / cuarterones / café con leche / gentuza / guacherna / mañés / linajudos / la crem / León de Greiff / Epifanio Mejía / Reinaldo Spitaletta