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La revuelta permanente de Nicanor Parra

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Jorge Carrion, escritor espanoBislHomenaje

Nicanor Parra, que consagró su vida a luchar contra la pomposidad de los números redondos, ha muerto hoy, 23 de enero de 2018, a los 103 años, exactamente ochenta después de que le declarara “la guerra a la metáfora”.

Nicanor_Parra_Chile

Nicanor Parra en Santiago de Chile en 2011 Credit Mario Ruiz/European Pressphoto Agency

Físico experto en teoría de la relatividad y en cosmología, formado durante los años 40 en las universidades de Brown y de Oxford, fue desde muy joven señalado por Gabriela Mistral como el futuro gran poeta de Chile. Y por los lectores como el gran antagonista de Pablo Neruda.

Sobre todo desde la publicación de Poemas y antipoemas en 1954Un libro que es parteaguas o sismo, que abunda en la grieta ontológica que habían abierto Auschwitz, Hiroshima y el Gulag. Un libro que, desde un rincón del Cono Sur, y al mismo tiempo que —en un sentido muy distinto, pero extrañamente complementario— también lo hacía la obra de Paul Celan, rebatió la sentencia de Theodor Adorno y logró que la poesía siguiera siendo pertinente después de los campos de concentración. Tal vez más pertinente que nunca, porque su vocación es precisamente tender puentes sobre las grietas y nunca estuvo nuestra realidad tan agrietada como desde entonces.

Si la mejor poesía de Neruda es la vanguardista, la que narró con vértigo metafórico en Residencia en la tierra (1925-1935) la angustia furiosa del yo en una fragmentaria vuelta al mundo; la mejor poesía de Parra es toda, porque consiguió que la fuerza de Trilce no muriera en París tras el aguacero, sino que atravesara la segunda mitad del siglo XX y llegara hasta nosotros, a orillas del XXI.

Convirtió su vida en gesto vanguardista, en revuelta permanente, expandiendo la vanguardia hasta convertirla en una dimensión más de la poesía y de la literatura y de la cultura. En sus libros y en su arte siguieron vibrando el collage o el dadaísmo de la época de entreguerras; y encontró espacio el latido beatnik (el editor, poeta y librero Lawrence Ferlinghetti publicó Antipoems en City Lights); y el activismo comunista o ecologista supo convivir con la risa, la burla, la ironía y la deconstrucción; y la resistencia al terror de Augusto Pinochet se expresó a través de fórmulas retrospectivas (recuperando la lógica de Quebrantahuesos) o pessoana (con el heterónimo del Cristo de Elqui).

“Me pronuncio por la plegaria mental/ soy enemigo de la plegaria verbal/ a pesar de no tener velas en ese entierro/ puesto que soy un librepensador”, dice con esa voz en el poema XVIII de Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977). Y en el XXIV: “El general Ibáñez me perdone/ en Chile no se respetan los derechos humanos/ aquí no existe libertad de prensa/ aquí mandan los multimillonarios”.

No dejó títere con cabeza ni institución sin bomba con el reloj activado en cuenta atrás. Desde la Literatura, la Patria y la Iglesia, hasta la Academia Sueca y las viudas literarias (“Lo que yo necesito urgentemente/ es una María Kodama/ que se haga cargo de la biblioteca/ alguien que quiera fotografiarse conmigo/ para pasar a la posteridad”), pasando sobre sí mismo, sobre su propia poesía. (“¿Qué es antipoeta?”, se pregunta en el primer verso de “Test”, y concluye: “Marque con una cruz/ la definición que considere correcta”). Sobre su propia tumba.

Nicanor Parra sobrevivió a muchos de sus hijos heterodoxos, geniales, felizmente desviados, como Pedro Lemebel o Roberto Bolaño. En estos momentos, en Poesía Brossa, la exposición que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona dedica al gran poeta conceptual catalán —que en 1992 compartió una muestra en Valencia con el chileno— se pueden ver muchos de sus últimos antipoemas, como el que rinde homenaje al autor de Los detectives salvajes uniendo en un único cuadro la doble página de una revista con fotografías del novelista y el titular “Adiós, Bolaño”, y una cita de Hamlet manuscrita por el propio Parra: Good night, sweet prince.

Pero mi sensación es que su herencia no solo pervive en sus herederos directos (como Raúl Zurita o Enrique Lihn), sino que ha empapado la cultura chilena y se ha filtrado en las raíces y en los laboratorios y en las facultades de letras y en las noches putrefactas. Que ya no es posible pensar en Chile sin la influencia del viejo Parra.

Quiero creer que el matemático poeta ha cerrado los ojos después de ver cómo sus nietos cuestionaban, con arte y con crítica, la violencia institucional y la solemnidad monumental del Chile más rancio, tanto en el ámbito de la literatura (La dimensión desconocida de Nona Fernández) como en el del cómic  (Anticristo de Javier Rodríguez) o en el del cine (El club y Neruda de Pablo Larraín).

Quiero creer que antes de entrar en el último túnel fue consciente de que su país recibía con frialdad y rabia y sobre todo con indiferencia al Papa Francisco y que por eso, y por todo lo demás en más de un siglo de literatura e irreverencia, en esa tumba que imagino junto al mar resonará una carcajada antipoética.


Manifiesto

(Nicanor Parra, 1963 - Gustavo Lifchitz) - (RIO ROJO - CD Podemos Ganar. 2010)

Señoras y señores
Ésta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
─Y esto lo digo con todo respeto─
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.

Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.

Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
─Y esto lo digo con mucho respeto─
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas obscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.

No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.

Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se retractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es una cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.

Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.

Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano,
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
“Libertad absoluta de expresión”.
Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribirían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.

¡Qué lo van a asustar con poesías!

La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.

Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.

Los poetas bajaron del Olimpo.

Nicanor Parra

De: “Obra gruesa” – 1969
Ed. UDP – Universidad de Chile.



Palabras clave:Nicanor Parra  Antipoesía  Chile  Abya Yala  Jorge Carmón  

Actualizado ( Viernes, 02 de Febrero de 2018 00:13 )  

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