La pluma dice lo que el hombre calla...

17 diciembre 2017 - 15:32
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El futuro que se nos viene encima/La amnesia

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Koldo Campos SagasetaLa culpa es de las vacas que se vuelven locas, de las aves que contraen la gripe, de los cerdos que tienen fiebre, de los pollos que consumen hormonas, de los huevos que acumulan dioxinas; la culpa es del petróleo que ha subido su precio, de la Bolsa que ha vuelto a desplomarse, del ladrillo que ya no se levanta; de la balanza que ha perdido su fiel, de la deuda que ha agregado más ceros, la culpa es de la crisis; la culpa es de los celos y de las carreteras, de la imponderable idiosincrasia, de la incompatibilidad de caracteres; la culpa es del destino… la culpa siempre será del enemigo. Nada de particular tiene por ello que del deterioro del planeta también sea responsable el clima y sus veleidosos cambios.

 

Y de las consecuencias de ese cambio climático nadie va a resultar ileso. Cálculos optimistas sitúan en el 2060 la desaparición de las capas polares. Paralelamente, otros fenómenos irán no sólo “desnaturalizando” nuestro “estilo de vida” sino haciendo inviable cualquier otra posible alternativa, en la medida en que no se enfrente la causa.

Y es en ese “estilo de vida”, absurdo y depredador, que permite que el 5% de la población mundial dilapide los recursos del resto, en donde hay que buscar al responsable de todos los cambios que están en marcha.

Curiosamente, los mismos intereses y personajes que han propiciado el caos, que han comprado el silencio de parte de la comunidad científica y de los medios de comunicación para evitar que el mundo tome conciencia y que, en modo alguno, están interesados en cambiar las recetas desarrollistas que nos venden como progreso, se erigen en la salvaguarda del planeta.

Otra buena razón, sin duda, para entender que la humanidad no va a llegar a tiempo de evitar que el tumor haga metástasis.

El ritmo del deterioro multiplicará sus propios efectos y las consecuencias terminarán siendo inevitables. Algunos de nosotros y nuestros hijos serán testigos del desastre.

Entre los muchos cambios que se avecinan y cuya gravedad no acabamos de entender, hay uno, el más intrascendente de todos, que a mí me fascina: la relatividad que va a cobrar el tiempo.

No es que las horas vayan a disponer de más o menos minutos, que los días sufran la pérdida de alguna hora, o reduzcamos a 2 los meses del año… es que, el mentado “futuro” nos va a quedar tan cerca, tan en medio, tan encima, que invocarlo o suponerlo va a ser un absoluto desperdicio.

Hemos vivido siempre en la certeza de que el tiempo era nuestro, al igual que el planeta, y en uno y otro hemos cifrado proyectos, calendarios, festividades, sentencias, historias, hijos... Pronto nada de ello tendrá ya sentido.

Y serán los bancos los primeros en quebrar cuando a nadie asusten ya con sus medidas legales y abogados, con sus desahucios, hipotecas y otras represalias. Nadie, aunque lo amenacen con enturbiar aún más su historial financiero, va a privarse de responder a una necesidad inmediata por cumplir con la codicia de una entidad bancaria y no exponerse aún más a sus futuros intereses.

Los que tengan sus ahorros en manos de bancos y financieras, a falta de futuro que asegurar, dejarán vacías las cajas fuertes para mejor aprovechar los días que les resten o invertir en una huida imposible.

Si con algún concepto está identificado un banco (además de todos los que subraya el código penal) ese es “futuro”. Ahorramos para el futuro, guardamos nuestro dinero en un banco para preservar y multiplicar el patrimonio en algunos años. Si desaparece el futuro como destino, también desaparece el ahorro como medida. A partir de que los bancos no dispongan de depósitos tampoco podrán hacer préstamos u otras operaciones e, inevitablemente, irán todos a la quiebra. Un mundo sin futuro al que encomendarse no va a necesitar bancos.

Por parecidas razones desaparecerán las empresas aseguradoras y todas aquellas que emplacen al futuro como negocio. Y de la mano de la banca cerrará la Bolsa a falta de futuro e inversionistas.

Y porque la vida no se percibe de la misma manera desde la confianza en un futuro seguro que desde su desolada ausencia, también se extinguirán todas aquellas empresas cuya razón de ser no sea vital, aquellas que nada aportan al desarrollo humano que no sea la especulación que deja a sus dueños.

La industria de la guerra, sus armas y ejércitos, además de sin sentido también se quedará sin pretextos. Nadie va a librar una batalla, así se le garantice la victoria, la víspera de perder la guerra.

Las instituciones de justicia, sigan o no administrándola, tendrán que esmerarse en sus sentencias e hilar bien fino para no cometer el exabrupto de condenar a nadie a penas que no sean superiores a las que el “cambio climático” nos remita al resto. Cualquier condena a más de cien años de cárcel, incluso la perpetua, al margen de la longevidad del preso, va a resultar una humorada. Y no es verdad que una sociedad presa de un cambio climático de funestas consecuencias va a seguir entretenida en la custodia de nadie.

Los partidos políticos del sistema, que siempre han tenido en el futuro su mejor coartada y negocio, perdida la referencia, se quedarán también sin cargos, sin nombramientos, sin comisiones, sin beneficios, sin nuevas elecciones y, lo que es peor, sin clientes, porque ningún partido va a poder ofrecer una respuesta creíble al naufragio universal.

Las iglesias serán las únicas empresas a las que acudirán en masa las más cándidas almas en busca de consuelo y explicaciones. Se llenarán los templos de arrepentidos, de beatos, también de descreídos, pero no encontrarán a nadie porque los fariseos que las administran, que nunca han creído en el futuro, tratarán de huir en un nuevo Arca de Noé dispuestos a sembrar la palabra de Dios en otro espacio.

Y Dios, harto de que los humanos decidamos por él, como castigo, dispondrá el fin del mundo y enviará a sus ángeles y arcángeles para que toquen las trompetas del Apocalipsis anunciando el fin del mundo y el juicio final… pero también él llegará tarde. Sólo me encontrará a mí, meciéndome en el balcón de mi casa, muerto de la risa, que es el único bien, por cierto, que lego a nadie.

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La amnesia

Todavía hay quienes piensan que la amnesia es una enfermedad mental, una grave dolencia que, como consecuencia de lesiones patológicas o seniles, afecta la corteza cerebral de las personas provocando la pérdida de su memoria.

Así de injusto es el juicio de la gente y de equívoco el diccionario.

La amnesia, y cualquiera que la disfrute me dará la razón, es una de las más gratas facultades que adornan nuestra existencia, una inseparable compañía de las almas puras que aspiran a una vida sin sobresaltos ni vergüenzas. Al ser muy contagiosa, una sociedad agraciada con tan preciado don puede, al conjuro de los grandes medios de comunicación, conservar su beatífica existencia.

Gracias a la amnesia quedan los delitos relegados al olvido recuperando los imputados sus blanqueados expedientes y cristianas maneras porque no hay robo, por más evidencias que lo delaten, que no deba la amnesia convertir en honesto y laborioso patrimonio a salvo del recelo de las togas y de la maledicencia de las esquinas, como tampoco hay crimen, por más execrable que parezca, que no pueda la amnesia convertir en piadosa virtud.

La amnesia siempre obra milagros transformando al ladrón en diputado, al canalla en benemérito, al pecador en santo y al mentiroso en periodista.

(euskal presoak-euskal herrira)

Koldo Campos Sagaseta, Columna Cronopiando para La Pluma, 1 de mayo de 2017

Juan Carlos (Koldo) Campos Sagaseta de Ilúrdoz es poeta y dramaturgo. Nacido en Iruñea /Pamplona (Euskal Herria/País Vasco) el 14 de abril de 1954, se nacionalizó dominicano en 1981, país en el que vivió durante mucho tiempo, antes de volver al País Vasco en 2005. Laboró como corrector y columnista en el periódico dominicano El Nacional, donde publicaba la columna diaria Cronopiando. Publica actualmente en Gara (www.gara.net) (País Vasco) y en el periódico brasileño www.desacato.info .Colaborador de La Pluma.

Traducciones disponibles: Français

 

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Actualizado ( Viernes, 05 de Mayo de 2017 10:35 )