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Diego El Cigala, o la astucia del Indestructible Gitano universal. Una posmodernidad globalizada con corazón antiguo

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aut_2BisDebo confesar que antes del 17 de julio de 2017 no conocía la existencia de Diego El Cigala. Bueno, nadie es perfecto   y no podemos saberlo todo.

Me informé rápidamente sobre este hombre para hacerme una idea sobre la clase de espectáculo que me estaba esperando en el Festival de Hammamet el 18 de julio. Una vez iniciado el concierto en el ambiente familiar del teatro al aire libre de Hammamet – sólo unos 800 de sus 1000 puestos fueron ocupados, nada que ver con las multitudes del Festival de Cartago, cuyo teatro romano tiene 30 veces más capacidad -, rápidamente constaté que estaba equivocado.

El Dieguito es un grande, muy grande. Los invito pues  a descubrirlo. Ver aquí las fechas de sus próximos conciertos alrededor del mundo, de España a México, pasando por Francia, Bolivia y otros.

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Un muchacho del Rastro, venido desde muy lejos

El que se define como « la Garganta de arena» se llama Diego Ramón Jiménez Salazar y nació en 1968 en Madrid, en el barrio del Rastro, donde se encuentra uno de los más grandes mercados de pulgas del mundo, que tiene una larga historia de casi de tres siglos. Su nombre vendría de los rastros de sangre que dejaban las carcasas de vacas transportadas de los mataderos a las curtidurías sobre la ribera de los curtidores, a lo largo del río Manzanares.

« El Rastro es el zoco de la capital – y el final de Europa. Puede verlo por 45 pesetas, el precio del viaje en metro, que los transporta en un santiamén de la capital española al Oriente. »  (Hans Magnus Enzensberger, ¡Europa, Europa!, Anagrama 2006).

«Yo he estado en el África como en la India, por el asiduidad de estos objetos que constantemente figuran en El Rastro. » (Ramón Gómez del Serna, El Rastro, Valencia, 1910)

Como es sabido, quien dice mercado, dice gitanos, el pueblo viajero por excelencia. Un pueblo-mundo mucho antes que los judíos, los libaneses o los chinos. Juzguen ustedes: comienzan su migración en la Antigüedad desde el Rayastán indio. Llegados al Mediterráneo, serán los herreros y herradores en los ejércitos romanos, bajo los auspicios del dios del fuego, del sol, el Hefaistos de los griegos y el Vulcano de los romanos. Contribuyeron a  la fundación de numerosas ciudades, como Belgrado (Beograd, la ciudad blanca, es decir, del sol, algunas ciudades italianas llamadas Alba o también Heliópolis (ciudad del sol) en Egipto. Es de su travesía por Egipto que se deriva su nombre inglés de Gypsies (contracción de Egyptians) y español de Gitanos (contracción de egiptano). Durante toda la Edad Media, atraviesan  Europa, nómadas en la mayoría de los casos pero terminan por sedentarizarse ante los golpes de la modernidad. Según los lugares donde viven, se convierten en cristianos o musulmanes. En España, es Andalucía que se convierte en su tierra de elección. Esta no es una coincidencia, sino el efecto de la cultura forjada en los siglos en que esta tierra fue a la vez musulmán, judía y cristiana, en resumen un ejemplo de ecumenismo y tolerancia, que sigue alimentando el imaginario, por ejemplo los palestinos, lo que no es tampoco una casualidad.

Durante tres siglos, desde 1594 hasta mediados del siglo XIX, sufren en España un verdadero genocidio progresivo, grandes redadas, encarcelamientos, castración, deportaciones, prohibiciones de toda índole (decirse gitanos, vestirse de gitanos, hablar «gitano», tener hijos, en definitiva todos los elementos del genocidio en el sentido literal). Sacudidos permanentemente entre la necesidad de huir de las persecuciones y la necesidad de asentarse para tomar respiro, los gitanos desarrollaron  una cultura única, absorbiendo por el camino todas las cosas buenas que les permitieran sobrevivir. Una de las manifestaciones más brillantes de este fenómeno es el flamenco. Siempre hubo debate sobre el origen de esta palabra. Por mi parte, opto por la versión otorgada por Blas Infante, el padre del andalucismo, partidario de una República federal española donde la Andalucía tendría su autonomía y defensor feroz de la causa de los braceros andaluces. A su modo de ver, flamenco viene del árabe fellah min gueir ard, campesino sin tierra, que designaba los Moriscos desposeídos de sus tierras por los Reyes católicos y mucho de los cuales integraron a las comunidades gitanas con sus cantos de dolor (y sus instrumentos, ancestros de la guitarra)

De minoría oprimida, los gitanos andaluces pasan a ser al final del Siglo XIX la figura simbólica central del casticismo, versión tardía española del nacionalismo romántico, hecha de machismo, corrida y flamenco, todo ello rociado con vino rojo de Rioja, que hace del Andaluz el prototipo del Español «auténtico», opuesto a los afrancesados, sólo jurando por la Ilustración, Napoleón y Gambetta y más bien afeminados, descendientes de los pequeños marqueses con pelucas empolvadas. Lo que hará los intelectuales de la generación de 1898 unos antiflamenquistas convencidos, a excepción de los hermanos Machado, Antonio y Manuel, ambos poetas, que habían heredado de su padre Antonio, famoso folclorista sevillano conocido bajo el seudónimo de Demófilo (Amigo del pueblo), el amor de la cultura popular andaluza. Incluso si Manuel acabó mal, convirtiéndose en un panegirista del generalísimo Franco después del aplastamiento de la República, guarda el mérito de haber renovado el  cante jondo – el «canto profundo» -, núcleo del flamenco, aportando innovaciones, bajo la influencia de los poetas parnasianos y de Verlaine.

Un siglo y pico más tarde, el flamenco y todo lo que va con él se convirtió en una parte integral de la «Marca España» con todo lo que eso arrastra, de la inscripción al patrimonio mundial de la humanidad de la UNESCO a los negocios de las academias de flamenco, de Chile a Japón, pasando por el turismo y el show-business. Los «verdaderos» gitanos, una vez más, deben recurrir a mil astucias  para sobrevivir a esta otra forma, posmoderna, de genocidio. Lo que nos lleva a Dieguito.

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Una cigala mundializada

Su apodo,  El Cigala, le fue dado por los hermanos Lozada, guitarristas, debido a su delgadez de juventud (a casi a 50 años de edad, comienza a echar barriga y arriesga de convertirse en El Cigalón). Comenzó a cantar siendo un niño, teniendo el cante en sus genes (su madre cantaba en privado y su tío Rafael Farina en público). Ganó su primer premio de mejor cantaor (forma andaluza de cantador) de Getafe, suburbio obrero de Madrid, a la edad de 12 años.

Comenzó una carrera que le permitió hacer encuentros decisivos, empezando por Bebo Valdés (1918-2013), uno de los principales antepasados de la música afrocubana del Siglo XX, pianista, compositor, arreglista y padre de Chucho Valdés. Bebo hizo los momentos más emocionantes del cabaret Tropicana de La Habana de 1948 a 1957, que vio desfilar todos los grandes jazzistas de las Américas por jam sessions («descargas*») creativas a las cuatro de la mañana. Compuso mambos, recientemente introducidos en la música cubana por Pérez Prado (autor inolvidable del Mambo Number Five), como La rareza del siglo. Exiliado en Suecia en la década de 1960, se hundió prácticamente en el anonimato, para treinta años más tarde ser redescubierto y hacer una reaparición triunfal primero con el disco Bebo Rides Again, luego con la película de Fernando Trueba, Calle 54. En 2002, Trueba produjo el disco Lágrimas negras, en el que Diego El Cigala canta, acompañado por Bebo, alias   El Caballón (su apodo de juventud). El disco fue un éxito mundial estruendoso, que abre a Dieguito todas las puertas del mundo, de Cali a Buenos Aires, de Nueva York a La Habana. 15 años después, nos encontramos, unos cuantos happy few, bailando los ritmos paradisíacos de un equipo de 11 grandes artistas bajo el cielo estrellado del verano tunecino.

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Los músicos muestran la vía

Escribí, al principio de esta columna, que había constatado rápidamente estar equivocado. Me esperaba una sopa a la Gypsy Kings. Pues bien, no fue así. Los 11 Magníficos – 11, como en fútbol – nos ofrecieron una actuación deslumbrante, una verdadera clase magistral. Primera sorpresa: no hay ninguna guitarra. En cambio un piano tocado por un personaje que parece salido de una novela de Steinbeck o de una película de Hitchcock, cuya maestría hace rápidamente olvidar la fealdad: Jaime Calabuch, llamado 'Jumitus' (diminutivo de Jaime frecuente en los músicos andaluces y catalanes), es todo un  gigante tanto en su tamaño como en la manera de tocar. El momento más emotivo del concierto fueron los tres cantes jondos interpretados por Diego y Jumitus, dejados solos en el escenario por el resto del grupo (ver vídeo n° 11 a continuación). Un momento en que vi perfilarse la silueta de Federico García Lorca entre bastidores. No les digo más.   Dejo que sean ustedes  quienes juzguen más abajo

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Para concluir, de regreso en el autobús me hice una reflexión, que comparto: ¿y si los grupos políticos aprendieran a funcionar como los grupos musicales? Éstos, como los equipos de fútbol, constituyen sin duda  lo mejor de la capacidad humana para crear maravillas. Funcionan colectivamente, pero cada uno con su particularidad/competencia/originalidad, aplicando a la letra la divisa de los 3 mosqueteros, Todos para uno, Uno para todos. Cada uno acompaña a cada uno, cada uno pone al otro en valor. Hablan al público mientras hablan entre sí. No tienen ningún jefe, justo un coordinador. Se escuchan mutuamente. En definitiva, nos muestran el camino) de la cooperación humana. Observemos y aprendamos.

Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Original: Diego El Cigala, ou la ruse de l’Indestructible Gitan universel. Une postmodernité mondialisée au cœur antique

Traducido por María Piedad Ossaba para la Pluma y Tlaxcala, 20 de julio de 2017

N de la T

* Una jam session (a veces traducido como tocada o zapada) es un encuentro informal de improvisación musical. Alejo Carpentier cuenta que en francés suelen utilizarse los términos faire le bœuf, taper le bœuf o incluso bœuffer para referirse a las jam sessions, mientras que los músicos cubanos de jazz latino y de salsa se refieren a «descarga».


 

Ver la continuación del concierto aquí

 

 



Palabras clave:Diego El Cigala | Gitanos | Músicas del mundo | Festival de Hammamet | Fausto Giudice  

Actualizado ( Viernes, 21 de Julio de 2017 23:23 )