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Egipto: el ministro del Interior, Edmundo Dantés y los desaparecidos

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aut_4520BisNi el régimen ni sus servicios de seguridad quieren ver a los ciudadanos de este país como seres humanos que piensan, escuchan y tienen consciencia de todo lo que pasa a su alrededor. ¿Cómo si no explicar las declaraciones hechas por el ministro del Interior, Magdi Abdulghaffar, durante su rueda de prensa del lunes 30 de noviembre de 2015? En ellas negaba la realidad del secuestro de ciudadanos desaparecidos y afirmaba que la institución policial gozaba de una buena reputación.

El general de división (retirado) Magdi Abdulghaffar, ministro del Interior egipcio

Con plena consciencia afirmo que el ministro miente: las prisiones y otros centros de detención están llenos de hombres adultos y jóvenes, sin que nadie conozca su identidad. Retenidos por la fuerza sin cargos, no han comparecido ante la fiscalía, y por tanto se encuentran en peligro, dado que el ministro niega oficialmente su presencia en los centros de detención. ¿Qué explicación podría dar entonces el ministro si al final estos detenidos no reconocidos comparecieran ante un juez, se les declarara inocentes y posteriormente nos relataran lo que han sufrido durante estos últimos años? De lo que no cabe duda es de que están desapareciendo personas desde hace al menos dos años, sin que nadie conozca su destino.

El caso de un médico

El 24 de agosto de 2013 a las 11 h, la policía detuvo al doctor Mohamed Saïd Ismaël (cirujano de la clínica central de El Kanayate) mientras se bajaba del coche delante de su casa en presencia de sus vecinos. Desde ese momento hasta la fecha no se ha tenido noticia alguna sobre él. Evidentemente, desconozco si este médico sigue vivo o no, pero sí sé muy bien cómo vive su familia.

Me reuní con su hija Sara, de veinte años, la cual está malgastando los mejores años de su juventud para dedicarse a buscar a su padre en prisiones y comisarías, en las fiscalías, con los jueces y en los hospitales y sus depósitos de cadáveres, pero sus esfuerzos han sido en vano. Ha escrito al ministerio del Interior para que le revelen el centro de detención de su padre, sin resultado. Finalmente ha averiguado a través de fuentes extraoficiales de la Policía que su padre está encarcelado en un lugar ultrasecreto sin identificar, bajo la sospecha de pertenecer a la organización de los Hermanos Musulmanes.

Yo no creía que El Conde de Montecristo, del novelista francés Alejandro Dumas, inspirado en hechos reales, se pudiera repetir en nuestros días. Creía que las películas egipcias Amir El Antikam (El príncipe vengador) y Amir Addaha (El príncipe astuto), protagonizadas por Anouar Ouagdi y Farid Chaouki, narraban historias del pasado, en blanco y negro, y jamás me habría imaginado que las penalidades que aparecen en ellas se harían realidad en nuestros días y en color.

Al releer esa novela francesa descubrí que el barco que trasladó al héroe del libro, Edmundo Dantés, desde Egipto hasta Francia, se llamaba precisamente “El faraón”, el calificativo que se da en nuestro país a los déspotas. También me sorprendió saber que Edmundo Dantés tan solo tenía 18 años cuando fue secuestrado y arrojado a una cárcel secreta simplemente por estar supuestamente relacionado con Napoleón Bonaparte, que preparaba su retorno mediante un golpe de estado contra el reino de Francia. Entonces me quedé estupefacto al descubrir que el aparato policial que había detenido a Dantés recibía el nombre de Seguridad Nacional [como en el Egipto actual, NdT]. No obstante, desde ese momento decidí dejar de sorprenderme, ya que la historia del régimen despótico del faraón egipcio era la más citada en el Corán. En su novela, Dumas tan solo habla de un desaparecido, Edmundo Dantés; sin embargo, en el Egipto actual hay mil casos como el suyo.

Me reuní con el abogado Ibrahim Abdelmoneïm Al-Moutawalli, que se halla sumido en un estado de consternación permanente. Él, un hombre de derecho, tuvo que acudir a un defensor porque le había sido imposible conocer el paradero de su hijo Amro, desaparecido. En su demanda judicial, el Sr. Ibrahim Abdelmoneïm precisa que su hijo Amro, estudiante de cuarto curso de ingeniería en la Escuela Superior Taïba de El Cairo, se encontraba entre los detenidos durante las manifestaciones que tuvieron lugar ante la Guardia Republicana en El Cairo. Dos años después de su arresto, Amro aún no ha sido llevado ante la fiscalía. Sin embargo, en su demanda, el abogado señala que un prisionero liberado le dijo haber conocido a su hijo, detenido sin cargos. Así pues, con fecha del 11 de julio de 2013 el abogado presentó la demanda n.º 50 ante la fiscalía de Misr El Jadida para averiguar dónde estaba detenido su hijo, pero ha sido en vano.

Ni siquiera la Liga de los Derechos Humanos ha podido hacer nada. El padre de Amro les ha remitido un informe para que intervengan rápidamente contra los investigadores de la Seguridad Nacional de Nasr City. De hecho, averiguó que su hijo podría haber sido trasladado a este distrito, donde estaría detenido en la prisión de Wadi Natroun junto con una serie de desaparecidos, aunque no figure en el registro oficial de la prisión. Todos sus compañeros de detención han sido liberados, excepto él. Posteriormente podrían haberle transferido a la cárcel de Azouli, en Ismailía. Hasta la fecha sigue sin haber comparecido ante el fiscal, seguramente porque no existe ningún cargo contra él.

Independientemente de si pertenecen a los Hermanos Musulmanes, al Partido Nacional Democrático [antiguo partido único, NdT] o a cualquier otro colectivo social, los “desaparecidos” tienen derecho a la vida y a la protección. Deben conocerse sus centros de detención y comparecer ante la justicia, sean cuales sean las acusaciones que pesen sobre ellos. El asesinato de un joven de 16 años y la detención y encarcelamiento ilegales de su padre podrían provocar una confrontación en el país de la cual nadie saldría indemne, ni los gobernados ni los gobernantes.

Su documento de identidad era el n.º 27108290103751 y residía en El Amira, en el departamento de Alejandría. Adel Dardiri Abdelgawad se puso en contacto con su mujer para comunicarle que su hijo había muerto por los disparos de fuego real del ejército o de la policía durante la sangrienta dispersión de la sentada de la plaza Rabia al Adawiyya. Le dijo que se iba a quedar con el cadáver de su hijo hasta que pudiera sacarlo de la plaza para enterrarle. Sin embargo, dos años después aún no han aparecido ni el padre ni el cuerpo de su hijo en ningún lugar del país. La familia ha formulado numerosas reclamaciones al gobernador, pero todo ha sido en vano.

Otra historia de un joven: Mahmoud Ibrahim Mustaphá Atyya, del departamento de Kafr el-Cheikh, con documento de identidad n.º 27603141600077. Su caso es uno de los más tristes de la sentada de Rabia al Adawiyya. Mahmoud Ibrahim informó a su familia de que iba a ayudar a trasladar a los muertos y a los heridos al hospital improvisado durante la cruenta dispersión de dicha plaza, pero desde entonces no ha vuelto a dar señales de vida. Posteriormente, su hermano se enteró de que había sido encarcelado en la prisión de Azouli en Ismailía. Aunque ha intentado visitarle en numerosas ocasiones, la administración penitenciaria del centro niega su existencia.

En realidad, el principal problema con el que se enfrentan las familias de los desaparecidos es que la justicia no responde a sus quejas. Las peticiones de los familiares de los arrestados dirigidas a las fiscalías de los centros de detención no reciben respuesta alguna por parte de las autoridades judiciales. La familia del joven Abdelhamid Mohamed Abdessalam vive en Aziat el Bili, pequeño municipio dependiente del distrito de Tamoul, en la provincia de Kafr el-Cheikh. Han solicitado una investigación judicial y presentado numerosas peticiones para conocer la suerte de su hijo desaparecido durante esa misma sentada, pero es como si se encontraran con un muro.

Idénticas gestiones ha realizado la familia de Saïd Ramadan Ali, vecino del barrio de Bouhours en el mismo distrito, y también han sido infructuosas. Los familiares de Mohamed Kader Ali Mohamed Hassan, con documento de identidad n.º 29108150300252 y residente del distrito de Puerto Saíd, no han vuelto a tener noticias de éste tras su desaparición durante la sentada de Rabia Al Adawiyya. Tampoco hay rastro alguno de Mohamed entre los cadáveres sin identificar tras la realización de pruebas de ADN.

Egipto aún no ha ratificado la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2006. Conviene por tanto presionar al régimen actual o a cualquiera que le sustituya para que ratifique dicha convención. A la vista del vertiginoso aumento de las desapariciones forzadas, no debemos esperar a que haya 20 000 desaparecidos para actuar, como sucedió en Argelia después del golpe de estado militar [NdT: del 19 de enero de 1992].

¡Libertad para Egipto!

Hazem Hosny حازم حسني

Original: وزير الداخلية المصري و”دانتس“ والاختفاء القسري
Traducido par Ana Atienza

Traducido por Traductions disponibles : Français  Italiano  English 

Fuente : Tlaxcala, 2 de enero de 2016

Lea en la pluma:

 

Edición especial « Balance 2015 »



Palabras clave:Umma | Egipto | desaparecidos | cárceles secretas | derechos humanos ¡Libertad para Egipto! | Hazem Hosny  

Actualizado ( Lunes, 04 de Enero de 2016 13:40 )