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No estamos solas ¡estamos organizadas!

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¡Nuestros cuerpos son campos de batalla! En el plano de las luchas antipatriarcales, Junio fue escenario de una masiva movilización bajo la consigna “Ni una menos” a un año de la primera marcha, y en el nuevo contexto planteado por el cambio de gobierno.

A nivel internacional, mientras persiste la irresolución de la crisis del capitalismo patriarcal, los movimientos antipatriarcales y las luchas feministas van tomando características más subersivas, aún con idas y vueltas. 


La resolución a la crisis en curso sigue siendo disputada por dos grandes tendencias capitalistas-patriarcales: por un lado, el capital más concentrado, vinculado a los estados centrales, que impulsa la formación de una Nueva Derecha, expresada con claridad en Argentina con el macrismo; y por el otro, un sector que surge a partir de la crisis estructural del modelo neoliberal, que intentan impulsar reformas y políticas económicas redistributivas desde arriba, apoyadas en cierta base popular, con el objetivo de redinamizar la acumulación capitalista a escala mundial y sostener la gobernabilidad de sus países. En nuestro país el kirchnerismo expresó esta fuerza desde el 2003, y hoy está representada internacionalmente por la figura del Papa.

La pugna entre estos dos modelos de reproducción del sistema capitalista no les impide coincidir en lo fundamental en lo que refiere al sostenimiento del patriarcado. La experiencia en Argentina con el gobierno kirchnerista en esta materia y las políticas del nuevo gobierno encabezado por Mauricio Macri dan cuenta de ello.

Durante el periodo kirchnerista existireron políticas pensadas para el abordaje integral de la salud y la educación, pero estuvieron caracterizadas por la precarización laboral y de los programas mismos. Esta debilidad estructural fue el caldo de cultivo favorable para las políticas de desmantelamiento de programas y despidos del macrismo. Asimismo, el macrismo ha reafirmado en los últimos días su compromiso contra el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en un guiño a la Iglesia (Macri pidió al cierre del Congreso Eucarístico defender la vida “desde la concepción hasta la muerte”) en continuidad con la política de la gestión kirchnerista. Un agravante a este respecto es el retroceso en materia de aplicación del protocolo de aborto no punible, empeorando la situación de todas las personas con capacidad gestante.

En cuanto a las políticas destinadas a prevenir y erradicar la violencia hacia las mujeres, nos encontramos en sostenida postergación. Durante la década anterior el reclamo de las organizaciones sociales y de las mujeres fue la apertura de refugios, la perspectiva de género en el ámbito judicial, mayor presupuesto para al Consejo de la Mujer. Nada de esto pasó y en seis meses de gobierno de Cambiemos no ha habido ningún avance. Colocar a la cabeza del Consejo de la mujer a una feminista ligada a una visión liberal y ONGista de la política fue el único intento de lavarse la cara. El presupuesto que maneja actualmente el Consejo es de 4 pesos por mujer, si se contabiliza el total de población femenina según el censo del 2010. Uno de los anuncios que trascendió fue que se iban abrir 24 refugios en todo el país, que de concretarse significaría solo un refugio por provincia en promedio. Con estas políticas el gobierno de Cambiemos no encarna mayores derechos ni fortalecimiento de los adquiridos, sino aún más cotillón, recorte y marginación.

A nivel mediático y simbólico, el nuevo gobierno intenta reposicionar a la mujer como figura decorativa que acompaña al varón; así como el retorno del  lenguaje sexista (“todos”) para referirse a la sociedad, que esconde bajo a pretensión de universalidad, la jerarquización sexista que subyace al nuestro lenguaje.

Pero a esta avanzada patriarcal le venimos oponiendo la resistencia feminista. El pasado 3 de junio salimos a la calle en más de 100 puntos de país, millones de forma organizada para levantar la consigna Ni Una Menos. En este nuevo escenario político, esta marcha a diferencia de la concentración del año pasado, exigió al gobierno macrista una respuesta urgente ante los femicidios y travesticidios, contra el vaciamiento del Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable, por la implementación efectiva de la Ley de Educación Sexual Integral, por la legalización del aborto seguro y gratuito, entre otras consignas.

Otras de las consignas levantadas fue la de Libertad para Belén, la chica tucumana que fue condenada a 8 años de prisión tras sufrir un aborto espontáneo. Un caso que muestra a las claras el carácter patriarcal de las instituciones de salud pública y el sistema judicial, que actúan con muy distinta vara cuando se trata de represores y femicidas que permanecen libres hasta el día del juicio, si es que llegan a enfrentar uno. El poder judicial, intentar aleccionarnos sobre lo que nos puede pasar si abortamos. El próximo 30 de junio la Campaña por la legalización del aborto seguro y gratuito, presentará y buscará quorum por cuarta vez el proyecto de ley de interrupción voluntaria de embarazo (IVE).

El colectivo trans y travesti en la Argentina sigue expuesto a los prejuicios de la justicia patriarcal. Tal es el caso de Claudia Córdova, quien fue encarcelada por un delito que nunca fue comprobado, pero que fue sentenciada a 5 años de prisión, agravada por ser extranjera y “venir a delinquir a nuestro país”. Además, durante todo el proceso judicial fue nombrada por el nombre masculino registrado infringiendo la Ley de Identidad de género que dice que aun sin constar el cambio de nombre en el DNI, se debe respetar la identidad autopercibida. Este fallo invisibiliza la responsabilidad integral del Estado frente a la situación de vulneración de derechos en la cual se encuentra el colectivo trans y travesti.

Lo que StoneWall Inn nos dejó.

Pasaron 47 años de lo ocurrido en StoneWall inn, un bar ubicado en Nueva York en donde explotó una gran revuelta que significó el inicio de un movimiento mundial de visibilización de las identidades travestis, trans, gays y lesbianas. Es por eso que todos los Junios desde 1969 se festeja el día del Orgullo Gay. Pero nuestro orgullo aún despierta el odio heteropatriarcal.

El pasado 11 de junio en la ciudad de Orlando-EEUU un hombre ingresó con un arma a un boliche llamado Pulse, en donde se solían encontrar y divertir gays y lesbianas de origen latino y afroamericano. Este hombre desató una masacre que dejó sin vida a más de 50 personas. La prensa rápidamente vinculó este ataque con el terrorismo islámico, por el origen afgano de la familia del asesino. Sin embargo, pocas horas después, y a pesar de las operaciones de prensa de republicanos y demócratas, se denunció que este ataque fue perpetrado a raíz del odio que sentía este hombre hacia la comunidad lgtttbiqp y contra la comunidad latina.

Numerosos comentarios salieron al cruce de quienes utilizaron la masacre para apoyar las políticas yanquis de persecución del islam, cierre de fronteras a extranjeros y carrera armamentista. 

Esto no implica desconocer que en el Islam está presente el odio hacia nuestras identidades disidentes, con una matriz fuertemente patriarcal. Pero ese odio está presente en nuestras sociedades occidentales liberales también, y el asesino es un hijo sano de esta cultura patriarcal, más allá de su supuesta simpatía con el Islam. Es esta perspectiva la que nos permite vincular estos hechos con los ataques fascistas contra el colectivo lggttbiq en Mar del Plata, o el caso de México en un club gay de la ciudad de Xalapa, con un saldo de 7 personas muertas, el cuál no tuvo  el mismo impacto mediático ni reacción mundial, pero tiene la misma raíz en la sociedad en que vivimos.

La lucha feminista no se abandona/// Resistencia Organizada

A pesar del panorama de intento de reforzamiento de las instituciones patriarcales y de no reconocimiento de los derechos adquiridos por medio de la lucha y la organización a lo largo de toda Latino América, el movimiento de mujeres y lgtttbiqp se encuentra en condiciones de mayor coordinación y confluencia a nivel local e internacional. Desde las reacciones a nivel estatal y judicial de desfinanciamiento y retroceso, hasta las acciones de violencia de varones hacia mujeres e identidades disidentes, todas son respuestas ante el cuestionamiento social e histórico que se realiza sobre el sistema patriarcal capitalista, un régimen político y económico que a través de la heterosexualidad regula y normativiza las relaciones sociales. A esta violencia organizada, debemos oponer una resistencia antipatriarcal y por el feminismo, para conquistar una sociedad sin ningún tipo de opresión.

Fuente: Organización política La Caldera



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