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16 diciembre 2017 - 13:02
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La dimisión de Hariri: un golpe blando a la manera saudí

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aut_2217Bis1La forma en la que Saad Hariri, primer ministro de Líbano, ha presentado su dimisión sorprende y contradice las normas que dictan cómo han de dimitir presidentes del gobierno. Este hombre presentó su renuncia a través del canal de televisión saudí “Alarabía” y después, se hizo el silencio. Su dimisión desde territorio saudí aparece en medio de una gran campaña de detenciones que incluye príncipes, ministros y hombres de negocios.

Esta campaña, en apariencia al menos, se asemeja a un golpe militar. Y esta renuncia parece como si fuese parte de un golpe político interno saudí. Respecto al destino del primer ministro Hariri es todavía una incógnita rodeada de rumores e interpretaciones.

La dimisión de Harirri, por Al Nayi bayi, alaraby.co.uk

La dimisión, inaudita en su forma, ha mostrado la realidad de la situación política libanesa como un espacio de luchas regionales. Hariri padre fue asesinado cuando se deshizo la alianza entre Arabia Saudí y Siria, lo que afectó también a Líbano. Hariri hijo ha dimitido al llegar la lucha entre Irán y Arabia Saudí a su apogeo, tras las victorias logradas por el eje iraní en la región árabe.

Nos encontramos ante una ecuación libanesa clara y evidente, los líderes suníes son parte interna de la política saudí, y los líderes chiís son el brazo militar y político de Irán. Así mismo, la parcialidad del Movimiento Patriótico Libre con el chiismo político dio un vuelco a la balanza tras la elección de Michel Aoun como presidente, con la intención de que la alianza entre chiís y maronitas pudiese sostener las articulaciones del gobierno libanés, convirtiendo la presidencia del gobierno en un mero espectador incapaz de actuar.

Esta situación no se habría deteriorado si no llega a ser por el éxito del eje iraní en Siria e Irak, y por los tropiezos del eje saudí en Yemen. El vuelco que ha dado la balanza regional se ha reflejado de forma directa en Líbano, lo que indica una desintegración del “14 de marzo” a la hora de hacer frente a Hezbolá. Este giro se ha materializado en el discurso de despedida de la política de Hariri, pronunciado por el líder de Hezbolá la tarde del 5 de noviembre. Mientras que el discurso del vencedor fue interpretado como un discurso sosegado, el discurso de renuncia de Hariri fue tenso e incapaz de dibujar un horizonte político capaz de superar su lenguaje digresivo.

A nadie que haya seguido la situación de Líbano durante el primer año del mandato de Aoun se le escapa que Hezbolá ha pasado de ser miembro de las autoridades libanesas a ser el líder de las mismas. Ni tampoco se le escapa que el secretario general del partido no se comporta como un líder político libanés, sino como líder de la república. Aquí es donde reside la diferencia entre una política confusa y una política planeada con precisión. El liderazgo del oriente árabe, que designó a Arabia Saudí como el sustituto del perdido liderazgo egipcio, con rapidez se desintegró tras deteriorarse la alianza entre Arabia Saudí, Egipto y Siria que controlaba la región. Una ruptura creada por la guerra USamericana contra Irak que rompió la armonía de la región a través de las absurdas intenciones de ocupar Bagdad.

El rasgo general que caracteriza cómo Arabia Saudí ha conducido la región durante las revueltas de la Primavera Árabe es la confusión. De apoyar a Mubarak, a apoyar a Sisi, de competir con Qatar y Turquía por enterrar viva la revolución siria, a ahogarse en las arenas de Yemen. Hasta llegar a la confusión total en Líbano, donde han debilitado el liderazgo suní de Hariri a todos los niveles. Los saudíes apostaron con una debilidad regional clara, debilitándola aún más antes de darle el tiro de gracia de la dimisión.

En un principio, la renuncia fue ubicada en un contexto con probabilidades de una gran crisis por la presión creciente de USA e Israel a Hezbolá e Irán, y todo en medio de un secreto a voces, a saber, la alianza entre los países del golfo e Israel. Además, esta probabilidad que todavía es factible necesita de un clima de recrudecimiento de las sanciones y de bloqueo. Quizás, la retirada de Arabia Saudí de la ecuación libanesa de esta forma haya sido un preámbulo a un duro bloqueo económico al que tendrá que enfrentarse Líbano.

Más tarde, la dimisión fue colocada en un contexto de un interno ajuste de cuentas saudí.

Finalmente, ha sido interpretada como el inicio de la ruptura de la ecuación libanesa y la entrada en un vacío de gobierno. La deteriorada trayectoria de los intereses de los países del golfo en la región ha transformado el acuerdo de Doha en una extensión de los intereses de Hezbolá en todas las esferas de la vida política libanesa, en especial tras la elección de Michel Aoun como presidente.

Estas tres posibilidades son todas factibles, no obstante no justifica el silencio de Hariri ni la manera en la que ha presentado su dimisión. Si su renuncia no es parte de un plan de guerra regional, es un tipo de rendición. Líbano, tras la retirada del ejército sirio, ha pasado de forma paulatina de ser un lugar de atentados a una zona de tiras y aflojas entre Irán y Arabia Saudí. Con el recrudecimiento de esta lucha, el poder se ha convertido en el terreno para los evidentes intereses que ya no tienen en cuenta las formalidades de la constitución. Del persistente sabotaje a la elección de un presidente para la república, pasando por declaraciones del presidente iraní, a la dimisión saudí de la presidencia del gobierno.

Nos hayamos ante dos realidades:

La primera es el fracaso de las dos facciones dominantes, sunna y chía, en la construcción de un quórum político, incluso tras la entrada del maronitismo político en la ecuación. Convirtiéndose por un lado en un juego de cuotas, de saqueo y de confiscación, y por otro en el marco del desarrollo de la única fuerza armada del país, en manos de Hezbolá, convertida en el ejército más poderoso de Líbano.

La segunda es el golpe silencioso que ha dado Hezbolá, el que gobierna hoy de facto en Líbano, y a través de él, Irán se ha convertido en la fuerza que controla la política libanesa.

La dimisión de Hariri, a pesar de su repugnancia, o quizás por ello, ha anunciado la rendición total de Líbano ante Hezbolá. Ya no hay ni la más mínima duda de que el poder creciente de este partido ha ocupado el lugar del presidente del gobierno, quien se supone, según la constitución confesionalista, que debe ser suní en el equilibrio libanés.

El primer ministro dimite y deja un poder que ya no posee, entregándole todo a su rival iraní, esta es la forma provisional que tiene la ecuación libanesa. Ya no hay lugar para la duda, el acuerdo presidencial ha fracasado, porque la tensión entre ambas partes, Arabia Saudí e Irán, ha llegado a uno de sus puntos más álgidos.

La panda que ha gobernado Líbano desde el final de la guerra civil ha demostrado que es una fuerza incapaz de construir un país, colocando a Líbano ante dos opciones, o estar al servicio de Arabia Saudí o estar al servicio de Irán. Ambas opciones implican que Líbano no significa nada.

Líbano necesita recomponerse y construir un nuevo significado, lejos de las estructuras de un gobierno al servicio de una potencia exterior. Y a la espera de que esto suceda, una espera que puede ser larga, Líbano ha caído en las garras de Irán. Esto es un desastre, a no ser que otra catástrofe aún mayor tenga lugar con una incursión salvaje de Israel.

Una dimisión que declara que estamos ante un país tutelado por alfaquís, esperando lo que por un lado no deseamos o lo que por otro somos incapaces de crear.

Elias Khoury إلياس خوري 

Original: استقالة الحريري والانقلاب الزاحف

Traduit par Ana Abarquero

Fuente:Tlaxcala, 18 de noviembre de 2017

Artículos de Elias Khoury publicados por La Pluma



Palabras clave:Saad Hariri  Líbano  Arabia saudí  Irán  Hezbolá  Elias Khoury  

Actualizado ( Martes, 21 de Noviembre de 2017 17:26 )  

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