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Palabras, palabras, palabras

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Imagine que estalla una guerra entre Israel y Jordania. En dos o tres días el ejército israelí ocupa todo el territorio del Reino Hachemita. ¿Cuál será el primer acto de la autoridad responsable de la ocupación?

¿Establecer un asentamiento en Petra? ¿Expropiar las tierras cercanas a Áqaba?

No. Lo primero será decretar que el territorio se llamará a partir de ese momento “Galaad y Moab”.

 

A todos los medios de comunicación se les ordenará que utilicen el nombre bíblico. Todos los documentos del gobierno y de los tribunales lo adoptarán. A excepción de la izquierda radical, nadie mencionará ya el nombre de Jordania. Todas las solicitudes de los habitantes irán dirigidas al Gobierno Militar de Galaad y Moab.

¿Por qué? Porque la anexión comienza con las palabras.

Las palabras expresan ideas. Las palabras implantan conceptos en las mentes de sus oyentes y hablantes. Una vez que han sido impuestas de manera firme, viene a continuación todo lo demás.

Los escritores de la Biblia ya sabían esto. Nos enseñaron que “la muerte y la vida están en el poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto.” (Proverbios 18:21). ¿Durante cuántos años hemos estado comiendo el fruto de “Judea y Samaria”?

Cuando Vladimir Putin restauró la semana pasada el antiguo nombre de “Nueva Rusia” al territorio de Ucrania oriental, no era sólo un cambio semántico. Era una reivindicación para la anexión, más poderosa que una salva de cañonazos.

Hace poco escuché un discurso de un político de izquierdas y me sentó mal cuando ella habló largo y tendido acerca de su lucha por un “acuerdo político” con los palestinos.

Cuando le llamé la atención, ella se disculpó. Fue un lapsus. No había querido decirlo de esa manera.

En la política israelí la palabra “paz” se ha convertido en veneno. “Acuerdo político” es el término de moda. Se pretende que signifique lo mismo. Pero desde luego, no significa lo mismo.

“Paz” significa mucho más que el final formal de la guerra. Contiene elementos de reconciliación, de algo espiritual. En hebreo y árabe shalom/salaam hacen referencia a bienestar, seguridad y sirven de saludo. “Acuerdo político” no significa nada más que un documento elaborado por abogados y firmado por políticos.

La Paz de Westfalia puso fin a 30 años de guerra y cambió la vida de Europa. Uno puede preguntarse si un “acuerdo político de Westfalia” habría tenido el mismo efecto.

La Biblia nos manda: “Busca y persigue la paz.” (Salmos 34:14). No dice “Busca y persigue un acuerdo político.”

Cuando la izquierda israelí abandona el término paz, no es una retirada táctica. Es una derrota. La paz es una visión, un ideal político, un mandamiento religioso, una idea inspiradora. Un acuerdo político es un tema de debate.

La paz no es la única víctima del terrorismo semántico. La otra es, por supuesto, Cisjordania.

Desde hace mucho tiempo, el gobierno ordenó a todos los canales de televisión no utilizar este término. La mayoría de los periodistas en los medios de comunicación escritos también marchan al mismo compás. La llaman “Judea y Samaria”.

“Judea y Samaria” significa que el territorio pertenece a Israel, incluso si la anexión oficial se retrasa por razones políticas. “Cisjordania” significa que se trata de un territorio ocupado.

Por sí mismo, no hay nada sagrado en el término “Cisjordania”, que fue adoptado por el gobernante de Jordania cuando incorporó ilegalmente la zona a su reino recientemente ampliado. Esto se hizo en connivencia secreta con David Ben-Gurion, el primer ministro de Israel, que quería borrar el nombre “Palestina” del mapa. La base jurídica fue una conferencia falsa de “notables” palestinos en Jericó.

El rey Abdalá de Jordania dividió su feudo en Transjordania y Cisjordania.

Entonces, ¿por qué insistimos en usar este término? Porque significa que no es una parte de Israel, sino tierras árabes que pertenecerán, al igual que la Franja de Gaza, al Estado de Palestina cuando se logre la paz (perdón, un acuerdo político).

Hasta ahora, la batalla semántica continúa sin resolverse. La mayoría de los israelíes hablan de “Cisjordania”. “Judea y Samaria” no ha traspasado, en el lenguaje común, el reino de los colonos.

Los colonos, por supuesto, están sometidos a una batalla semántica similar.

En hebreo hay dos términos: mitnahalim y mityashvim. En esencia, significan lo mismo. Sin embargo, en el uso común, la gente usa mitnahalim cuando se refieren a los colonos en los territorios ocupados y mityashvim cuando hablan de los colonos en Israel propiamente dicha.

La batalla entre estas dos palabras ocurre diariamente. Es una lucha a favor o en contra de la legitimidad del asentamiento más allá de la Línea Verde. Hasta ahora, nuestro lado parece llevar ventaja. La distinción se mantiene intacta. Si alguien utiliza el término mityashvim, se identificaría de forma automática con la derecha política.

La propia Línea Verde es, por supuesto, un concepto de izquierdas. Hace una clara distinción entre Israel propiamente dicho y los territorios ocupados. El color proviene del hecho de que esta frontera (en realidad, es la línea de armisticio de 1949) siempre ha estado marcada en los mapas en color verde. Hasta…

Hasta que el (izquierdista) ministro de Trabajo, Yigal Alon, decretó que desde ese momento en adelante la Línea Verde ya no se marcaría en ningún mapa. Conforme a una antigua ley que data del Mandato británico, el gobierno posee los derechos de autor de todos los mapas impresos en el país, y el ministro de Trabajo fue el que se encargó de ello.

Esto se mantuvo así hasta que Gush Shalom demandó al gobierno en el Tribunal Supremo. Nuestro argumento era que, dado que en los dos lados de esta línea se aplican diferentes leyes, los ciudadanos deben tener un mapa que les muestre qué ley tienen que obedecer en un lugar determinado. El ministerio lo aceptó y prometió al tribunal que iba a imprimir mapas con la Línea Verde marcada.

A falta de una alternativa, todos los israelíes utilizan el término “Línea Verde”. Puesto que los derechistas no reconocen esta línea en absoluto, no han inventado una palabra alternativa. Durante algún tiempo usaron el término “Línea de Costura”, pero éste no se popularizó.

¿Una línea entre qué? Al comienzo de la ocupación se planteó la cuestión de cómo llamar a las áreas recién conquistadas.

Nosotros, los del campo de la paz, las llamamos, por supuesto, “territorios ocupados”. La derecha las llamó “territorios liberados” y lanzó la consigna de “los territorios liberados no serán devueltos”, una rima pegadiza en hebreo. El gobierno las llamó “territorios administrados” y posteriormente “territorios en disputa”.

El público en general simplemente se decidió por “los territorios”; y ese es el término que utiliza hoy en día todo aquel que no tiene interés en mostrar sus convicciones políticas cada vez que se mencionan estas áreas.

Se plantea así la cuestión del muro.

Cuando el gobierno decidió crear una barrera física entre Israel y los territorios ocupados (en parte por la expansión, en parte por razones reales de seguridad) era necesario un nombre. Está construida principalmente en tierra ocupada, anexionando en la práctica grandes áreas. Se trata de una valla en zonas abiertas, un muro en los núcleos urbanos. Así que simplemente la llamamos “el muro” o “la valla” y empezamos a manifestarnos semanalmente.

El “muro/valla” se volvió odioso por todo el mundo. Así que el ejército buscó un término que no sonara ideológico y eligió “obstáculo de separación”. Sin embargo, de momento este término sólo aparece en los documentos oficiales.

Los colonos, por supuesto, están sometidos a una batalla semántica similar.

En hebreo hay dos términos: mitnahalim y mityashvim. En esencia, significan lo mismo. Sin embargo, en el uso común, la gente usa mitnahalim cuando se refieren a los colonos en los territorios ocupados y mityashvim cuando hablan de los colonos en Israel propiamente dicha.

La batalla entre estas dos palabras ocurre diariamente. Es una lucha a favor o en contra de la legitimidad del asentamiento más allá de la Línea Verde. Hasta ahora, nuestro lado parece llevar ventaja. La distinción se mantiene intacta. Si alguien utiliza el término mityashvim, se identificaría de forma automática con la derecha política.

La propia Línea Verde es, por supuesto, un concepto de izquierdas. Hace una clara distinción entre Israel propiamente dicho y los territorios ocupados. El color proviene del hecho de que esta frontera (en realidad, es la línea de armisticio de 1949) siempre ha estado marcada en los mapas en color verde. Hasta…

Hasta que el (izquierdista) ministro de Trabajo, Yigal Alon, decretó que desde ese momento en adelante la Línea Verde ya no se marcaría en ningún mapa. Conforme a una antigua ley que data del Mandato británico, el gobierno posee los derechos de autor de todos los mapas impresos en el país, y el ministro de Trabajo fue el que se encargó de ello.

Esto se mantuvo así hasta que Gush Shalom demandó al gobierno en el Tribunal Supremo. Nuestro argumento era que, dado que en los dos lados de esta línea se aplican diferentes leyes, los ciudadanos deben tener un mapa que les muestre qué ley tienen que obedecer en un lugar determinado. El ministerio lo aceptó y prometió al tribunal que iba a imprimir mapas con la Línea Verde marcada.

A falta de una alternativa, todos los israelíes utilizan el término “Línea Verde”. Puesto que los derechistas no reconocen esta línea en absoluto, no han inventado una palabra alternativa. Durante algún tiempo usaron el término “Línea de Costura”, pero éste no se popularizó.

¿Una línea entre qué? Al comienzo de la ocupación se planteó la cuestión de cómo llamar a las áreas recién conquistadas.

Nosotros, los del campo de la paz, las llamamos, por supuesto, “territorios ocupados”. La derecha las llamó “territorios liberados” y lanzó la consigna de “los territorios liberados no serán devueltos”, una rima pegadiza en hebreo. El gobierno las llamó “territorios administrados” y posteriormente “territorios en disputa”.

El público en general simplemente se decidió por “los territorios”; y ese es el término que utiliza hoy en día todo aquel que no tiene interés en mostrar sus convicciones políticas cada vez que se mencionan estas áreas.

Se plantea así la cuestión del muro.

Cuando el gobierno decidió crear una barrera física entre Israel y los territorios ocupados (en parte por la expansión, en parte por razones reales de seguridad) era necesario un nombre. Está construida principalmente en tierra ocupada, anexionando en la práctica grandes áreas. Se trata de una valla en zonas abiertas, un muro en los núcleos urbanos. Así que simplemente la llamamos “el muro” o “la valla” y empezamos a manifestarnos semanalmente.

El “muro/valla” se volvió odioso por todo el mundo. Así que el ejército buscó un término que no sonara ideológico y eligió “obstáculo de separación”. Sin embargo, de momento este término sólo aparece en los documentos oficiales.

Uri Avnery אורי אבנרי

Original: Words, Words, Words

Traducido por Fátima Hernández Lamela

Traductions disponibles : Deutsch  Français 

Fuente : Tlaxcala, 1 de mayo de 2014

 

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Palabras clave:Uri Avnery  Glosario sionista  Palabras tabú  Palabras kasher  Palestina  Israel  Terrorismo semántico  

 

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