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Las máscaras de la CIA

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Hector BernardoBisPrimera parte

En sus últimos discursos, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, denunció el rol de las ONG como parte de la política intervencionista de EE.UU. Su financiamiento, su participación en los golpes de Estado y sus vínculos con la derecha regional.

En la Cumbre de las Américas llevada adelante en Panamá a principio de 2015, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, hizo referencia a la histórica política intervencionista de Estados Unidos en la región.

En respuesta a algunas de las declaraciones que había hecho el presidente Barack Obama durante su alocución, la presidenta argentina aseguró: “Es cierto que las interferencias que recordamos y a las que hizo mención, por ejemplo, el presidente Castro, derrocamientos de gobiernos democráticos, tal vez los más emblemáticos los de Salvador Allende y Jacobo Árbenz, forman parte de la historia, de invasiones o de la tercerización de los golpes a través de las Fuerzas Armadas locales de cada país. Pero también es cierto que han surgido nuevas formas más sutiles de intervención e influencia en nuestros gobiernos a través de lo que se conoce como ‘los golpes suaves’. Golpes suaves donde se utilizan medios masivos de comunicación multinacionales, denuncias falsas, asociaciones caprichosas de Estados con otros Estados para hacer no sé qué cosas y conspiraciones. Son más sutiles, son más sofisticadas, pero no por ello dejan de ser intervenciones y siempre encuentran su origen en nuevas organizaciones bajo el nombre de ONG [...] ONG que siempre luchan o por la libertad o por los derechos humanos o por todas las cosas loables que todos compartimos, que nunca se sabe de dónde se financian, que siempre están dispuestas a hacer las denuncias más esotéricas, que nunca pueden comprobarlas, pero que apuntan claramente a la desestabilización de los gobiernos de la región y, fundamentalmente, de aquellos gobiernos, curiosamente, que más han hecho por la equidad, por la educación y por la inclusión social”.

Luego de su discurso y en conferencia de prensa, la mandataria volvió a remarcar: “Hay otras formas de intervención más sutiles y sofisticadas, bajo la forma de ONG que nadie sabe de dónde vienen ni quienes la financian, pero luego se descubre que tienen reuniones secretas en algunas Embajadas”.

No fue ni la primera ni la última vez que la presidenta argentina hizo mención al rol que cumplen estas entidades en la región. La proliferación de Fundaciones y Organizaciones no Gubernamentales (ONG) merece ser estudiada y analizada en profundidad.

Durante la década neoliberal, mientras las derechas regionales impulsaban el achicamiento del Estado, comenzaban a multiplicarse este tipo de instituciones que intentaban ocupar el lugar que quedaba vacante.

Muchas de estas organizaciones tenían –y tienen– la mejor de las intenciones y desarrollan una tarea loable. Pero otras son sólo la punta de lanza de la política intervencionista norteamericana. En muchos casos se trata de simples fachadas para canalizar fondos hacia los sectores más reaccionarios de la oposición, fomentar la intervención en la sociedad civil con la intención de desestabilizar los procesos populares, generar el desprestigio de los mandatarios que no se alinean con Washington, y han llegado al extremo de fomentar y financiar golpes de Estado.

Represores de las últimas dictaduras, partidos de derecha, paramilitares, medios de comunicación, la CIA y los fondos buitres, todos ocultos detrás de nombres que reivindican los mejores valores de la humanidad, pero que nada tienen que ver con su verdadero accionar.

Los casos de Bolivia, Ecuador, Cuba, Nicaragua, Venezuela y, por supuesto, Argentina, merecen desglosarse detalladamente y ver cómo existe un mismo patrón que los engloba. Pero, primero, es necesario entender el origen de esta forma de intervencionismo en la región.

La punta del ovillo

Para el Gobierno de Estados Unidos, América Latina y el Caribe siempre han sido su patio trasero. Con la intención de controlar ese territorio al sur del Río Bravo, los sucesivos gobiernos norteamericanos han impulsado golpes de Estado, bloqueos económicos, presión a través de los organismo multinacionales de crédito, financiamiento de mercenarios y grupos terroristas, intentos de magnicidios y, en algunos casos, invasiones directas (la última, pero no la única, en 1989 en Panamá).

Si bien el gobierno estadounidense no ha abandonado ninguna de estas prácticas, en el último tiempo ha incrementado su trabajo en otra área, las ONG. Como bien señala la investigadora venezolana-norteamericana Eva Golinger, para su política exterior Estados Unidos tiene tres herramientas: el Departamento de Estado, que es la herramienta diplomática; el Pentágono, que es la herramienta militar; y dos entidades que por momentos funcionan en conjunto y en otras ocasiones de forma autónoma: la USAID y la NED, que conforman la herramienta de intervención en la sociedad civil.

En 1961, el presidente demócrata, John Fitzgerald Kennedy, creó la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, conocida mundialmente como USAID por sus siglas en inglés (United States Agency for International Development).

Veintidós años después, en 1983, el presidente republicano, Ronald Reagan, dio origen a la Fundación Nacional para la Democracia, conocida como NED (National Endowment for Democracy).

Si bien se supone que el rol de estas entidades es fomentar la democracia y el desarrollo, en la práctica han demostrado ser un mero instrumento de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

La participación de la NED, la USAID y sus ONG en los fallidos golpes de Estado contra los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez (2002), de Bolivia, Evo Morales (2008), y de Ecuador, Rafael Correa (2010). Los golpes concretados contra el presidente de Paraguay, Fernando Lugo (2012), y de Honduras, Manuel Zelaya (2009). El rol que jugaron en Nicaragua contra el sandinismo y en Cuba (uno de los últimos casos, más resonante conocido como el Zunzuneo).

También es conocido el vínculo que en Argentina de estas organizaciones tienen con la Fundación Libertad, Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL), el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), la Fundación Vital Voice, la Fundación Pensar y varios de los referentes de la política local como Mauricio Macri, Laura Alonso y Patricia Burllich.

La participación directa y a veces velada de la Embajada norteamericana expuesta a través de los Wikileaks y todos puntos de una trama compleja que es necesario analizar minuciosamente para poder entender cómo funcionan algunas ONG y, en definitiva, cómo se construyen las máscaras de la CIA.

Segunda parte

El rol de las ONG, la USAID y NED en los intentos desestabilizadores en Nicaragua y Cuba. El pedido de una oposición unida.

Como sucede con los vínculos entre las personas, las relaciones entre los países están mediadas por leyes. En el derecho internacional, una de las normas esenciales para la buena convivencia entre las naciones es el principio de no intervención. Esta doctrina indica que no se puede influir –de manera directa o indirecta– en los asuntos internos de otros Estados, con el fin de afectar su voluntad y obtener su subordinación. Sin embargo, al no poder hacerlo de manera abierta, el gobierno de Estados Unidos ha estructurado una red de fundaciones y Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que sirve de mascarada para llevar adelante políticas injerencistas.

En América Latina y el Caribe, los ejemplos de este tipo de prácticas son numerosos. Los golpes de Estado contra los presidentes de Honduras, Manuel Zelaya, de Paraguay, Fernando Lugo, y de Venezuela, Hugo Chávez, en los levantamientos contra los gobiernos de Evo Morales, en Bolivia, y Rafael Correa, en Ecuador, y en los constantes intentos desestabilizadores en Argentina, Brasil y Venezuela contra los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, Dilma Rousseff y Nicolás Maduro.

Todos estos casos merecen ser analizados en profundidad. Dos ejemplos para empezar el recorrido son Nicaragua y Cuba.

Nicaragua Cuando la revolución sandinista triunfó en Nicaragua, en 1979, el gobierno de Estados Unidos vio que muchos de sus fantasmas sobre el avance del socialismo en la región seguían vigentes. Con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca, el ataque contra el gobierno sandinista comenzó a tomar más fuerza.

En 1983, el Congreso norteamericano creó la Fundación Nacional para la Democracia, conocida por sus siglas en inglés como NED (National Endowment for Democracy). Desde esta entidad, el gobierno de ese país comenzó a canalizar dinero hacia los sectores de la oposición, los medios de comunicación de derecha y todos los que intentaban desestabilizar al gobierno nicaragüense.

Los primeros ataques no pudieron evitar que el sandinismo ganara las elecciones de 1984. Desde ese momento, el gobierno de Estados Unidos profundizó la estrategia de desestabilización.

A través de la NED y sus entidades satélites –el Instituto Demócrata Nacional (NDI), el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Centro de Empresas Privadas Internacional (CIPE) y el Instituto de Sindicatos Libres–, la CIA canalizó dinero para la oposición nicaragüense.

Desde ese momento, desde Washington se comenzó a presionar a la oposición para que se uniera contra el gobierno sandinista y lo enfrentara en una sola fórmula en las siguientes elecciones. Los dólares de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) llegaron para alimentar a los medios opositores, como el periódico La Prensa. La presión del dinero consiguió concretar la estrategia de unificación y se creó la Coordinadora Democrática Nicaragüense (CDN).

A través de la CDN –que agrupaba a partidos políticos, movimientos sociales, sectores empresariales y sindicatos de la oposición– se consiguió que catorce partidos políticos se unificaran en la Unión Nacional Opositora (UNO), que llevaría como candidata a la presidencia de Nicaragua a Violeta Chamorro, justamente, dueña de La Prensa.

Millones de dólares de inversión y una guerra de desgaste constante contra el pueblo y el gobierno de Nicaragua lograron el objetivo de Washington: en 1990, Chamorro se consagró presidenta, el sandinismo debió abandonar el poder y Nicaragua se sumergió en una etapa neoliberal de la cual sólo pudo salir diecisiete años después.

Cuba

Por su parte, la mayor de la Antillas corrió distinta suerte. A pesar de que los gobiernos de Estados Unidos han usado todos sus recursos para atacar al gobierno cubano, es hasta el día de hoy que no han podido doblegarlo.

Entre los múltiples organismos utilizados para agredir a la isla está la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Uno de los casos recientes de agresión a través de esta entidad fue el conocido como ZunZuneo.

Según denunció la agencia de noticias norteamericana Associated Press (AP), desde 2010 hasta 2012 la USAID intentó implementar en las redes de celulares cubanos un programa llamado ZunZuneo, red social similar a Twitter.

Mediante el ZunZuneo se pretendía hacer circular por la red de celulares de los jóvenes cubanos contenidos sobre deporte y espectáculos para captar gran cantidad de usuarios. El paso siguiente era empezar a insertar mensajes de disconformidad con la situación política y social de la isla.

De esta manera se intentaba generar en la sociedad cubana movimientos similares a los que hoy se conocen con el nombre de “Primaveras árabes”. Al fomentar manifestaciones que mostraran algún tipo de descontento con el gobierno y luego desembocaran en revueltas violentas, se pretendía preparar el terreno para justifica una intervención directa del gobierno norteamericano.

Según informó la agencia de noticias española EFE, esta red social “llegó a tener unos 40 mil usuarios que compartían a través de sus mensajes contenido no controvertido sobre fútbol y música”.

En la implementación de este programa, la USAID no sólo violó la soberanía y las leyes de Cuba, también las de España, Irlanda, Costa Rica, Nicaragua e incluso las del propio Estados Unidos.

Para el financiamiento y la ejecución del programa se emplearon empresas que le servían de fachada y cuentas bancarias fantasmas mediante las cuales canalizaban los fondos. Según la denuncia de la agencia AP, el propio Congreso de Estados Unidos desconocía el verdadero fin de esos fondos, ya que se utilizaban –entre otros– partidas presupuestarias destinadas a Pakistán.

El periodista cubano del diario Granma, Sergio Alejandro Gómez, denunció que “el grupo de contratistas instaló servidores en España, Irlanda y las Islas Caimán para procesar los textos, y contrató a una empresa española llamada Lleida.net para enviar a Cuba los mensajes sin su información de identificación”.

En tanto, la agencia EFE informó que la representante demócrata Bárbara Lee calificó de escandaloso el hecho de que la USAID utilice a contratistas en proyectos que violan las leyes de otros países.

Nicaragua, Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Brasil y Argentina. Golpes de Estado, desestabilizaciones, levantamientos policiales y complots mediáticos. La CIA, la USAID, la NED y la red de ONG. Los mismos actores, los mismos métodos, las mismas intenciones vedadas. En definitiva, las mismas máscaras. Las máscaras de la CIA.

Tercera parte

Los vínculos de las ONG del PRO con los brazos de la Agencia de Inteligencia estadounidense, Fondos Buitres y represores de la última dictadura militar.

Es difícil creer que detrás de consignas como desarrollo, democracia, libertad, equidad y crecimiento, puedan esconderse represores de la última dictadura militar, especuladores financieros y organizaciones vinculadas a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). Sin embargo, como en el resto de América Latina, en Argentina cientos de ONGs utilizan estos conceptos para esconder sus verdaderas intenciones. La política injerencista y el fomento y financiamiento de las derechas más reaccionarias suelen ser las intenciones que se evidencian cuando comienza a correrse el velo. El rol de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) como herramientas del intervencionismo norteamericano, ha sido ampliamente demostrado.

En el libro “Evo en la mira: CIA y DEA en Bolivia”, la periodista Stella Calloni señala que “la mayoría de la figuras históricas de las acciones clandestinas de la CIA han sido en algún momento miembros del Consejo de Administrativo o de la dirección de la NED, entre ellos Otto Reich, John Negroponte, Henri Cisneros o Elliot Abrams”.

Los vínculos de la NED y la USAID con entidades argentinas son números. Entre estas organizaciones se puede señalar: el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL), la Fundación Libertad, Crecer y Crecer (antecesora de la Fundación Pensar, del PRO), el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), el partido Unión por Todos de Patricia Bullrich (vinculado al grupo UnoAmérica) y la fundación Voces Vitales de la diputada macrista Laura Alonso (entidad vinculada al fondo Buitre del Paul Singer).

Tal vez, de todas estas organizaciones la que más se ha puesto en evidencia sus intenciones es la Fundación Libertad. Esta entidad ha logrado convocar en sus encuentros a figuras de la derecha internacional de la talla del escritor peruano Mario Vargas Llosa, el filósofo español Fernando Savater y el expresidente de España José María Aznar. Los ataques que en estos encuentros se realizan contra los procesos populares de la región son permanentes. Allí no dudan en tachar a todos estos gobiernos de “dictaduras” y dar su apoyo a los candidatos de la extrema derecha.

Cabe destacar que, como bien manifiesta en sus investigaciones la abogada y periodista Eva Golinger, en el año 1984 el Congreso de los Estados Unidos creo cuatro instituciones vinculadas a la NED: “El Instituto Republicano Internacional (IRI), el Instituto Demócrata Nacional (NDI), dos brazos de los partidos de Estados Unidos, el Centro para la Empresa Privada (CIPE), para trabajar con los empresarios, y el Centro de Solidaridad con los Sindicatos. Para así llegar a partidos políticos de ‘izquierda’, derecha, empresarios y trabajadores sindicalistas. Cubriendo una parte importante de la sociedad, del pueblo”.

En este contexto, no sorprende el vínculo que sectores de la derecha argentina tienen con la NED o con algunas de las instituciones vinculadas a ella. Un claro ejemplo es la relación que el PRO tiene hace años con el Instituto Republicano Internacional (IRI). Según señala el periodista Santiago O’Donell en su libro “Argenleaks”, en el año 2007 el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires – y actual presidente electo por Cambiemos-, Mauricio Macri, mantuvo una reunión con miembros de la Embajada de Estados Unidos en Argentina.

En aquel encuentro, además de señalar que el PRO era “el primer partido pro mercado y pro negocios en cerca de 80 años de historia argentina” que estaba listo para asumir el poder, Macri -según se detalla en el cable enviado por el cónsul político estadounidense, Mike Matera, – aseguró que su fundación, Crecer y Crecer, trabajaba “con el Instituto Republicano de Estados Unidos (y también con la fundación Konrad Adenauer de Alemania) en la formación de nuevos liderazgos”.

Cabe recordar que la fundación Crecer y Crecer fue creada por Mauricio Macri en 2001, que allí se sentaron las bases para fundar el partido Compromiso para el Cambio, que en el año 2005 se fusionó con el partido Recrear Argentina, liderado por Ricardo López Murphy (estrechamente ligado a la Fundación Libertad), fusión con la que se dio surgimiento al partido Propuesta Republicana (PRO).

Otras ONG vinculadas a dos miembros del PRO, han mostrado tener vínculos estrechos con la NED o con Fondos Buitres. Los casos de las diputadas Laura Alonso y Patricia Brullrich son dos ejemplos claros.

Varios medios han denunciado que la fundación Vital Voices, vinculada a Laura Alonso, recibía fondos del Fondo Buitre de Paul Singer. En un artículo titulado “Fondo buitre financió el premio Nisman coraje”, el diario Tiempo Argentino señala que “a comienzos de 2013 se conoció que Paul Singer era uno de los financistas que colaboraban con la fundación estadounidense Vital Voices, cuya filial argentina fue fundada por la diputada del PRO Laura Alonso”.

Por su lado, el partido Unión por Todos, de la diputada Patricia Bullrich, tiene estrechos vínculos con la fundación UnoAmérica, organización que recibe fondos de la NED y que se ha dedicado a atacar a todos los procesos populares de la región.

Otro dato no menor es que Julio Cirino fue uno de los referentes de la Fundación Pensar, autodenominada la “Usina de ideas de PRO”. Cirino fue procesado por la Sala II de la Cámara Federal acusado de haber sido integrante del Batallón 601, bajo el alias de “Jorge Contreras”, y en esa función haber estado involucrado en la desaparición de militantes del grupo Montoneros.

Según asegura un artículo titulado “Del think tank del PRO a la prisión”, publicado el 22 de febrero de 2013 en el matutino Página/12: “La Secretaría de Derechos Humanos informó en la causa que Jorge Contreras era en realidad ‘el Gordo’ Cirino, quien dirigió durante la dictadura el Grupo de Tareas 7 de la Central de Reunión de Información (CRI) del 601. Página/12 informó en 2008 que Cirino había sido uno de los referentes de la Fundación Pensar, ligada al macrismo. Según los anuarios de Pensar, Cirino recibió en su nombre al embajador de Colombia y participó de un seminario sobre ‘delincuencia, minoridad y violencia’ en Mar del Plata y de un panel sobre ‘seguridad’ junto al ex jefe de la Policía Metropolitana Eugenio Burzaco y el falso ingeniero Juan Carlos Blumberg”.

En el artículo de Página/12 también se señala que, según un cable desclasificado del Departamento de Estado de Estados Unidos, Cirino tenía estrechos vínculos con la Embajada norteamericana y fue designado secretario en la Embajada argentina en Washington.

Estos son sólo algunos ejemplos de fundaciones, partidos políticos y ONGs con nombres muy altruistas que esconden entre sus filas a represores, representantes de fondos buitres y los tentáculos de las agencias de inteligencia. Cuando las máscaras se caen detrás se ve con claridad el sello de la CIA.

Héctor Bernardo para la Pluma, 1 de noviembre de 2015

@bernardohector

Héctor Bernardo: Periodista y docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina UNLP. Actualmente jefe de redacción de la revista 2016.Colaborador de La Pluma.

 

Argentina: Las manos de la CIA en el debate presidencial

Plan Buitre mediático


Palabras clave:América Latina y del Caribe  Abya Yala  USA  Ronald Reagan  máscaras  CIA  DEA  USAID  NED  red de ONG  PRO  Golpes de Estado  desestabilizaciones  levantamientos policiales  complots mediáticos  fondos buitres  Mauricio Macri  Laura Alonso  Patricia Burllich  ZunZuneo. Héctor Bernardo  

Actualizado ( Martes, 08 de Diciembre de 2015 22:26 )  

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