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Brasil amplia metas climáticas, pero frustra a ambientalistas

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Mario OsavaBis El programa de Brasil en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), que provocan el calentamiento del planeta,  dejó insatisfechos a los ambientalistas por su falta de ambición en aspectos clave.

Los pastizales sustituyeron a los bosques amazónicos en Brasil Novo, un municipio de la cuenca del río Xingú, donde se construye la gigantesca central hidroeléctrica de Belo Monte. La ganadería de baja productividad, con uno a dos animales por hectárea, es el gran factor de la deforestación y la degradación del suelo en la región y la meta del gobierno es recuperar solo un cuarto del área degradada por esta actividad. Crédito: Mario Osava/IPS

Los pastizales sustituyeron a los bosques amazónicos en Brasil Novo, un municipio de la cuenca del río Xingú, donde se construye la gigantesca central hidroeléctrica de Belo Monte. La ganadería de baja productividad, con uno a dos animales por hectárea, es el gran factor de la deforestación y la degradación del suelo en la región y la meta del gobierno es recuperar solo un cuarto del área degradada por esta actividad. Crédito: Mario Osava/IPS

“Es loable la decisión de presentar metas absolutas de reducción, pero ellas podrían ser mejores y más ambiciosas, en beneficio del propio país y de las negociaciones mundiales sobre cambio climático”, dijo André Ferretti, coordinador general del Observatorio del Clima, una red de 37 organizaciones ambientales.

La presidenta Dilma Rousseff anunció el 27 de septiembre en Nueva York, durante la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que la meta brasileña es reducir las emisiones nacionales de los GEI en 37 por ciento hasta 2025 y 43 por ciento hasta 2030,  con respecto a 2005.

“La mayor debilidad del compromiso brasileño está en la cuestión forestal. Es algo vejatorio prometer el fin de la deforestación ilegal para 2030, admitiendo que se tolerará la ilegalidad por década y media”: André Ferretti.

Esa es la contribución  prevista y determinada a nivel nacional (INDC, en inglés) que Brasil aportará para mantener el incremento la temperatura del planeta por debajo de los dos grados centígrados en este siglo, el tope que los expertos establecen para evitar una catástrofe climática.

Cada tenía hasta este 1 de octubre plazo para presentar su INDC, para ser incorporado al nuevo tratado universal y vinculante que debe aprobarse en la 21 Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que se realizará en París entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre.

Para cumplir las metas, Brasil tendrá en 2030 por lo menos 45 por ciento de su energía generada por fuentes renovables, incluyendo las hidroeléctricas. El promedio mundial es de solo 13 por ciento,  comparó la presidenta brasileña.

Las fuentes alternativas, como centrales eólicas y solares, biomasa y etanol responderán por 23 por ciento de la matriz eléctrica, contra el actual nueve por ciento.

Además se buscará eliminar la deforestación ilegal en la Amazonia y compensar las emisiones provenientes de la vegetación eliminada con permiso de la ley brasileña.

Reforestar 12 millones de hectáreas y restaurar 15 millones de hectáreas de pastizales degradados son otras metas anunciadas por Rousseff, quien aseguró que Brasil es de los primeros países del Sur en desarrollo en asumir compromisos de reducción absoluta de los GEI, con metas superiores incluso a las de muchos países industrializados.

Otros países ofrecen reducciones con respecto a las emisiones proyectadas a futuro, si se mantienen las actuales condiciones de producción, consumo y crecimiento económico. Brasil, en la COP15, celebrada en 2009 en Copenhague, había prometido reducir sus emisiones de GEI entre 36 y 39 por ciento, con relación a las proyectadas para 2020.

Brasil amplia metas climáticas, pero frustra a ambientalistas

La presidenta Dilma Rousseff anuncia la contribución nacional de Brasil para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta, durante la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sostenible, el 27 de septiembre, en Nueva York. Crédito: ONU/Mark Garten.

Pero las metas de su INDC “siguen inferiores a lo que puede hacer el país y agrega muy poco a lo que ya se hizo”, afirmó Ferreti en diálogo con IPS.

En 2012 las emisiones de GEI ya se habían reducido 41 por ciento en comparación con 2005, debido básicamente a la menor deforestación amazónica, pero aumentaron posteriormente por el mayor uso de combustibles fósiles.

Actualmente, Brasil, el mayor emisor de América Latina, libera anualmente a la atmósfera 1.488 millones de toneladas de GEI.

El liderazgo perdido

El ambientalista Liszt Vieira duda que Brasil pueda recuperar el protagonismo que tuvo en décadas pasadas, al acoger en 1992 la Conferencia de Medio Ambiente y Desarrollo de Río de Janeiro, que produjo las convenciones sobre Cambio Climático, Biodiversidad y Desertificación.

Ese protagonismo se mantuvo en la Conferencia de Johannesburgo 10 años después, cuando el país era el campeón de las energías renovables y ponía a disposición del mundo su conocimiento en la producción del etanol de caña de azúcar y de vehículos impulsados por ese biocombustible.

Pero ya había dejado de ser un actor determinante cuando acogió en 2012 la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, conocida como Río+20.
Los protagonistas actuales, los que decidirán el futuro del clima global, son China, Estados Unidos y Europa, opina Vieira, autor del libro “Ciudadanía y globalización”, sobre la emergencia de una ciudadanía planetaria.

En términos de toneladas, la meta de emisiones brutas para 2030 no difiere mucho de las registradas en 2012, de 1.200 millones de toneladas de dióxido de carbono, según datos del Ministerio de Ciencia y Tecnología.

“La mayor debilidad del compromiso brasileño está en la cuestión forestal. Es algo vejatorio prometer el fin de la deforestación ilegal para 2030, admitiendo que se tolerará la ilegalidad por década y media”, señaló Ferretti, también gerente de Estrategias de Conservación de la Fundación Grupo Boticario.

“Jurídicamente es un contrasentido fijar un plazo tan largo para combatir una actividad ilegal”, añadió a IPS el exdiputado Liszt Vieira, quien presidió el estatal Jardín Botánico de Río de Janeiro durante 10 años.

Además las metas solo se refieren a la Amazonia, omitiendo otros biomas, como el Cerrado, la sabana brasileña que ocupa 203,6 millones de hectáreas, es decir 24 por ciento del territorio nacional, y sufre intensa y creciente deforestación, acotó Ferretti.

“Todo eso refleja el bajo compromiso del gobierno brasileño en ese tema. Brasil podría asumir una meta de deforestación cero hacia 2030, factible porque el país aprendió mucho sobre el tema, dispone de tecnología y tierras ya deforestadas para la expansión agrícola”, evaluó Paulo Barreto, investigador senior del Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonia

“Además atiende el propio interés del país, que depende mucho de las lluvias para su agricultura y energía. Su vulnerabilidad a las sequias se desnudó en la actual crisis hídrica y energética, especialmente en el estado de São Paulo, tras escasas lluvias en los últimos dos años”, acotó en entrevista con IPS.

“Por eso a Brasil le conviene un buen acuerdo climático en París”, para evitar los eventos extremos como las sequías, explicó.

Una meta ambiciosa, como deforestación cero en todo el país, le daría a Brasil condiciones de algún liderazgo en la conferencia, para estimular contribuciones de otros países y la concertación de acuerdos que permitan contener el cambio climático en niveles menos desastrosos, coincidieron Barreto e Vieira.

Hoy se conocen mejor, además, el papel de los bosques en la regularización de las lluvias, especialmente de la Amazonia forestal en el clima sudamericano.

Brasil podría también presentar metas más avanzadas en energías de fuentes alternativas, ampliando sus inversiones en energía eólica y solar, opinó Vieira. En el área energética el país va a contramano, aumentando la generación termoeléctrica con combustibles fósiles y priorizando la producción del petróleo presal, añadió.

Pese a las limitaciones del programa climático brasileño, los ambientalistas consultados por IPS admitieron que el anuncio de Rousseff fue una buena sorpresa.

“Se esperaba algo peor de un gobierno ‘desarrollista’ que encara el ambientalismo como una traba al desarrollo y al crecimiento económico”, comentó Vieira, que participó en ese gobierno hasta 2013, ya que la presidencia del Jardín Botánico es un cargo de confianza del Ministerio de Medio Ambiente.

“Fue un alivio y una frustración la divulgación de las meta”, resumió Ferretti. “Fue malo porque podría ser mejor, tanto en la cuestión forestal como en la energética, con mayor atención a la energía de biomasa y solar”, explicó.

“Y fue bueno porque, además de algunas buenas medidas, como la recuperación de tierras degradadas, se fijaron metas para 2025 y 2030, indicando que serán revisadas cada cinco años y podrán ampliarse, abriendo una puerta de negociación y emulación con otros países”, completó.

Fue positivo también porque Brasil abandonó su posición de defensa inflexible de las “responsabilidades diferenciadas”, eximiendo a los países del Sur en desarrollo de cumplir metas y cobrándolas de los industrializados, por sus emisiones acumuladas de GEI.

Esa separación entre dos bloques favoreció el liderazgo “tercermundista” a algunos países como Brasil, pero trabó las negociaciones, concluyó Ferretti.

Editado por Estrella Gutiérrez

Fuente : IPS,Río de Janeiro, 1 de octubre de 2015

Artículos de Mario Osava publicados por La Pluma :

Misión imposible en Brasil: articular una mayoría política

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Palabras clave:Brasil  Ambiente  América Latina y el Caribe  Cambio climático  Desarrollo sostenible  Globalización  Pobreza  Metas del Milenio  Mario Osava  

Actualizado ( Viernes, 02 de Octubre de 2015 23:00 )  

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