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Sri Lanka: Unos testimonios abrumadores sobre los abusos del microcrédito

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Capture_Eric_Toussaint_Nathan_LegrandEl microcrédito, además de que no permite salir de la pobreza, en muchísimos casos constituye un mecanismo de desposesión y de humillación para los y las que recurren a este sistema. Estando ya hundidos en la precariedad, las personas que entran en el sistema del microcrédito, se hunden un poco más. En el subcontinente indio, el 90 % de estas personas son mujeres. A escala mundial, las mujeres representan el 81 % de la clientela del microcrédito (112 millones de personas).

Grupo de mujeres víctimas del microcrédito reunidas en Negombo el 12 de abril de 2018

A continuación de una serie de reuniones realizadas en Sri Lanka, con víctimas del microcrédito y con militantes que se comprometieron en su defensa, presentamos una serie de casos emblemáticos. Señalemos que no hemos podido encontrar a nadie que hiciera un balance positivo del microcrédito. Contrariamente a la afirmación de que el microcrédito permite una pequeña inversión que constituirá un trampolín hacia la salida de la pobreza y, por ende, el éxito de un emprendimiento, resulta que la mayor parte de las personas que recurren al microcrédito lo hacen para resolver problemas de supervivencia cotidiana. Necesitan el dinero para pagar alquileres o garantías para poder alquilar, gastos ligados a la escolaridad de los niños, a la salud… En Sri Lanka, en la mayoría de los casos los microcréditos se conceden a mujeres que no tienen ninguna fuente de ingresos.

Manbasa tiene unos cincuenta años, su marido trabaja irregularmente y tiene un bajo salario. Su vivienda es de alquiler ya que no pueden acceder a tener una de propiedad. Tuvieron que cambiar de casa en septiembre de 2017. Con el fin de poder, a la vez, pagar el alquiler mensual y los seis meses anticipados que el propietario de la nueva vivienda les pedía como garantía, Manbasa pidió un préstamo de 142.000 rupias (o sea 737 euros) [1] ante el HNB Grameen, especialista en microcréditos. Le debe pagar a ese banco 197.000 rupias (1.023 euros) y por lo tanto, el tipo de interés anual exigido por el banco es del 69 %. Teniendo en cuenta que la tasa de inflación anual fue del 6 % en 2017, se trata de un tipo de interés usurero. [2] Si Manbasa se retarda en el pago, el tipo de interés aumentará mucho, ya que el HNB Grameen reclamará intereses de mora.

Tabla del primer préstamo de Manbasa                  


Manbasa nos explica que firmó el contrato sin leerlo.

Dos meses después de haber contratado ese préstamo, se encontró en dificultades para pagarlo. Su marido solo podía esperar un salario de entre 10.000 y 15.000 rupias por mes. En consecuencia esta mujer, para poder pagar el primer préstamo, volvió a pedir dinero, 75.000 rupias (o sea 389 euros) a la LOLC, otra sociedad financiera especialista en microcréditos. Con esta se comprometió a devolver 95.085 rupias en quince mensualidades de 6.339 rupias. En quince meses, la LOLC habrá cobrado un interés del 37 %, sobre el monto prestado. En este caso, tampoco Manbasa pudo leer el contrato.

Tabla del segundo préstamo de Manbasa

Risana contrató su primer préstamo en 2014. También lo hizo para poder pagar el alquiler de su vivienda así como la garantía de alquiler. No tiene ningún ingreso propio. Como no podía pagarlo, pidió a un usurero local 50.000 rupias en las mismas condiciones draconianas que Manbasa: tiene que pagar 5.000 rupias por mes hasta que pueda reembolsar en una sola vez el capital de 50.000 rupias. Ya hace 18 meses que las paga (o sea ha reembolsado 90.000 rupias) pero todavía no logró reembolsar las 50.000 en un solo pago. Y si no puede, tendrá que seguir pagando 5.000 rupias por mes. El usurero rechaza un reembolso parcial del capital y exige el pago completo. ¡Así que seguirá recibiendo 5.000 rupias por mes como «alquiler» del dinero!

Como Manbasa, Risana contrató otro préstamo ante la LOLC. Esta vez, de 80.000 rupias y se comprometió a devolver 101.430 rupias en 15 mensualidades de 6.762 rupias. La LOLC aplica un interés del 37 % en 15 meses. Risana está muy preocupada ya que no ve el final del túnel.

Tabla del préstamo de Risana

Tandama tiene un poco más de 50 años, su marido tiene 70 y continúa trabajando como jornalero. Su salario varía entre 500 y 600 rupias por día (2,5 a 3 euros por día) cuando tiene «suerte» de ser contratado por su patrón. La pareja tiene 3 niños a su cargo, de los que dos son pequeños que Tandama adoptó por generosidad. Hace 5 años, Tandama tenía un préstamo de un usurero de 200.000 rupias para pagar el alquiler de su vivienda. Fue necesario, nos dice, ya que su marido y su yerno habían tenido un accidente de trabajo y ya no entraba dinero en la casa. El prestamista le exigió un reembolso de 8.000 rupias por mes hasta el momento en que Tandama pudiera pagarle, en una sola vez, las 200.000 rupias que le había prestado. Para pagar esas 200.000 rupias iniciales, multiplicó los pedidos de préstamo ante otros usureros. Actualmente, a pesar de todo lo pagado, Tandama debe todavía cerca de 500.000 rupias. Ella y su familia están en la miseria.

Concilia debió pedir 20.000 rupias, hace tres años ya que su yerno, pescador, estaba herido, y el ingreso de su marido no alcanzaba para pagar el alquiler de la vivienda. Para este primer préstamo de 20.000 rupias, le pidieron una garantía. [3] Esta fue su único collar valioso, con un precio estimado de 40.000 rupias, depositado en el banco. Después, contrató un préstamo de 50.000 rupias ante el Rural Bank, que se presenta como un banco cooperativo. En ese caso, los pagos mensuales correspondían a un reembolso progresivo del capital más los intereses.

Lachica tiene tres niños a su cargo, sufre de artritis aguda. Uno de los niños tiene una enfermedad cardiovascular. Hace dos años, Lachinca tuvo que encontrar urgentemente 22.500 rupias para pagar los gastos médicos del niño, porque no correspondían a la seguridad social. Su marido es pescador y efectúa salidas al mar durante varios días. Cada salida le aporta entre 3.000 y 5.000 rupias, lo que se traduce en un salario mensual muy bajo, y en todo caso insuficiente para pagar la suma recibida en préstamo. Y, además, el alquiler de su vivienda se eleva a 15.000 rupias por mes.

Y continúan los préstamos. Lachinca pidió 125.000 rupias a la sociedad financiera privada Asia Asset que le impuso unas condiciones draconianas. Debe reembolsar 9.500 rupias mensuales durante un año y medio. Eso representa un interés del 42 % sobre el capital prestado. Frente a la incapacidad de reembolsar tales sumas. Asia Asset aceptó disminuir la mensualidad a 5.000 rupias, pero con la condición de reembolsar el préstamo completo en junio de 2017. Lachinca no fue capaz de hacer ese reembolso y dejó de pagar. Desde ese momento, el grupo financiero la acosa sin cesar.

Pero para prestarle las 125.000 rupias, Asia Asset le había pedido, como es frecuente en estos microcréditos, que 5 vecinos se constituyeran como aval. Eso le permitió a Asia Asset encausarlos cuando Lachinca dejó de pagar. Los vecinos están acosados por el banco, y, a su vez, acosan a Lachinca, quien se encuentra en una situación desesperada.

Tabla del préstamo de Lachinca

Al marido de Manoree le acaban de amputar una pierna debido a un accidente de trabajo. No recibió ninguna indemnización y no percibe ningún salario. Recientemente, uno de sus tres hijos también tuvo un accidente con heridas. Manoree vende en la calle «porridge Kenda» que prepara en su casa. Con eso saca unas 1.000 rupias por día. El propietario de su casa les ha pedido que se vayan con el pretexto de la necesidad de hacer reformas. La familia lo hizo, pero el propietario de la nueva vivienda les exige el pago de 10 meses de alquiler como garantía, o sea 100.000 rupias. Consiguieron después de una negociación que rebajara hasta 50.000 rupias, pero la familia logró pagar solo 30.000 rupias (además de las 10.000 mensuales de alquiler que pagan regularmente). El nuevo propietario los amenaza de expulsión en seis meses si no le pagan el saldo de 20.000 rupias que le deben. Están desesperados. Sobre todo, porque quisieran poder comprar una prótesis para el marido. Manoranee se pregunta si no debería pedir un préstamo para tratar de mejorar su situación, pero los problemas que tuvieron sus amigas y vecinas la hacen dudar mucho.

Jayanthi debe pagar un alquiler de 13.000 rupias mensuales por su vivienda. Además, tuvo que pagar una garantía de 10 meses de alquiler, o sea 130.000 rupias. Entonces, se dirigió a una sociedad de microcrédito, la Vision Fund (véase recuadro) filial financiera ligada a una «ONG» mundial llamada mondiale appelée World Vision. Jayanthi pidió a Visón Fund 80.000 rupias. Debe pagar 8.000 rupias mensuales durante 12 meses, lo que representa un tipo de interés anual del 35 %.

Tabla del préstamo de Jayanthi

 

La actividad de microcrédito de esta «ONG» mundial es presentada de manera muy positiva pero también muy falsa. Leemos en Wikipedia (en inglés):

«Mediante nuestro trabajo en Sri Lanka, empoderamos a familias en dificultades económicas concediéndoles pequeños préstamos y otros servicios financieros para que puedan comenzar o desarrollar un negocio. Esto, a su vez, mejora sus vidas y las vidas de otros al generar empleos en la comunidad

(…) Para aquellos que no tienen bienes y que se les niega el acceso al crédito tradicional,
nuestro trabajo es como la respuesta a una oración. (…)»

Como Jayanthi no llegaba a pagar esa suma, contrajo un segundo crédito por un monto de 50.000 rupias ante el Rural Bank mencionado anteriormente, que cobra un tipo de interés un poco menos elevado. No sabiendo como poder pagar los reembolsos, volvió por un tercer préstamo a Vision Fund que le prestó 15.000 rupias para pagar en once meses. Jayanthi no sale adelante y se pregunta si no tendrá que recurrir a los usureros para reembolsar los tres préstamos que siguen su curso…

Manuela, una joven cuyo marido tiene un trabajo informal en la construcción de barcos de pesca, tuvo que pedir prestadas 20.000 rupias a un usurero local en enero de 2018. Siempre es el mismo esquema: mensualidades de 1.700 rupias hasta que Manuela pueda reembolsar el capital pedido, o sea 20.000 rupias, en un solo pago. Su hijo de 5 años entró hace poco a la escuela. Se supone que en Sri Lanka el Estado tiene a su cargo la educación pública, y por lo tanto no hay gastos de inscripción. Pero, debido a la falta de inversión pública, los establecimientos escolares hacen pagar a los padres de los nuevos alumnos ¡los gastos de mantenimiento! Por ello, Manuela debió pagar 9.000 rupias para el mantenimiento de la escuela de su hijo, y eso la llevó a endeudarse con un usurero.

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Foto de grupo después de la reunión con las mujeres víctimas del microcrédito, el 12 de abril de 2018, en Negombo.

Observaciones generales

Estos ejemplos los hemos obtenido del intercambio que mantuvimos, en la ciudad de Negombo, con quince mujeres sobreendeudadas que respondieron a un llamamiento de una asociación local que trabaja por el derecho a la vivienda. Esa asociación, representada por un abogado, había participado algunos días antes en el séptimo taller anual del CADTM Asia del Sur. Allí habíamos discutido sobre las deudas públicas y las deudas privadas, sobre todo las ligadas al microcrédito. Esa asociación, como muchos militantes que encontramos durante nuestra estadía, se dio cuenta de la rápida extensión del microcrédito durante los últimos años y de la miseria y angustia que generaba en las clases populares del país, comenzando por los sectores más pobres, como las numerosas familias que tienen un ingreso inferior a 100 euros por mes. Señalemos que el salario mínimo legal, en Sri Lanka, presenta un tope de 10.000 rupias, o sea, 52 euros por mes. En los casos mencionados, el alquiler mensual que debía pagar una familia era, mínimo, de 10.000 rupias, o sea, un salario mínimo completo, que ni siquiera esta garantizado, ya que los ingresos de estas familias provienen sobre todo del sector informal. Generalmente, las familias que encontramos tienen un solo ingreso, con el que hay que alimentar, alojar, educar y cuidar de cuatro a seis personas. En todos los testimonios que conocemos, las mujeres recurren al microcrédito para poder satisfacer las necesidades elementales. En todos los casos, las mujeres deben recurrir a un segundo o tercer préstamo, a menudo de usureros locales, con el fin de poder continuar el reembolso del primer crédito, puesto que las condiciones de estos microcréditos son tan abusivas que es imposible pagarlos con normalidad.

Estos testimonios corroboran lo que habían declarado, durante el encuentro organizado por el CADTM en la capital del país, entre el 6 al 8 de abril, los delegados de los movimientos populares provenientes de todo el territorio de Sri Lanka.

La situación de miseria y de angustia de las familias conduce a muchas mujeres a aceptar empleos como servicio doméstico en las monarquías del Golfo, con el fin de subvenir a las necesidades de sus familias, de las que estarán alejadas durante muchos meses.

Recordemos que hubo una larga guerra civil en Sri Lanka, una de cuyas consecuencias fue una gran cantidad de madres solteras, especialmente en las zonas habitadas por los tamiles, en el norte y en el este del país. Los empleos domésticos no siempre les permiten pagar sus créditos —a algunas mujeres les pagan muy poco o nada a pesar de las promesas en el momento del contrato— y con frecuencia sufren otras formas de opresión. El diario británico The Guardian revelaba hace algunos días, que algunas agencias que reclutan mujeres para trabajar como domésticas en los países del Golfo, las obligan a tomar píldoras anticonceptivas durante varios meses, y eso acredita que esas mujeres migrantes son regularmente violadas. [4]

Dos conclusiones de este taller que saltan a la vista: 1. Es necesario promover un movimiento de no pago de las deudas de microcrédito con el fin de obligar a las autoridades a negociar con el movimiento una modificación radical del acceso al crédito. 2. Es también necesario integrar la resistencia a los abusos del microcrédito con un programa más amplio sobre la mejora de los salarios, la garantía de una remuneración más importante para los pescadores, los pequeños agricultores y otros oficios independientes, la mejora de los servicios públicos, la creación de empleos por las administraciones públicas. La puesta en marcha de medidas de apoyo a los pequeños productores…

Es fundamental, por otro lado, poner la problemática del microcrédito en su contexto internacional. Para ello, publicamos de nuevo un artículo de Éric Toussaint redactado en abril de 2017: «Salir del círculo vicioso de la deuda privada ilegítima al Sur del planeta

Notes:

[1] 1 euro= 192,5 rupias de Sri Lanka, cotización del 12 de abril de 2018.

[2] La tasa de inflación anual alcanzó el 6 % en 2017 y fue del 2,2 en 2015 y del 4 % en 2016. Una tasa del 5 al 6% está prevista para 2018. Véase: https://www.statista.com/statistics/728516/inflation-rate-in-sri-lanka/ (consultado el 11 de abril de 2018)

[3] Este tipo de crédito está todavía bastante extendido en numerosos países. En Francia, es concedido por organismos públicos como el Crédit Municipal de Paris http://www.creditmunicipal.fr/pret-sur-gage/obtenir-un-pret-sur-gage/pret-sur-gage.html . La web www.creditmunicipal.fr editada por el Crédit Municipal de Paris, establecimiento público comunal de crédito y de ayuda social con un capital de 47.000.000 de euros.

[4Sophie Cousins, «Recruiters order Sri Lankan women to take birth control before working in Gulf», The Guardian, 6 de abril de 2018. Véase: https://www.theguardian.com/global-development/2018/apr/06/recruiters-order-sri-lankan-women-to-take-birth-control-before-working-in-gulf

Eric Toussaint, Nathan Legrand*

Original: Temoignages accablants sur les abus du microcrédit

Traducido por Griselda Piñero

Editado por María Piedad Ossaba

* Permanente en el CADTM Belgique

Traducciones disponibles: English

Fuente : CADTM 27 de abril de 2017


 

Palabras clave:India  Sry Lanka  Microcrédito  abusos  mecanismo de desposeción  humillación  precariedad  mujeres victimas  usura  Eric Toussaint  Nathan Legrand  

Actualizado ( Domingo, 06 de Mayo de 2018 03:19 )  

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