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¿Y si no se alimenta al mundo?

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Cómo la ayuda humanitaria puede hacer más mal que bien

Mientras los medios de comunicación vuelven a hablar de "hambruna en el cuerno de África" causada por la "sequía", Rasna Wara indaga en las razones reales de por qué hay gente que pasa hambre

Cada año desde mediados de los 80, cuando el difunto Mohammed Amin filmó la hambruna en Etiopía, la ONU y las agencias de ayuda humanitaria vienen anunciando una "catástrofe histórica" en alguna parte del mundo. En 2004 fue el tsunami del Océano Indico que causó estragos en parte de Indonesia, Sri Lanka, Tailandia e India. En años más recientes han sido el conflicto de Darfur en Sudán, que desplazó a millones de personas, el terremoto de Haití, las inundaciones de Pakistán y ahora la hambruna en Somalia.

Existe un guión asociado a todas estas crisis humanitarias que resulta familiar. Todas las catástrofes se describen como históricas. Las campañas de recaudación de fondos van acompañadas de imágenes que parten el corazón con mujeres y niños desplazados o muriéndose de hambre. La comunidad internacional, guiada por la ONU, acude a la zona catastrófica con la cámara al hombro para ser testigos de primera mano de la catástrofe humanitaria. A menudo esto va seguido de conciertos para recaudar fondos y de apariciones en directo de celebridades en los campos de desplazados.

El problema es que las imágenes e historias que vemos o leemos en los medios internacionales no son tan imparciales como nos gustaría creer. Con mucha frecuencia se guían por lo que les cuente el personal de la agencia que esté proporcionando ayuda sobre el terreno. Los periodistas confían casi exclusivamente en la versión de la catástrofe que les dé la agencia de ayuda humanitaria. El relato se convierte así a un tiempo en predecible y unilateral.

La periodista holandesa Linda Polman considera que la "insana" relación entre periodistas y agencias de ayuda no les permite ofrecer información de manera independiente y objetiva, y a menudo está sesgada a favor de la agencia que "informa". Los cooperantes expertos en tratar con los medios explotan a fondo el ansia con la que los periodistas aceptan su versión de la crisis o de la catástrofe. Por su parte, dice Polman, los periodistas "aceptan acríticamente las declaraciones de neutralidad de las agencias humanitarias, elevando la credibilidad y los conocimientos de los cooperantes por encima del escepticismo periodístico". Las agencias de noticias apenas intentan verificar de manera independiente los datos y las cifras que publican las agencias humanitarias –información que, tal como descubrí cuando trabajé con una agencia de la ONU, en ocasiones está inflada o basada en datos erróneos--.

¿Crisis humanitaria u oportunidad para recaudar fondos?

A pesar de la habitual aceptación de las cifras que dan las agencias de ayuda, cada vez más escépticos empiezan a preguntarse si la hambruna declarada en Somalia es tan grande como nos hacen creer, o si las agencias de la ONU y las organizaciones de ayuda humanitaria internacional han concedido mayor prioridad a la recaudación de fondos que a la exactitud.

La tentación de exagerar el alcance de una crisis con el fin de recaudar más fondos está siempre presente, según afirma Ahmed Jama, economista agrario somalí residente en Nairobi. Jama cree que algunas de las regiones de Somalia que han sido declaradas como de hambruna, como la fértil región del bajo Shabelle, podrían en realidad gozar de seguridad alimentaria, y quienes sufren no son sus habitantes, sino quienes han emigrado hasta allí procedentes de aquellas zonas del país propensas a la sequía. Considera que a la ONU y a otras agencias humanitarias les interesa mostrar que la situación es insostenible para asegurarse el caudal de fondos de los donantes.

La ONU utiliza una escala creada por la Unidad de Análisis de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición, entidad perteneciente a la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), al objeto de calcular el grado de inseguridad alimentaria. Dicha escala oscila desde la "seguridad alimentaria en general" hasta la "hambruna/catástrofe humanitaria".

Las estimaciones de esta unidad para el número de somalíes en "crisis" en el periodo agosto-septiembre de 2011 indican que menos de medio millón de personas --no los cuatro millones citados por la prensa-- estaban padeciendo hambruna. En torno a tres millones y medio de personas estaban sufriendo algún tipo de inseguridad alimentaria, pero no se estaban muriendo de hambre, como tan ampliamente estaban difundiendo. Además, parte de esa inseguridad alimentaria estaba relacionada con la inflación y con la subida del precio de los alimentos, no necesariamente con la sequía.

La Comisión Europea (CE) lleva destinando millones de euros desde 1995 al desarrollo rural y a proyectos de seguridad alimentaria en Somalia; sin embargo, todos los años Somalia continúa recibiendo ayuda alimentaria.

De hecho, esta ayuda ha llegado a ser permanente en el país desde la guerra civil de 1991. "Está claro que existe una discrepancia entre los recursos que proporciona la CE a las agencias de la ONU y la deprimente imagen que reflejan las regiones de mayor productividad agraria de Somalia", opina Jama. "¿Cómo es posible que las inversiones de la CE en agricultura no eviten la hambruna en esas regiones?".

¿Sirve de algo la ayuda alimentaria?

George-Marc André, el representante de la Unión Europea en Somalia, admite cautelosamente que a la CE le preocupa que sus esfuerzos en Somalia se vean obstaculizados por las agencias de la ONU que inundan de ayuda alimentaria la capital, Mogadiscio. En un entorno donde la comida gratis está fácilmente disponible, explica, los agricultores no obtienen ganancias por su producción. Distribuyendo alimentos durante la época de la cosecha se distorsiona aún más el mercado de alimentos. André considera que agencias de la ONU tales como el Programa Mundial de Alimentos podrían estar en realidad "frenando" la recuperación de Somalia al centrarse exclusivamente en la ayuda alimentaria en lugar de apoyar a los granjeros y mercados locales.

Dado que la mayoría de la ayuda alimentaria procede de EE. UU. y de otros países distintos de Somalia, preocupa también que las declaraciones de hambruna hagan más por ayudar a los agricultores de otros sitios que por apoyar a los productores locales. La industria de la ayuda alimentaria permite a países como EE. UU. desviar sus excedentes de alimentos hacia los países pobres. Esto distorsiona los mercados locales y altera la producción local de alimentos. En otras palabras, la ayuda alimentaria destruye la economía local, especialmente si se suministra durante largos periodos de tiempo, como en Somalia.

Lo que no se menciona en las campañas de recaudación es que buena parte de lo recaudado se utiliza para pagar a funcionarios y militares que permitan pasar a los convoyes de ayuda. En Somalia, el "precio de entrada" impuesto por los señores de la guerra ha llegado a suponer el 80 % del valor de la ayuda.

También se han suprimido las noticias sobre el desvío regular o el robo de ayuda alimentaria, problema galopante en Somalia. En marzo de 2010, por ejemplo, el grupo de supervisión de la ONU en Somalia informó de que más de la mitad de la ayuda alimentaria era robada o desviada por contratistas corruptos, empresarios locales, ONG locales e incluso por empleados de la propia ONU. Este informe llevó a los EE. UU. a retirar fondos del Programa Mundial de Alimentos, aunque ahora dicen que se está supervisando cuidadosamente la ayuda alimentaria y que se está desviando muy poca. No obstante, en agosto de este año, Associated Press informó de que la venta de alimentos procedentes de la ayuda en los mercados de Mogadiscio es todavía muy común y a menudo se produce con pleno conocimiento del personal de la ONU allí destacado.

Al igual que Somalia, Haití ofrece un ejemplo perfecto de cómo la ayuda puede destruir a un país. Esta isla del Caribe ha recibido gran cantidad de ayuda extranjera a lo largo de los años, la cual ha sido descrita como "un modelo de ayuda extranjera inadecuada" debido a su historial de desarrollo extremadamente pobre y a su miseria generalizada. Cada pocos años, una nueva catástrofe azota Haití y el mundo pone en marcha campañas masivas de recaudación de fondos. Pero Haití, como su prima lejana Somalia, sigue siendo pobre, subdesarrollada y llena de miseria, por lo que reúne los ingredientes ideales para otra campaña de recaudación de fondos.

Rasna Warah

Original: Don’t feed the world?

Traducido por Isidoro Espinosa

Edité par Ana Atienza

Fuente: Tlaxcala, 29 de enero de 2013

Palabras clave:Ayuda alimentaria  Catástrofes  Ayuda internacional  Somalia  Mogadiscio  Haití  ONU  Rasna Warah  

Actualizado ( Martes, 29 de Enero de 2013 02:49 )  

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