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Berlusconi condenado: abuso y desmesura

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Una Italia complaciente e intimidada se pregunta qué sucederá ahora, tras la sentencia sobre el caso Ruby del Tribunal de Milán, que condena en primer grado a Silvio Berlusconi a siete años de reclusión y a la prohibición perpetua de ejercer cargos públicos.

Nadie se plantea la verdadera pregunta: ¿qué sucedió antes para llegar a una sentencia de este género? ¿Qué ha ocurrido de verdad en los últimos veinte años en este desventurado país, a la sombra de un poder desmesurado y fuera de todo control, que se concebía a sí mismo como omnipotente y eterno? ¿Y cómo ha podido suceder todo esto en medio de Europa y en los años 2000? ??La condena sanciona de hecho dos delitos muy graves – abuso de poder y prostitución de menores – sobre la base del Código Penal, después de un proceso de dos años y dos meses con más de 50 sesiones públicas. La acusación, por lo tanto, ha tenido razón al ver una conducta criminal en la tentativa de Silvio Berlusconi de substraer a una menor acusada de robo del control de la Jefatura de Policía, imponiendo a los funcionarios su autoridad de presidente del Gobierno, y suscitando un escándalo internacional, puesto que Ruby era "sobrina de Mubarak".

La defensa sostiene que no hay víctimas de los supuestos delitos, no hay pruebas y, por el contrario, lo que hay es una criminalización de un estilo de vida y de conductas privadas (las llamadas "cenas elegantes"), distorsionados por una visión voyeurista y moralista que los ha transformado abusivamente en delitos, hasta la sanción de un Tribunal predispuesto, también por el hecho de estar compuesto de tres mujeres. 

 

Yo creo en realidad que hay un criterio de juicio que viene de antes de la condena y no tiene nada que ver con el moralismo. Se basa en dos elementos a los que Giuseppe D'Avanzo, cuando reveló este escándalo, se refirió más veces - solo y obstinadamente – en las páginas de La Repubblica. Son la desmesura y el abuso de poder. De esto se trata, es decir, de dos categorías políticas, públicas, y éstas imponen un juicio político a un líder político que en el periodo en que estalló el caso Ruby tenía también una responsabilidad institucional de primerísimo plano como jefe del gobierno italiano. "La cuestión – escribía D'Avanzo - no tiene nada que ver con el juicio moral sino con la responsabilidad política. Este progresivo desvelamiento del desorden en que se mueve el premier y de su fragilidad vuelve a plantear la debilidad del Cavaliere, tema que interpela a la credibilidad de las instituciones", porque todo esto "hace vulnerable su función pública, así como sus obsesiones personales pueden someterlo a presiones incontrolables".

 

La desmesura, por tanto, como cifra del exceso de mando, grado supremo de la autoridad carismática, con el voto que cancela toda mácula y rebasa todos los límites, haciendo inútil cualquier pregunta, cualquier duda, cualquier deber de rendir cuentas. Y el abuso de poder como forma política de esa autoridad liberada de todo control, y además su perenne garantía. Porque en el sistema berlusconiano, dice D'Avanzo, "el poder estatal se protege a sí mismo y sus intereses económicos, sin escrúpulos y abiertamente. Con la intervención a favor de Ruby, ese poder que siempre privatiza la función pública da otro paso hacia una catastrófica degradación convirtiendo en pública hasta la esfera privadísima del Elegido. En otro país mínimamente respetuoso con el canon occidental, el premier ya habría tenido que presentar la dimisión. En la infeliz Italia, por el contrario, el abuso de poder constituye el sello más auténtico del dispositivo político de Silvio Berlusconi. Es una actitud corriente, un movimiento automático, una coacción mecánica". Esto es lo que nos interesa.

 

El desvelamiento clamoroso de comportamientos privados de un hombre político que abochornan a las instituciones y las dejan completamente expuestas al chantaje, e impulsan a ese líder a elevar la apuesta del abuso, aprisionándose cada vez más en una red de peticiones exorbitantes, tráficos peligrosos, intermediarios vergonzosos, pagos dificultosos: hasta el momento en que se cumple la profecía de Veronica Lario [segunda ex esposa de Berlusconi] sobre esa "basura sin pudor" de las "vírgenes ofrecidas al dragón", se erige un castillo de mentiras sobre las relaciones con la menor Noemi [Letizia, presunta destinataria de los favores del Cavaliere], se ahoga en la extorsión cruzada de los especuladores e intermediarios [Valter] Lavitola y [Gianpaolo] Tarantini [que intentaron chantajear en 2011 a Berlusconi en relación con sus comprometedoras fiestas en su villa de Arcore], y finalmente se tropieza con el Código Penal en el caso Ruby, porque algo inconfesable impulsa al premier a sacar a esa muchacha de la Jefatura de Policía, confiándola a una vedette del bunga-bunga que pasa por "consejera ministerial" para endosársela después enseguida a una prostituta brasileña. Se entiende que este proceso milanés, levantado sobre la investigación de Ilda Boccassini, lo haya vivido Berlusconi como la madre de todas las acusaciones.

 

El ex premier ha podido jugar todas las cartas de su defensa en los dos años de procedimiento, incluyendo el extraordinario peso mediático de un líder político que ha invocado "legítimos impedimentos" cada vez que ha podido, desplazando ad hoc incluso las sesiones del Consejo de Ministros y ha hilvanado nada menos que dos veladas de gran teatro televisivo (una antes de la requisitoria, la otra antes de la sentencia) en las cadenas de su propiedad con un guión que parecía también de su propiedad, para hablar directamente a la opinión pública sancionando por anticipado la propia inocencia. Este "concierto" tenía desde hace algunos meses una música de fondo: la "pacificación", que es el concepto en el que la hegemonía cultural berlusconiana intenta transformar la razón social del gobierno Letta, nacido de la emergencia y de la necesidad y, por lo tanto, sin raíz ni cultura ideológica, tal y como resulta natural en el caso de un ejecutivo que mantiene unidos durante un breve periodo a los opuestos, es decir, a derecha e izquierda.

 

Esta necesidad y esta urgencia se han convertido en cambio en algo distinto para el PdL y sus corifeos, esa "pacificación" que debería liquidar cuentas con el pasado, consagrar a Berlusconi como punto de referencia institucional del nuevo cuadro político y del nuevo clima, hacerlo senador vitalicio o vértice de una improvisada Constituyente, como forma de garantizarle un salvoconducto definitivo.En la práctica, supone una propuesta para constatar que el choque entre la legalidad de las normas y de las reglas y la legitimidad berlusconiana derivada del voto popular está enervando al sistema sin salida posible. Así pues, que constitucionalice el sistema la anomalía berlusconiana (delitos, conflictos de interés, leyes ad personam, extrapoder económico y mediático) y la introyecte: resultará desfigurado pero finalmente pacificado – precisamente –, porque en el nuevo orden todo encontrará una deforme coherencia suya.

 

La hegemonía cultural crea sentido común, que en Italia pasa por buen sentido. Y por tanto, la derecha pensaba que el "clima" habría domesticado antes al Tribunal Constitucional, llamado a pronunciarse definitivamente sobre el legítimo impedimento que habría liquidado el proceso Mediaset, en el que el ex premier ya ha sido condenado a cuatro años. Luego la "atmósfera" habría debido contagiar al Tribunal de Milán, ya advertido físicamente del cambio de clima por la manifestación de los  parlamentaros del PdL delante de su plaza y en los pasillos. Por último, la  "pacificación" debía subir la escalinata del [Tribunal de] Casación para el juicio Mediaset, rozar al Quirinal [sede de la presidencia de la República] que ayer ponía Brunetta en entredicho después de haber definido la sentencia como "acto subversivo", llamar a la puerta de Enrico Letta (que ya ha dicho no) y sobre todo del Parlamento, vistos los muchos vagones fantasma que esperan en la sombra de las estaciones muertas el tren del decreto vacía-cárceles, prestos a asaltarlo con su carga de medidas salva-premier, desde las normas sobre prohibición de ejercer cargos públicos hasta la amnistía, generosamente sugerida por los partidarios de Monti.

 

El plan berlusconiano prevé golpes de mano y mayorías extemporáneas, con el concurso quizás de esos parlamentarios caníbales del PD que ya han demostrado en el voto secreto que no sirven para nada y son capaces de todo. Desde ayer, todo esto es más difícil. El poder judicial ha cumplido con su deber, recibiendo a cambio acusaciones vergonzosas. Y el Tribunal de Milán ha llevado el proceso hasta el final – lo cual supone el resultado más importante – asegurando la justicia e igualdad de trato de los ciudadanos ante la Ley, no obstante las intimidaciones preventivas. En la sentencia hay un juicio de condena durísimo por dos delitos muy graves, sobre todo para un hombre de Estado que ha representado a las instituciones. Y no sólo: el Tribunal ha transferido las actas relativas a 32 testimonios a la Fiscalía para que valore si han cometido perjurio durante el procedimiento. Son chicas "olgettinas" [de Via Olgettina, en Milán, donde se alojaban algunas de las jóvenes que acudían a las fiestas de Berlusconi], a sueldo del Cavaliere, amigos suyos y estrechos colaboradores, funcionarios de la Jefatura de Policía como Giorgia Iafrate.

 

Con esta decisión, el Tribunal parece convencido de haber descubierto una auténtica red de organización de perjurio de grupo. Corresponderá a la Fiscalía valorar si es así y quién es el organizador, mientras que está ya claro que el beneficiario es Berlusconi. La influencia económica, el abuso de poder podría llegar hasta aquí. Quedan las consecuencias políticas. La más nítida, la más clara sería la retirada de Berlusconi de la política, como ocurriría en cualquier parte. Pero en Italia no ocurrirá. La política es el verdadero escudo del Cavaliere. Y el gobierno, con su mayoría de contradicción, es la última mesa en la que tratará de negociar, asegurando cualquier cosa (la duración del Ejecutivo hasta el final de la legislatura, la renuncia personal a ser candidato a primer ministro) a cambio de ayuda bajo cuerda. De lo contrario, hará saltar la banca y, después del breve paréntesis de estadista, el Cavaliere volverá a la plaza, incendiándola. Porque el populismo tiene esta concepción del Estado: o para dirigirlo o para combatirlo, no hay otra.

Ezio Mauro

Original: Berlusconi condannato, l'abuso e la dismisura

Traducido por  Lucas Antón

Fuente: Tlaxcala, 1 de julio de 2013

Palabras clave:Ezio Mauro  Italia  Berlusconi  Tribunal de Milán  Ruby  Proceso  

Actualizado ( Martes, 02 de Julio de 2013 12:48 )  

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