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Luis Casadofrase de César a Brutus: "¿También tú me traicionas?"

Como te conté un par de veces, los ‘brotes verdes’ que pregonan le llegada del paraíso en la Tierra se secaron antes de dar frutos. Ya en el año 2009 escuché a Bachelet –de cuerpo presente– discurrir sobre esos signos primaverales anunciadores del fin de las crisis, trompetas cuyo estruendo indica la inminente reactivación de la economía, el regreso de los equilibrios y la abundancia del lucro.

No hace falta volver sobre lo que hubo y lo que hay, tú lo sientes en el bolsillo y lo adviertes en los negros nubarrones que se ciernen sobre tu futuro.

 

Ricardo

La actual crisis que sucede a la crisis que, a su vez, sucedía a otra crisis, trae preocupadas a la almas pías y, como era de suponer, a los economistas. Hay patriotas que son a la vez economistas y piadosos, como Manuel Riesco, quién lanza un grito de alarma del cual conviene señalar la oportunidad y la pertinencia.

Riesco evoca lo que llama la “crisis secular”, iniciada según él en el año 2000, que perduró toda la década y de la cual, agrega, las economías desarrolladas aún lo logran recuperarse.

Si algo le puedes reprochar a los economistas, –una nimiedad, un detallito, la nada misma–, es su falta de memoria.

Con la llegada del neoliberalismo, –simbolizada por dos figuras señeras, Margaret Thatcher, primer ministro británico de 1979 a 1990, y Ronald Reagan, presidente de los EEUU de 1981 a 1989–, una recurrente serie de crisis nos ha sido fiel desde entonces. Entre ellas:

1987 Crac de Wall Street
1990 Crisis inmobiliaria y de los Saving & Loans
1992 Primera crisis del Sistema Monetario Europeo (SME)
1993 Segunda crisis del SME
1994 Crisis obligataria en los EEUU
1997 1ª crisis internacional (Tailandia, Corea del Sur, Hong Kong)
1998 2ª crisis financiera internacional (Rusia, Brasil), LTCM…
2000-2002 Burbuja Internet y las dotcom
2007-2008… Subprimes y los mercados financieros derivados

Tales crisis –que no se resumen a la ‘secular’ mencionada por Riesco– fueron prolongadas por la crisis de la deuda soberana europea, el aún pendiente default de Grecia, la desaceleración de la economía china, los vaivenes de la guerra de las divisas, la caída del precio de las materias primas, las sanciones que occidente le impuso a Rusia, las contra sanciones que Rusia le impuso a occidente, el temblequeo de las economías emergentes, la pachanga de la FED y sus tasas de interés, el Brexit, y no pares de contar porque colorín colorado este cuento no se ha acabado.

La crisis del 2000 fue apodada en Chile la “crisis Massad” –es Riesco quién lo dice– en razón del “torpe manejo” del entonces presidente del Banco Central, torpeza que agravó las consecuencias que la crisis tuvo en el campo de flores bordado.

Riesco menciona dos de ellas que provocan escalofríos en la espalda: “se derrumbó el apoyo al gobierno de Frei y poco faltó para que Lagos perdiera la elección frente a…¡Lavín!”

Pobre Frei, pobre Lagos, uno mide el sufrimiento por el que pasaron. Pero no comprende que Riesco no diga una palabra de los millones de hogares chilenos que siguen pagando la cuenta.

Riesco pretende que hoy nos encontramos en una situación similar, que corre el riesgo de degenerar en crisis “debido al intento de los actuales Ministro de Hacienda y Presidente del Banco Central, ‘Los Rodrigos’, Valdés y Vergara, de aplicar políticas contractivas con evidentes aunque inconfesables motivaciones, política de frenar las reformas y económica de intentar favorecer a los grandes deudores en dólares.”(sic)

En otros tiempos, bajo nuestros y otros cielos, eso se llamó “atornillar al revés”, la “quinta columna”, los “saboteadores”, los “caballos de Troya”, el tema no es nuevo. Al denunciar este comportamiento de los “Rodrigos” Manuel Riesco los sitúa en el bando enemigo. ¿Enemigo de quién? Ya puedes elegir. Del gobierno, para comenzar, y seguramente de las principales víctimas de las crisis que no son ni Frei ni Lagos, sino los millones de atorrantes que crean cotidianamente la riqueza de la que se apoderan otros, los privilegiados de siempre.

Riesco subraya el peligro señalando que “Resulta imperioso evitar las imprevisibles consecuencias económicas y políticas de la inminente ‘Recesión Valdés-Vergara’.” Admitamos. Pero si el riesgo de una recesión parece evidente, ella no tiene nada de ‘artificial’. Sus causas, según Riesco, se resumen a otra ‘torpeza’, ya no de Massad sino de los ‘Rodrigos’. Sin ánimo de incordiar, uno los sabe incapaces de tanto pero se pregunta de dónde salió este par tan armónico, tan ‘afiatado’. El mismo Riesco responde:

“El primero asumió el cargo en dupla con el recién renunciado ex ministro Burgos con la auto asignada y explícita misión de frenar las reformas del gobierno, pretextando en su caso la mala situación económica la cual se ha encargado de agravar recortando el gasto público. Se ha empeñado en esa mezquina tarea a tiempo completo a sabiendas que está precipitando una recesión artificial, todo lo cual su tocayo Vergara ha aplaudido y secundado de manera entusiasta desde el Banco Central.”

Rodrigo Vergara fue nombrado en la presidencia del Banco Central por el ‘experto’ en información privilegiada Sebastián Piñera, en diciembre del año 2011. Visto que la función dura cinco años, su sucesor debiese ser entronizado en diciembre de este año.

Rodrigo Valdés –que se empeña en la mezquina tarea de recortar el gasto público ‘a tiempo completo’, Riesco dixit– fue nombrado ministro de Hacienda por Michelle Bachelet el 11 de mayo del 2015, en remplazo de Alberto Arenas.

Su cargo dura mientras dure la confianza de quién le nombró, o sea el presidente de la República en ejercicio. En otras palabras, el ministro de Hacienda tiene sus posaderas en un sillón eyectable. Me parece necesario precisarlo en razón de las disquisiciones de Manuel Riesco, que pretende oponer ‘la buena presidenta’ al ‘mal ministro’.

La acción de ambos ‘Rodrigos’ le parece a Riesco “una enorme irresponsabilidad”, a lo cual agrega:

“No sólo deberían estar dedicados a evitar que la economía caiga en recesión y ayudar a sacar adelante el impostergable y tímido programa de reformas comprometido por la Presidenta para apuntalar la tambaleante institucionalidad democrática, sino también a delinear la madre de todas las reformas: como girar desde una economía rentista a otra basada en la producción de valor agregado, cuestión tan evidente que la han comprendido hasta los jeques de Arabia Saudita.”

Es al leer este párrafo que desperté de la modorra que me produce leer a los economistas. Relanzar la economía y realizar el “tímido programa de reformas comprometido por la Presidenta” (sic) tiene por principal objetivo, según Manuel Riesco, “apuntalar la tambaleante institucionalidad democrática” (resic).

Por “tambaleante institucionalidad democrática” Riesco se refiere a la que reposa en la Constitución ilegítima de la dictadura, aún en vigor gracias a la diligencia de la Concertación y sus aliados. Hubo una época en la que los comunistas tenían como objetivo central derribar la ‘dictadura de la burguesía’ para construir una sociedad diferente. Ahora buscan ‘apuntalarla’.

Una vez más, ni una sola palabra sobre los millones de trabajadores sin derechos, ni una sola palabra sobre un Código del Trabajo impuesto en dictadura y aún incólume, que “protege a los empresarios” (María Ester Feres dixit). Ni una sola palabra sobre la terriblemente injusta distribución de la riqueza.

¿El poder tambalea? Uno hubiese imaginado a Riesco escribiendo sus propias ‘Tesis de abril’ para contribuir a derribarlo, en vez de lo cual llama a ‘apuntalarlo’.

Ya definitivamente despierto, proseguí la lectura de su opus magnum. Me encontré con largos párrafos que formulan una explicación del yo-yo del precio de las materias primas “determinado por las idas y venidas de capitales golondrinas afincados” en las economías desarrolladas. He aquí un párrafo in extenso:

“...(el ciclo de los precios) se mueve exactamente al revés del ciclo secular de actividad real de las economías desarrolladas, subiendo a las nubes cuando atraviesa fases de crisis y derrumbándose durante su recuperación y auge. El único problema es que los auges duran una década y las depresiones más de dos. Este insólito comportamiento, a contracorriente de los denominados “fundamentos” de los mercados, es decir, la relación entre la oferta y demanda productiva para consumo final, se explica porque los precios de las materias primas y todos los productos escasos dependen exclusivamente de la demanda, a diferencia del resto que son determinados por sus costos, por lo cual los primeros cambian a cada instante mientras los segundos bajan lenta y suavemente al ritmo de la innovación tecnológica."

No le quito ni le pongo. “Los precios de las materias primas y todos los productos escasos dependen exclusivamente de la demanda, a diferencia del resto que son determinados por sus costos…”

Según Manuel Riesco la ley de la oferta y la demanda funciona sólo para las materias primas y los productos escasos. Una vez más, admitamos. En claro Manuel Riesco afirma que la ley de la oferta y la demanda, –esa tarta a la crema de la ‘ciencia económica'–, funciona.

Manuel Riesco ignora, o hace como si ignorase, que la ‘volatilidad’ de los precios de las materias primas se debe esencialmente a que son objeto del interés de los especuladores. En las últimas décadas la mitad de la producción mundial de cobre era utilizada en la producción y la otra mitad era almacenada como ‘reserva estratégica’ y como garantía para la especulación financiera. Riesco no puede ignorar eso.

El oro, la ‘reliquia bárbara’ de Keynes, suele transformarse en ‘valor refugio’ apenas las Bolsas conocen una de sus frecuentes diarreas. ¿Qué es el precio del petróleo sino un peón en la guerra económica que se libran las grandes potencias? Ley de la oferta y la demanda… Riesco tiene que cambiar de camello: le están vendiendo de la mala.

A riesgo de aburrir al lector, una observación a propósito de ‘los productos escasos’. Si no hubiese escasez… no habría economía. Riesco sabe eso. Buena parte del modelo económico está orientado a organizar, a crear la escasez, y a generar lucro a partir de esa escasez. Todo estudiante de primer trimestre de economía política sabe eso.

Entretanto Riesco persiste y firma:

“El comportamiento errático de los precios de aquellos (materias primas) los vuelve irresistibles a los especuladores, cuyas apuestas a su alza o baja los hacen aún más volátiles. De este modo, como descubrió la economía clásica hace más de dos siglos, la demanda de los productos escasos no tiene una sino dos componentes, producción para consumo final como todo el resto y… especulación.”

Comprenda quién pueda. Lo que genera el comportamiento errático de los precios es la especulación generalizada y el desorden de la economía capitalista que no logra resolver la contradicción entre la capacidad productiva y el consumo. No es al revés. Los precios no se mandan solos, ni son el producto de una supuesta ley de la oferta y la demanda como pretende una ‘ciencia económica’ que no existe.

No lo invento yo, lo sabían Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill y por supuesto Karl Marx que los había leído. No lo digo de mala leche, pero tengo que decirlo: Manuel Riesco tiene que volver a los clásicos.

Desde luego coincido con Manuel Riesco cuando evoca los efectos de la llegada –y luego la huida– masiva de capitales golondrina. María Olivia Recart –subsecretaria de Hacienda de Andrés Velasco– pretendía que la fortaleza del peso ante el dólar se debía al buen comportamiento de la economía chilena (¿por qué te ríes?).

La verdad era menos excitante: los sucesivos QE organizados por la FED y el BCE, que emitieron billones de dólares y euros sin respaldo, y las tasas de interés reducidas a cero (y aún menos de cero…), estimularon el flujo de capitales que llegó a los países que ahora llaman ‘emergentes’.

Tales países le sirvieron miles de millones de dólares de intereses a esos capitales que, apenas sonó el silbato de la recogida de cañuela en Washington y en Frankfurt, se regresaron al primer mundo aún más rápido de lo que habían llegado al tercero.

Tal fenómeno no es ajeno al endeudamiento colosal de los grupos financieros chilenos. En una nota reciente hice notar –o subrayé– que la deuda privada en Chile alcanza la friolera del 121% del PIB, o sea la módica suma de 363 mil millones de dólares.

Si una parte fue contractada en pesos, la otra parte de la deuda “corporativa” –dice el Banco Central– fue contractada en dólares. De ahí que una eventual subida de tasas por parte de la FED provoque sudores fríos: en la memoria de todos persiste la quiebra del sistema financiero chilensis en el año 1981. Como sabes, quién pagó la factura de la borrachera fue –como siempre– el personal.

Lo que nos lleva a interrogarnos acerca de las motivaciones de la política que llevan adelante los ‘Rodrigos’. Manuel Riesco afirma que favorece precisamente a las grandes corporaciones endeudadas en dólares, a pesar de que pueden profundizar la recesión. ¿Le sorprende? Y si le sorprende… ¿por qué le sorprende? ¿Dónde se ha visto que una clase dominante que ejerce el poder sin contrapeso aplique políticas que no la favorezcan?

Manuel Riesco previene:

“Cualquiera puede imaginar lo que pasaría en el plano político sólo recordando entonces que la crisis puso de rodillas a una dictadura feroz que empezó la década en la cima de su poder. Ahora deberemos enfrentar lo que venga con una institucionalidad en crisis terminal. Mala cosa. Ese es el escenario realista sobre al cual hay que diseñar las estrategias económicas, en vez de jugar a provocar una recesioncilla para intentar frenar unas reformitas, como pretenden Valdés-Vergara.”

Una vez más, la cuestión central para Riesco es prevenir la implosión de “una institucionalidad en crisis terminal”. Esta crisis no es, como uno pudiese imaginar, una oportunidad para deshacernos definitivamente del legado institucional de la dictadura, sino simplemente, cito: “Mala cosa”.

Si Manuel Riesco se hace ilusiones con relación al efecto que pudiesen tener las ‘tímidas reformas comprometidas por la Presidenta’ en las profundas causas que determinan la ‘crisis terminal’, quiere decir que a fuerza de frecuentar a los beneficiarios de SQM terminó creyendo en la poder de la amistad fraterna.

Generoso hasta la saciedad, Manuel Riesco ofrece consejos a título gratuito:

“El gobierno y el país requieren iniciar de inmediato la discusión de fondo, que no es otra que responder la gran pregunta de cómo curarnos de la adición a la renta y pasar a una economía moderna basada en la producción de valor agregado por el trabajo de las chilenas y chilenos aplicado a la producción de bienes y servicios que se vendan en el mercado en condiciones competitivas, igual que está intentando hacer Arabia Saudí.”

Riesco omite precisar que quienes deben curarse de la adicción a la ‘renta’ son las grandes mineras privadas que perciben los beneficios, y no el país que recibe muy poco o nada de la ‘renta’.

El modo en que Riesco se refiere a “una economía basada en la producción de valor agregado” da la impresión que no sabe qué es el valor agregado. El uso que hace de la noción de venta de bienes y servicios “en condiciones competitivas” revela que definitivamente no sabe de qué habla.

Paul Krugman ocupa todo un capítulo de su libro “La mundialización no es culpable: virtudes y límites del libre mercado” (un compendio de conferencias publicado en el año 1998) en cachondearse de los numerosos economistas que hablan todo el día de competitividad sin ofrecer la más mínima prueba de haber comprendido a qué se refieren.

Sin embargo, Riesco menciona algunas medidas económicas dolorosamente necesarias, cuya aplicación requiere un poco de voluntad política. Me refiero a la recuperación de la propiedad efectiva de las materias primas. Veamos:

“Algunos lineamientos de la nueva estrategia están contenidos en el informe de la Comisión Litio a la Presidenta Bachelet, que delinea los elementos principales de una política racional de recursos naturales recomendados por la ciencia económica y más o menos universalmente aceptados en el caso de minerales estratégicos como petróleo y gas. Algunos de sus elementos principales son recuperar su propiedad efectiva y reservar su explotación a empresas del Estado o asociaciones controladas por éstas e invertir parte de su renta en estimular la producción de valor agregado en los encadenamientos previos y posteriores a la explotación misma.”

Nótese que Manuel Riesco omite hablar del cobre. ¡Del cobre! ¿Será porque Guillermo Tellier –entrando con un paso decidido en la Nueva Mayoría– previno que el cobre no se toca “porque no está en el programa”? Para Manuel Riesco sólo es lícito hablar de petróleo y gas visto que, precisamente, Chile no tiene ni el uno ni el otro.

Cuando Riesco habla de “elementos principales de una política racional de recursos naturales recomendados por la ciencia económica”… ¿sabe de qué habla? La ciencia económica no existe. No hay políticas económicas fundadas en calculitos matemáticos, en algoritmos, en polinomios funcionando en espacios vectoriales, en dobles integrales o en entidades de matemáticas fractales. En economía los principios de la Termodinámica no aplican. No hay ‘ciencia económica’ neutra, que aplique como el principio la gravedad universal. Manuel Riesco sabe eso.

Sólo existe la Economía Política. Esa que tiene cuenta de intereses divergentes, contrapuestos, contradictorios, excluyentes. Los acuerdos “win-win” sólo sirven para embaucar a los subnormales.

Manuel Riesco sabe que la riqueza creada por la actividad humana en el proceso productivo se distribuye entre los factores de producción: el capital y el trabajo. Y sabe que David Ricardo, en su obra “The Principles of Political Economy and Taxation” (1817) fue extraordinariamente claro:

“Determinar las leyes que regulan esta distribución es el problema principal en la Economía Política”.

Y sabe que el mismo Ricardo aseguró, en el mismo texto, lo que sigue:

“No puede haber un aumento del valor del trabajo sin una caída del lucro” (…) “La proporción que puede ser pagada como salario es muy importante para la cuestión del lucro; porque debe notarse que los beneficios serán altos o bajos en exacta proporción a que los salarios sean bajos o altos.”

En el razonamiento de David Ricardo no figura ninguna ‘ciencia económica’ capaz de hacer calculitos sabios, que dejasen a todo el mundo contento. La lucha de clases… ¿conoces Manuel?

A quienes creen que todo esto es cosa del pasado, un pensamiento arcaico, Percy Barnevik, presidente de la multinacional ABB, les recuerda la realidad de hoy:

“Yo definiría la globalización como la libertad para mi grupo de invertir donde quiera, el tiempo que quiera, para producir lo que quiera, aprovisionándose y vendiendo donde quiera, y soportando las mínimas obligaciones posibles en materia de legislación del trabajo y de convenciones sociales.”

Thomas Friedman, otro economista, un pelín chamuscado de la pituitaria, autor del best seller “El mundo es plano” (un bodrio), escribía en el New York Times:

“La mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño visible (…) Y el puño visible que asegura la seguridad mundial (…) se llama el ejército, la aviación, la fuerza naval y el cuerpo de Marines de los Estados Unidos.”

¿‘Ciencia económica’ Manuel? ¿En serio?

Las otras medidas sugeridas por Manuel Riesco, –más tartas a la crema de la economía vulgar–, preconizan todo lo que ningún gobierno poseído por el gran capital aplicará jamás. Producción local, refinación local, reorientación de la economía hacia el consumo interno, integración de las economías latinoamericanas (mientras el gobierno de Bachelet aprueba el Tratado Trans-Pacífico…), etc.

Manuel Riesco insiste en realizar la reformetas, o reformitas, o reformillas, “asegurando que cada una de ellas refuerce la confianza política de la ciudadanía en la institucionalidad democrática…”

¿Cuál institucionalidad democrática? La de la dictadura. Perdón por repetirme pero la tartufería es inmensa. En todo caso mi pregunta tiene una respuesta: la de Manuel Riesco:

“…la que se ha deteriorado como siempre sucede, precisamente por su incapacidad para superar la resistencia de intereses creados y terminar de corregir las graves distorsiones heredadas del extremismo neoliberal continuado de manera más moderada por la Concertación.”

A confesión de partes relevo de pruebas. Manuel Riesco quiere reforzar la confianza política de la ciudadanía en el esperpento que él mismo denuncia como incapaz de superar la resistencia de intereses creados. Eso se llama lucha de clases, Manuel. Lucha de clases.

Otra pregunta: ¿qué diablos es un “extremismo neoliberal continuado de manera más moderada”?

Extremismo neoliberal continuado por la Concertación, o sea por los aliados de hoy, que son extremistas neoliberales pero en plan ‘moderado’. ¿Reímos o lloramos?

Luego, Manuel Riesco se refiere a los dolores de hoy, la Educación por ejemplo, pero evitando la fórmula célebre que nos viene desde Pedro Aguirre Cerda: Educación pública, laica y gratuita.

Porque solo ‘gratuita’ no resuelve si se trata de darle dinero público a la empresa privada que vende una educación adulterada. Por ese camino nunca, nunca jamás lograremos lo que Manuel Riesco presenta como una realidad inminente: “tener un muy buen colegio público gratuito en cada barrio…”

Manuel Riesco desea estatizar el Transantiago, lo que prueba que no sabe nada de transporte público, pero en la materia no es el único: Andrés Gómez-Lobo podría darle lecciones de ignorancia.

La Previsión no está ausente de las preocupaciones de Riesco. Propone terminar con las AFP y restablecer un sistema solidario por reparto. Lógico. ¿Quién pudiese oponerse a tan buenas intenciones?

En cuanto a la Salud Manuel Riesco se limita a remitirnos (¿’derivarnos’?) a las propuestas de la Comisión Cid. Comisiones… Comisiones...

Al hacerlo Riesco admite que “Algunas de estas cuestiones no estaban en el programa presidencial, pero tampoco las importantes propuestas de democratización del financiamiento de la política y funcionamiento de los mercados surgidos de la Comisión Engel creada a raíz de la erupción de ira popular contra la corrupción, muchas de las cuales ya son ley.”

El cobre tampoco estaba en el programa Manuel… y al respecto no dices nada…

A poco más de un año del término del período presidencial de Bachelet –período poco propicio a iniciativas que debiesen haber inaugurado la presidencia– Manuel Riesco propone “iniciar ahora la discusión de estas materias, como se ha hecho con gran éxito en el proceso Constitucional.”(sic)

No es faltarle el respeto a un intelectual respetable y respetado el ofrecerle el único comentario que parece adecuado: ¡Plop!

Lo mejor de todo es la previsión que Manuel Riesco hace del efecto de las medidas que propone:

“En la medida que la situación económica y política se deterioren, como probablemente ocurrirá, ello proporcionará la energía requerida para que éstas y otras reformas indispensables y largamente postergadas finalmente se lleven a cabo. Al tomar la iniciativa de iniciar su discusión ahora, el gobierno estará en mejor posición para conducirlas responsablemente en caso que se den las condiciones.” (el subrayado es mío).

Sólo le faltó agregar: “Si Dios quiere”. En fin, algo de eso hay cuando Riesco termina escribiendo “Ojalá”, la forma castellanizada de “Inch Allah”, el “si dios quiere” de los musulmanes:

“Ojalá que avancemos por este camino que resulta beneficioso para todos y no sigamos marchando irresponsablemente a caer en la recesión Valdés-Vergara.”

Eso: Si Dios quiere.

Luis Casado para La Pluma, 1° de julio de 2016

Publicado en Politika, el 1° de julio de 2016

Artículos de Luis Casado publicados por La Pluma


 

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Actualizado ( Sábado, 09 de Julio de 2016 16:50 )  

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