La pluma dice lo que el hombre calla...

25 febrero 2018 - 11:54
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Análisis de la "carta al presidente" enviada por los intelectuales liberales

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(Una pretendida síntesis)

Numerosos firmantes, endilgándose el adjetivo de "intelectuales colombianos" y apoyándose en “la inquietante afirmación”, según ellos, proveniente del actual jefe de Estado el cual en tono guerrerista afirmó: “El gobierno no tiene en este momento ningún indicio, ninguna manifestación que nos pueda a nosotros convencer de la buena voluntad de la contraparte en materia de llegar a un acuerdo de paz. Por lo tanto, la acción de la fuerza pública será contundente y seguirá siendo contundente sin ninguna contemplación", lanzan un manifiesto desabrido, sin ningún asidero en la insípida y cruel realidad colombiana.

En su carta, nuestros resignados intelectuales alaban el aparente gesto de no “arriar la bandera de la reconciliación” reconociéndole a este gobierno un pretendido interés por la paz, vendiendo la idea, a lo largo de ella, que la paz es simplemente la entrega de las armas… Nuestro país es un país plural en la empatía social, y este debe ser un primer paso hacia el reconocimiento del clamor centenario y urgente por la Justicia Social, lo cual supera en creces la falsa premisa de la paz tras la entrega de las armas.

Hablan de que en el país operan poderosos intereses de orden militar, económico y político que se benefician con la prolongación de la guerra, y casi que sacan al presidente de la canasta de los bárbaros a sabiendas que esa rancia oligarquía del jockey club también usa la herramienta del terror, y ellos a lo largo de los años de vida republicana, han sido los que han recurrido a todas las artimañas terroristas para acallar la protesta y la oposición críticas.

No se entiende pues cómo se postran ante el cántico de sirenas de "no arriar la bandera de la reconciliación" cuando consuetudinariamente este gobierno ignora todas las denuncias de las víctimas sobre la realidad que se esconde tras la  'ley de tierras' y la 'ley de víctimas', y cuando a  ellas les siguen esquilmando la voz y la vida en sus denuncias y les son desoídos todos sus reclamos.

A los reclamantes de tierras los están asesinando. Y las leyes 'estrella' del santismo esconden mil aristas para legalizar el despojo, como la cláusula que obliga al reclamante, que logre llegar vivo ante los usurpadores, a venderles o rentarles la tierra por obligación legal. En la carta, estos intelectuales pretenden pasar por alto la realidad represiva en el régimen de Santos, la total invisibilización de la realidad de miles de presos políticos; y puestos a hablar de "secuestro", no deja de causar estupor que no traten el tema de los secuestros carcelarios y de los miles de detenidos desaparecidos (Santos en este tema acaba de ofrecer una demostración de crueldad y cinismo sin límites al ofrecerle disculpas a Belisario Betancourt, a Plazas Vega y a todo el ejército, porque por una vez son un poco incomodados por una condena por sus crímenes de desaparición forzada... condena que sabemos que apelarán y que tendrán impunidad gracias a la entrada en vigor del fuero militar... impulsado por el gobierno de "las llaves de la paz").

La carta soslaya olímpicamente la realidad de las leyes "Seguridad Ciudadana",  "1424", y el proyecto del fuero militar. Otra de las cosas que marcan un sentido un tanto 'curioso' es que también insisten en hacer análisis que ignoran rotundamente las declaraciones que diera Santos en Buenaventura de que si no reconoce el conflicto, él y sus generales irían presos y no podrían bombardear a la insurgencia (cosa que pocos parecen haber notado, cuando fue hasta titular del diario El Tiempo).

Visto todo lo anterior, este régimen recibió desde sus inicios la posta de la guerra del gobierno de Uribe, sólo que a ese gesto lo llamó con un seudónimo rimbombante, el cual tiene engolosinado a cierto sector de la socialdemocracia colombiana. Es la esquizofrenia y alienación que empapa a Colombia, sin duda.

Se les olvida también a estos "bienpensantes" que los movimientos armados en Colombia son la resultante de una problemática nacional, construida en numerosísimos años de historia de injusticia para nuestro pueblo… es parte de ella ese terror que ha configurado el latifundio a favor del desarrollo del gran capital. O ¿qué significa acaso ese 68% de colombianos que viven en la pobreza, de 8’000.000 de seres que deambulan por las calles en la indigencia; de 5’000.000 de desplazados por fuerzas oscuras, para que sus tierras ampliaran las fronteras de los latifundios, en la mayoría de los casos en manos del capital  transnacional, mientras que al pequeño campesino no se le permite la sobrevivencia, se le asfixia hasta con legislaciones absurdas, como la actual sobre semillas: la Resolución 970 de 2010, con la que se le prohíbe poseer sus Semillas de Identidad y con ello se le niega la Soberanía Alimentaria?

Fueron esos campesinos quienes hace más de 60 años formaron los ejércitos alzados en armas, las guerrillas liberales, de las cuales algunos pactaron entregarlas y murieron, otros entraron a las filas de nuevos movimientos que posteriormente desaparecieron y muchos más continúan engrosando las organizaciones que perviven en pleno siglo XXI, pues se niegan a ser desplazados, a seguir agigantando las columnas de miseria de las grandes ciudades, a ser payasos y trapecistas en los semáforos para disimular la tarea estatal de llevar servicios básicos mínimos de acueducto, alcantarillado, telefonía, construir caminos y solucionar estratégicamente el problema de la democracia y la pobreza… Problema que no es necesario asumir cuando la tierra está en latifundios, cuando la democracia participativa está secuestrada y el silencio cunde ante la manipulación exhaustiva de la realidad por parte y arte de los medios masivos de comunicación. Además la frontera agrícola cambia y el uso del suelo pasa a ser otro ya no para producir alimentos para la soberanía alimentaria, sino para producir agrocombustibles y expandir la ganadería. Y la ruralidad del campo se transforma en la ciudad, ahogándose en la miseria de sus cinturones. Es en estas apreciaciones sociológicas, políticas y económicas donde se encuentra la raíz del conflicto y no en otra parte.

Nuestros intelectuales también parecen desconocer la problemática de la guerra sucia que corre por cuenta del Terrorismo de Estado, ese que no parece tener nombre y del que no se habla en lo mediático, no se conoce y al que la llave de la paz no le exige el cese del derramamiento de sangre, exterminando de esta forma la participación política civil.

Bajo la falacia de democracia se masacra al pueblo que reclama sus derechos; el aparato militar está presto allí donde los intereses de los grandes capitales lo requieren: Chingaza, Pescadero Ituango, Marmato…, además de mantenerse lanza en ristre por el impulso del saqueo del Patrimonio Natural que dejó de ser propiedad de la Nación para engrosar de esta manera el capital neoliberal globalizado de las transnacionales. ¿O fue que quizás, como con la Democracia, esta propiedad patrimonial natural también fue otro espejismo leguleyo santanderista…?

Nuestra soberanía no existe en un país donde el manejo del narcotráfico es parte de una herramienta sumatoria de dominación: nuestros intelectuales aceptan que se hable de cultivos ilícitos, como si la naturaleza hubiera evolucionado en lícita o ilícita y no como naturaleza…y como si el negocio no se tratara del capital lavado en los grandes bancos del planeta. Parece que estos intelectuales en su carta olvidaron también como nuestro gobierno en actos deshumanizados ponen precio a la delación, a la vida de quienes llaman sus enemigos, ríen de sus muertes, exhiben sus miembros o sus cadáveres y también construyen falsos positivos, apoyados en siquiatras que lanzan al viento mediático lemas de ternura.

Esa carta olvida entre otras cosas, que la Paz necesita de estructura, donde el despojo no exista, la exclusión desaparezca, donde verdaderas reformas agrarias tengan existencia; donde también cese la entrega de nuestro patrimonio natural a las transnacionales. Se trata de construir un país sostenible, no un desarrollo con la ganancia pingüe que propicia el codicioso manejo del poder, pues los colombianos, cuando nuestro patrimonio natural esté agotado, aniquilado, no comeremos billetes de banco. Se trata de tener una Economía de la Naturaleza y no una Naturaleza al servicio de una economía deshumanizante y despilfarradora que amenaza la existencia de la misma especie humana.

Calificamos pues esta iniciativa como un esperpento realmente conservador, por las condiciones que pretende conquistar y la manera como pretende ignorar las causas de las mayorías. No es para nada una iniciativa que en lo filosófico se acerque siquiera al pensamiento liberal.

Recordemos que a estas alturas el mundo está viviendo un recrudecimiento del conservadurismo, prendado de una cierta nostalgia de nobleza. Racismo, intolerancia, exclusión, no son asuntos desconectados que aparezcan como simple reacción contraria al emigrante.  El pueblo colombiano está acostumbrado al populismo conservador, al gobernante de la moral y no de lo político. En el fondo, la propuesta no va más allá de la venia ante el presidente que pone a su disposición "una modesta contribución" para que sea él quien se digne usar la 'llave de la paz'. Este es un tratamiento de la paz, sin mencionar las razones de la guerra. Una iniciativa moral, mas no política ni económica.

De todas maneras y con toda seguridad, ese llamado también quedará en el vacío, pues es tanto el ánimo de mantener la guerra de parte del actual régimen y del imperialismo norteamericano, que ello será uno entre cientos que hasta la fecha se han realizado y que no van a llegar a ninguna parte. Lástima el diversionismo ideológico que desde esos cuarteles de la socialdemocracia 'bienpensante' se llevan al seno del pueblo para mal de todos.

El colofón de tan maniqueo discurso es sin lugar a dudas, que no se encuentra en las manos del actual gobierno ninguna iniciativa estratégica de paz, puesto que en estos dos años ha demostrado hasta la saciedad la inicua visión de demolición del resto del tejido social colombiano, a costa de la sangre, el sudor y las lágrimas de nuestro pueblo. Por ello, insistimos, las mayorías colombianas tienen la palabra y, por ende, el señalamiento del camino a seguir se encuentra en sus manos y no en las de la minoría que apabulla y ha aplastado históricamente los anhelos democráticos y bienpensantes, esos sí, de nuestro pueblo y de sus organizaciones.

Marzo 2012, desde la empatía esencial, equipo de colaboradores de La Pluma

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Carta Abierta al Presidente

Un importante grupo de académicos nacionales y extranjeros ha dirigido una carta abierta al presidente Santos en cuyo contenido destacan la coyuntura tras la última declaración [1] de las Farc, las realidades del conflicto armado y la necesidad de una salida política al mismo. La carta invita al Jefe de Estado a poner sus iniciativas y audacia política al servicio de la reconciliación, al tiempo que advierte la relevancia de la participación ciudadana en tal tarea sin descartar la independencia y cautela por parte del gobierno en eventuales acercamientos.

Fuente: razonpublica.com, 4 de marzo de 2012

Palabras clave:Equipo de colaboradores de La Pluma  carta abierta al presidente Santos  conflicto colombiano  Paz  

Actualizado ( Lunes, 03 de Septiembre de 2012 19:00 )  

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