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Cartas de Pablo Catatumbo - FACR - EP y de Nicolás Rodríguez - ELN sobre el carácter d e sus luchas y sus visiones de paz

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Pablo Catatumbo, FARC-EP: Acerca de nuestro carácter político

 

Pablo Catatumbo versión PDF

Somos un movimiento de izquierda que lucha por la superación del modelo económico y político existente, y por una nación plena de dignidad y soberanía.

AUDIO: https://www.box.com/s/d1e5dfd2391364b8b0b5

Se nos acusa a las FARC EP de dos cosas. La primera, ser el palo en la rueda para un verdadero desarrollo y consolidación de la izquierda en Colombia, y la segunda, de ser los artífices del paulatino giro de la vida política hacia formas abiertas de fascismo durante la última década. 

¿Somos las FARC-EP una talanquera que impide el avance de las tendencias de izquierda en Colombia?

La pregunta surge, en nuestro parecer, de dos situaciones: el desconocimiento sobre nuestra historia y actividad como organización revolucionaria, de un lado, y una obvia intención de desligarnos del campo de las izquierdas en la historia de nuestro país, por el otro. Es como si nuestro surgimiento y desarrollo obedeciera a una suerte de generación espontánea militar única en la historia universal. 

La realidad contrasta con lo anterior. Nuestra historia es producto de la convergencia de las más diversas expresiones de las luchas sociales del pueblo colombiano. Si tomamos el caso de nuestros dos más grandes timoneles, Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, observamos que se juntaron las luchas de los colonos campesinos liberales y comunistas de la cordillera central y el turbión proletario del pueblo santandereano. Dos hombres, dos cordilleras, dos luchas hechas una en las trincheras de Marquetalia. 

En el proceso de surgimiento de los frentes y compañías de las FARC se recogen muchas de las tradiciones político-culturales del campo popular colombiano. Es así como contamos con camaradas provenientes del movimiento indígena, del campesinado rebelde, de la lucha estudiantil, de los afrodescendientes, las mujeres rebeldes, el proletariado, los intelectuales, artistas y el movimiento cooperativo.

VALE LA PENA HACER UN POCO DE HISTORIA. El asesinato de Rafael Uribe Uribe, la persecución a tiros y la conversión en asunto de guerra del socialismo revolucionario de María Cano, la masacre de las bananeras, la santa cruzada decretada contra el joven Partido Comunista por Laureano Gómez, el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán y el subsiguiente período denominado La Violencia, así como la persecución internacional de los partidos políticos colombianos emprendida por Rojas Pinilla, junto a sus salvajes guerras contra Villarrica y el Sumapaz, constituyen acontecimientos de honda repercusión en Colombia, sucedidos todos antes de la existencia de las FARC. 

La represión a la izquierda, el asesinato selectivo de sus líderes y la búsqueda del desmembramiento de sus organizaciones han sido una constante de largo aliento dentro de la historia colombiana, cuya responsabilidad recae directamente en el régimen reaccionario y antidemocrático. Y, lo más importante, esta constante no se vio interrumpida con el surgimiento del conjunto de las guerrillas revolucionarias, incluyendo, obviamente a las FARC-EP. 

La persecución sistemática contra la Unión Patriótica, A Luchar y el Frente Popular, así como la desatada contra incontables organizaciones cívicas, sindicales, campesinas, étnicas o comunitarias no pueden ser examinadas como procesos aislados o casualidades políticas, sino como el ejercicio continuado de la represión antipopular y retrógrada que ha imperado en Colombia. 

Cuando aún lloraba el pueblo la pléyade de grandes dirigentes asesinados por el militarismo en la década de 1980, una Asamblea Nacional Constituyente, convocada con la rimbombancia de quien pretende llamar la atención por el hecho de gritar y no por lo que grita, proclamaba la Carta Magna de 1991. Era ésta una premisa para la imposición imperialista de las políticas neoliberales, que significaban el saqueo abierto del patrimonio y recursos de Colombia. 

NO FUE ESTA CONSTITUCIÓN la ocasión ni el escenario para una verdadera construcción de la paz, sino por el contrario, el sello perfecto para la cooptación de un importante sector del campo popular que se convertía ahora en defensor de la presunta legitimidad del Estado. La dispersión de la izquierda no la imponía la insurgencia, sino que la patrocinaba el régimen. 

He allí otro rasgo que pretenden ignorar nuestros críticos. ¿Por qué no hablan de la cooptación de decenas de intelectuales y analistas ayer ultra revolucionarios e incendiarios, por las instituciones, la academia y los medios de comunicación? ¿Por qué eluden la actuación corrupta y reaccionaria de una gran parte de los integrantes de grupos revolucionarios que renunciaron a la lucha y se acogieron a la desmovilización? ¿No estuvo el gobierno de Álvaro Uribe repleto de exrevolucionarios? ¿No consulta hoy Santos su política de seguridad con quienes hace veinte años lo consideraban un oligarca? 

Este tipo de hecho no puede verse como la sucesión de simples coincidencias, vocaciones tardías o reflujos ideológicos. Se trata de otra estratagema clave del accionar del Estado en contra de la unidad de las izquierdas colombianas. La infiltración, la delación, la perfidia y el embuste han sido tretas permanentes que han hecho florecer cíclicamente el oportunismo y la división en la izquierda. El actual debate permite dilucidar nuevos elementos en esta larga historia de traición. 

Es necesario resaltar que las FARC-EP han participado activamente dentro del campo de las izquierdas colombianas desde su fundación misma. 

Con las comunidades campesinas de Marquetalia, El Davis y Riochiquito, de mayoría liberal, sólo se manifestaron solidarias la izquierda colombiana y mundial. Los partidos tradicionales del Frente Nacional azuzaron el desarraigo, el despojo y la sevicia en contra de unos cuantos labriegos e indígenas que se negaban a regalar años de ardua colonización. Ese mérito signó nuestro rumbo en la lucha por la paz, la democracia, y el socialismo. El camarada Jacobo recalcaba en Riochiquito, hace ya más de cuarenta años, que la resolución de los problemas de las masas campesinas sólo podía darse a partir del triunfo de un frente político, que incluyera a todas las izquierdas y a los verdaderos demócratas y patriotas de nuestro país.

 

EN LA UNIÓN PATRIÓTICA, la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y muchos otros espacios de convergencia y unidad hemos manifestado nuestro carácter definido de combatientes por la libertad y por la construcción de una Nueva Colombia. 

Somos un movimiento de izquierda que lucha por la superación del modelo económico y político existente, y por una nación plena de dignidad y soberanía. Y sabemos que el logro de esto no se derivará de una acción solitaria de nuestra parte. Por ello estamos abiertos a la discusión con todas las izquierdas. 

Durante todos estos años hemos dialogado con diversas formaciones de nuestra izquierda. Maoístas, marxistas-leninistas, socialistas, trotskistas, socialdemócratas, indigenistas y muchas otras vertientes, en espíritu de solidaridad, respeto y franca crítica. Esta tradición, que indudablemente ha tenido pausas lamentables dentro del devenir político patrio, no puede ser abandonada, y seremos reiterativos en ella. 

No se nos puede achacar, de buena fe, la responsabilidad plena sobre el desarrollo actual de la izquierda colombiana. Seguramente tendremos una carga determinada, pero la magnitud de ésta, habría que dilucidarla en un franco debate colectivo de todas las organizaciones que constituimos el campo popular y de las izquierdas de nuestro país.

EN NUESTRO PARECER, QUIENES SOSTIENEN la existencia de una extendida y generalizada crisis de la izquierda colombiana, son los mismos que la conciben simplemente como una representación parlamentaria, asumiendo que el éxito o fracaso está en el número de curules y la popularidad en las encuestas. La izquierda real no se circunscribe únicamente al escenario electoral, sino que tiene un componente vivo, móvil y cambiante en el agitado universo de los movimientos sociales.

Es allí donde cualquier observador avezado encontrará que en Colombia se vivencia un florecimiento de ricas y nuevas experiencias organizativas dentro del campo popular, que se manifiestan en heterogéneas manifestaciones de movimientos, convergencias, expresiones y plataformas que saludamos con la alegría de quien encuentra nuevos amigos y compañeros para su brega diaria. Las FARC-EP no han visto en este creciente y novedoso turbión popular un enemigo o un contrario.

¿Somos las FARC-EP coadyuvantes de la extrema derecha en Colombia?

Quisiéramos partir de una afirmación categórica. Quienes sostienen esta teoría son fundamentalmente los voceros de la socialdemocracia y el liberalismo.

 

Francisco Santos, co dueño de El Tiempo, ex director del diario, ahora director de RCN-Radio, quiere como cerrar los ojos y orejas por las declaraciones de los altos jefes paramilitares que el ex vice presidente de Uribe proponía a Carlos Castaño crear un Bloque Capital para laregión de Bogota. ¿Quien se basa en la extrema derecha sangrienta y quien la estimula?

Así, cada vez que actuamos militarmente, en acciones legítimas propias de la guerra de guerrillas, saltan los críticos y analistas a señalarnos como sustentadores de la pretendida validez de gobiernos de mano dura, y como talanqueras en el camino de una supuesta izquierda, descafeinada y vacua, que no resulta ser ni siquiera oposición.

Se trata a todas luces del guión de las teorías de la conspiración tan en boga en estos días. Un grupo de revolucionarios que combate contra el Establecimiento, su fuerza militar y su paramilitarismo, con el secreto fin de favorecer políticamente a sus misteriosos y clandestinos amigos fascistas. Un libreto repleto de absurdos y contradicciones que sólo puede caber en la cabeza de quienes pretenden que se continúe con la falacia de pintarnos como unos delincuentes sin principios, que en el pasado tuvimos orígenes revolucionarios, pero que ahora no somos más que vulgares narcotraficantes.

Tal hipótesis se contradice completamente con la realidad. Miles de combatientes farianos confrontan en toda la geografía nacional al fascismo y al imperialismo con las armas en la mano, exponiendo sus vidas y entregándolo todo por la revolución. La pregunta es, ¿serán ellos coadyuvantes, agentes inconscientes o colaboradores telepáticos del proyecto de la extrema derecha?

Hagamos un ejercicio de rememoración político-militar.

En 1999 entró el Bloque Calima a realizar masacres, ejecuciones, torturas y violaciones en el centro oriente vallecaucano. Su accionar criminal, abierto y escandaloso no fue en momento alguno repelido por el Ejército o la Policía, ni mucho menos rechazado públicamente por los poderes locales y regionales. Fueron los hombres y mujeres del Bloque Móvil Arturo Ruiz, el Comando Conjunto de Occidente e integrantes del entonces existente Movimiento Jaime Bateman Cayón, quienes confrontaron eficazmente a las tropas fascistas, llevándolas a su completa derrota y al fracaso de su proyecto en esa parte del país.

¿Tendrá sentido afirmar que esto permitió el fortalecimiento de tendencias de derecha en la región? ¿Que condujo a la consolidación de grupos fascistas en el Valle del Cauca?

Es claro que en el andamiaje discursivo montado por los grandes medios en contra de las FARC, existen dos prácticas de intenso uso:

La primera, de uso corriente y orientada al público popular, es la discursiva del narco terrorismo que no es más que la readaptación del clásico terror rojo de la Guerra Fría, que bebe en los más retrógrados mitos del anticomunismo.

La segunda, según la cual la guerrilla tendría, bajo esta versión, unos orígenes medianamente justos, opacados infelizmente por el desarrollo ulterior, la adopción del narcotráfico como supuesta forma de vida y la conversión en una difusa máquina de guerra, al mismo tiempo anquilosada y miope políticamente, así como macabra en el plano militar.

Dentro de esta trama los guerrilleros seríamos simples fichas de los truculentos mandos que, además, buscan contribuir con su accionar al fortalecimiento de su enemigo.

¿Qué designios cruzan por la mente de quienes defienden semejante hipótesis?

 

Pablo Catatumbo, Integrante del Secretariado de las FARC EP

Montañas de Colombia, Agosto de 2012 

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Colombia: Carta Abierta a Alejo Vargas

Carta abierta a Alejo Vargas versión PD

Señor Alejo Vargas:

Respondo su carta del pasado 17 de Septiembre, considerando importante que el país conozca, los puntos de vista que tenemos quienes desde realidades diversas, vemos urgente superar el grave conflicto social y armado que padece Colombia.

Usted ha tenido oportunidad de transitar diversos escenarios políticos y ahora expresa puntos de vista respetables, pero contradictorios.

Se puede argumentar que las condiciones han cambiado, y esto nadie lo refuta; sin embargo en la tragedia colombiana, la historia pareciera repetirse.

Argumenta usted que es urgente resolver el conflicto armado y luego, en un mejor ambiente resolver los problemas históricos que aquejan a Colombia.

Hace varios años, usted estaba de acuerdo conmigo, que esa vieja fórmula era engañosa y peligrosa, por tanto inaceptable. Porqué ahora es favorable y debe acogerse? No lo entiendo.

Usted conoce bien que esa fue la fórmula aplicada a las guerrillas liberales de los años 50, a las guerrillas del M19 y las del EPL a finales de la década de los 80 del siglo pasado.

Si el impedimento para una política que resuelva los problemas sociales, es la existencia de las organizaciones insurgentes, ¿por qué antes de su existencia esa proyección no se la imprimió a Colombia la elite dominante y sí produjo los dolorosos hechos que dieron como resultado el asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán y el levantamiento en armas del entonces?

Acaso Ud. olvida que las promesas a las guerrillas liberales fue la paz, la reconstrucción del país, y la convivencia pacífica para resolver los graves problemas sociales de entonces y que bajo esa premisa se desmovilizaron dichas guerrillas y posteriormente sus líderes fueron asesinados por la oligarquía y se instaló el mal llamado Frente Nacional de ingrata recordación para los pobres durante más de 30 años, y de alta satisfacción para la elite dominante que fortaleció su unidad y se enriqueció aún más?

Entre los logros resaltantes de la desmovilización del M19 se cuenta La Constitución del 91.

Sería interesante evaluar el impacto y cambios que dicha Constitución ha producido en la vida política y social.

¿Qué queda de ella después de los permanentes recortes que le ha hecho esa derecha que impide que se produzcan cambios en el país?

Lo que se ha afianzado son las políticas neoliberales y guerreristas y de esa Constitución solo queda un remedo escandaloso que estremece en su tumba a dirigentes sacrificados en ese empeño como el destacado líder Carlos Pizarro León Gómez.

Señala usted que: “Una negociación de cierre del conflicto interno armado en la Colombia de hoy no puede condicionarse a la resolución de históricos problemas que afectan a millones de nuestros compatriotas”….

Ese punto de vista es tan absurdo como peligroso y atentatorio para el futuro de los cambios que Colombia requiere.

Usted sabe que los orígenes del conflicto colombiano son económicos y sociales y que su agudización parió el conflicto armado; es decir que ante la imposibilidad de encontrar caminos de solución política, a los graves problemas sociales, surgieron las guerrillas revolucionarias de la década de los 60 y diez años antes de ellas, surgieron las guerrillas liberales producto del terrorismo de Estado que asesinó a Gaitán.

No es ningún secreto que la oligarquía colombiana históricamente ha recurrido a la violencia para afianzarse en el poder y aniquilar la oposición. El pueblo colombiano sigue viviendo la larga noche del paramilitarismo y el terrorismo de Estado continúa ejerciendo la guerra sucia.

Ud. en su tesis, hace referencia a la necesidad de desactivar el conflicto armado, entendemos que se refiere a la guerrilla, porque no hace alusión al otro componente del a guerra interna.

No encontramos asidero para darle razón a su tesis, señor Vargas, de que hay que superar el conflicto armado para ahí sí empeñarnos todos en resolver el conflicto social; la consideramos parcializada.

Ud. pasa por alto que millares de compatriotas siguen siendo asesinados por reclamar la tierra que les robó el narcoparamilitarismo, por reclamar con dignidad sus derechos sociales y políticos desde la mal llamada legalidad institucional?

Es pertinente rememorar aquella sabia afirmación de que “Quien no conoce, u olvida la historia, está condenado a repetirla”

Acaso usted comparte la tesis de quienes afirman que el narcoparamilitarismo desapareció, que la estructura terrorista del Estado está desactivada y que la guerra sucia es algo del pasado?

No puede ignorarse que éstos son la otra parte del conflicto armado, mucho más desastrosa y sobre todo repudiable por ser el mismo Estado, quien desde la clandestinidad, los utiliza para eliminar y aterrorizar la oposición política.

Nadie que sea sensato en los análisis de la realidad colombiana, puede negar que esos fenómenos criminales, obedezcan a una política de Estado; las pruebas son muchas e irrefutables.

Mientras esa estructura terrorista del Estado y su socio el narcoparamilitarismo, que sigue siendo parte indisoluble de las instituciones, no se desactive, no existirán garantías para la oposición política.

Las garantías políticas no se establecen por decreto y nada más equivocado que fracturar mecánicamente el conflicto para plantear que primero hay que superar el componente armado guerrillero para luego iniciar el camino de superación del componente social, ese ha sido como dijo alguien “el viejo truco”.

Quien quiera resolver el conflicto social y armado colombiano debe ir a las causas que lo produjeron y si ellas se superan, el conflicto armado será superado por la misma fuerza de la realidad, sin necesidad de sofisticados artilugios.

El pueblo colombiano no es guerrerista, solo que por dignidad y sueños de futuro, ha encontrado en el levantamiento en armas una manera de resistir y buscar un mejor futuro.

Alcanzar esta meta no puede medirse en años sino en condiciones que lo posibiliten, en esto reivindicamos a Camilo cuando dijo “ya hemos comenzado porque la jornada es larga”

El ELN tiene toda la disponibilidad de acudir a una mesa de dialogo con el gobierno del presidente Santos, a buscar puntos de encuentro para iniciar y avanzar en el camino de la paz, siendo realistas en que existen visiones contrapuestas de cómo hacerlo.

Partimos de la tozuda realidad de que ni la lucha armada y popular ha alcanzado la victoria, ni la clase en el poder ha podido derrotar las guerrillas en medio siglo de brutal confrontación y que es urgente buscarle a este grave y desbordado conflicto, una salida política donde aceptándonos como partes contendientes, lleguemos a un acuerdo serio y respetuoso que abra el camino de la reconstrucción del país en un proceso de paz real, estable y duradero que ponga fin al conflicto y le ofrezca a las futuras generaciones una patria en justicia y equidad social, democracia y soberanía.

El ELN tiene toda la voluntad de sentarse a dialogar con el gobierno, considerando que podrá más la sensatez, que la vieja aspiración de imponer la paz romana, de vencedores y vencidos, que es uno de los errores cometidos en los pasados diálogos y que fracasado en estos últimos 50 años.

Colombia para los trabajadores.
Ni un paso atrás Liberación o muerte

Montañas de Colombia

Por el Comando Central del ELN
Nicolás Rodríguez Bautista

Octubre 1 de 2012
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CARTA ABIERTA A GABINO Y AL COCE DEL ELN

Por ALEJO VARGAS VELÁSQUEZ
Profesor Universidad Nacional

Publicado el 16 de septiembre de 2012 - El Colombiano

En mi condición de miembro de la Comisión Facilitadora Civil que ha acompañado varios esfuerzos de paz del ELN con el Gobierno Nacional y del Grupo de Garantes de Casa de Paz, que apoyamos el último intento de diálogos de paz en La Habana, durante el Gobierno de Álvaro Uribe , quiero hacerles públicamente y con respeto un llamado a que reflexionen, valoren que el momento de la paz en Colombia ha llegado y actúen en consecuencia.

El conflicto interno armado colombiano nos ha causado mucho daño; ha sido casi medio siglo en el cual miles de compatriotas han sufrido los efectos negativos del mismo, muertes, heridas, mutilaciones, desplazamientos, secuestros, desapariciones forzadas, para solo mencionar los impactos más protuberantes que han causado dolor, daño, heridas profundas en nuestro tejido social, e impactos negativos en su desarrollo.

Hasta el momento, el modelo de negociación con actores ilegales que ha primado en Colombia ha sido el de ‘negociación a destajo’, negociar pedazos de paz con distintos actores de violencia y eso ha sido parcialmente positivo, pero dejar atrás el conflicto interno armado requiere una negociación simultánea, en conjunto o en paralelo, con las dos guerrillas más antiguas y determinantes de la dinámica del conflicto armado.

Por ello, creo que ustedes deberían, con sensatez política y aprovechando la extraordinaria coincidencia que el Gobierno del Presidente Santos y las Farc han llegado a una agenda y unos procedimientos para ponerle fin al conflicto armado, dar los pasos necesarios -ojalá ya los estén dando, así como el Gobierno- para definir un acuerdo parecido, que permita que la negociación con las dos guerrillas, en la misma secuencia temporal, apunte a una real terminación del conflicto interno armado.

Desearía que Gabino, como el líder histórico y fundador del ELN, la guerrilla en que militó y murió el sacerdote Camilo Torres Restrepo, y el resto del Comando Central, tengan el gran valor de dar este paso revolucionario para los tiempos actuales y el acierto político de comprender que llegó el momento de cerrar este largo conflicto armado entre colombianos.

Así podríamos los colombianos enfrentarnos con entusiasmo a abordar el postconflicto armado y a la construcción de un país sin violencia, con mayor equidad y con una democracia más profundizada, con buenos conflictos, donde los diversos sectores sociales puedan expresar y luchar por sus demandas, sin que los estigmaticen por ser supuestos auxiliadores de las guerrillas, es decir, una democracia actuante, como la merecemos los colombianos.

Una negociación de cierre del conflicto interno armado en la Colombia de hoy no puede condicionarse a la resolución de históricos problemas que afectan a millones de nuestros compatriotas, que es la agenda que debe guiar a todos los colombianos en las próximas décadas; mientras tanto ustedes, como parte de una organización política dentro de la legalidad y con la fuerza de las ideas y del debate democrático, deben y pueden contribuir a que esto se logre.

Así podrían aportar de manera realista, no sólo a construir una sociedad más equilibrada, sino una democracia consolidada, que fueron banderas que estuvieron en los orígenes de sus justificaciones históricas.

Seguramente la Iglesia Católica y otras iglesias, los obreros de la industria petrolera, los estudiantes, los indígenas del Cauca, las negritudes, las iniciativas de paz que han acompañado esfuerzos de diálogos anteriores, estaremos en disposición de apoyar y acompañar el esfuerzo definitivo hacia el cierre del conflicto interno armado y todos reconoceríamos ese paso como una contribución a la paz.

Los protagonistas de la guerra tienen la obligación de concluir y rubricar el fin del conflicto armado.

Fuente: Ejército de Liberación Nacional (ELN), 1 de octubre de 2012

Palabras clave:FARC-EP  ELN  Pablo Catatumbo  Nicolás Rodríguez Bautista  diálogos de paz  Proceso de Paz  conflicto colombiano  La Habana  Cuba  Oslo  Noruega  

Actualizado ( Viernes, 12 de Octubre de 2012 19:13 )  

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