La pluma dice lo que el hombre calla...

14 noviembre 2018 - 20:58
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Pablo «Lo que estamos haciendo es una cuota inicial de paz que es la solución política». Entrevista con Pablo Beltrán Jefe de la delegación de paz del ELN

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Pablo Beltrán, miembro del Comando Central del ELN, está al frente de la delegación de paz de la guerrilla en la mesa de conversaciones de Quito. En respuesta al cuestionario remitido por GARA, incide en la necesidad de cambios sociales que garanticen la construcción de la paz porque «si no hay transformaciones, las condiciones objetivas que producen el conflicto armado van a seguir. Esta generación de guerrillas puede dejar de existir pero vendrán otras». Subraya también que debe ponerse fin a la estrategia contrainsurgente paramilitar y que ello requiere «crear unas mayorías por la paz que obliguen al régimen a dejar de ser antidemocrático y de exclusión».

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Pablo Beltrán. (Federico PARRA/AFP)

«Si no hay transformaciones, las condiciones objetivas que producen el conflicto armado van a seguir. Esta generación de guerrillas puede dejar de existir pero enseguida vendrán otras.»

¿Qué supone para la buena marcha del proceso y la construcción de confianza entre las partes el acuerdo de cese al fuego y de hostilidades bilateral alcanzado con el Gobierno?
La mesa llevaba siete meses trabajando pero estaba prácticamente en un estancamiento porque el Gobierno exigía unos condicionamientos que nosotros no aceptábamos, así no podía fluir la Agenda de seis puntos. Cuando surgió la idea de hacer un cese bilateral, impulsada por nosotros, encontramos una línea media, que cada parte hiciera gestos de confianza que permitieran que fluyera la Agenda y que, al mismo tiempo, demostraran que tanto el uno como el otro queríamos avanzar en la negociación. Este cese es también un mensaje para haya una mayor confianza de la sociedad hacia la mesa. Todas estas son las implicaciones prácticas del acuerdo de cese al fuego bilateral, temporal y de carácter nacional.

El acuerdo fue anunciado en vísperas de la visita del Papa a Colombia. ¿Cuán importante fue para el ELN la visita de Francisco al país?
De todos es conocido que el papa Francisco ha significado un nuevo aire para la Iglesia católica, colocándola en sintonía con los graves problemas que tiene la Humanidad y en una posición progresista frente a esos problemas –la crisis medioambiental, el plan de guerra imperialista, la explotación inclemente de las grandes corporaciones, el aumento de la desigualdad y el empobrecimiento en la población mundial–. Todo ese mensaje que pudiéramos llamar progresista es lo que vino a traer el Papa a Colombia. Esas ideas se conectan con lo que estamos haciendo, es decir, la búsqueda de una solución política al conflicto, atacar la injusticia, la impunidad, y quitarle base a los planes de la guerra imperialista. La visita fue un espaldarazo a la paz y a la solución política; y lo menos que podíamos hacer las partes era darle un saludo, recibirlo bien y como parte de ese saludo decretar este cese bilateral.

¿Y, después del 9 de enero?
El cese está programado para que dure 101 días entre el 1 de octubre y el 9 de enero. Al final se hará una doble evaluación; necesitamos ver si la agenda fluyó, si el punto uno relativo a la participación se desarrolló y despegó con fuerza. También debemos evaluar cómo estuvo el desarrollo propiamente dicho del cese en cuanto a lo que tiene que ver con el cese de operaciones ofensivas y a los alivios humanitarios que cada parte hicimos. Hecha esa evaluación, se podrá mirar qué sigue.

En abril, los miembros del Secretariado de las FARC Pastor Alape y Carlos Antonio Lozada viajaron a Quito para reunirse con ustedes. Y en mayo, ustedes junto a Nicolás Rodríguez Bautista «Gabino» se trasladaron a La Habana. ¿Qué aportaron ambos encuentros al proceso de Quito y a la construcción de una paz estable y duradera?
Ambas mesas estamos tratando de empujar un proceso de solución política, tenemos los mismos adversarios; hay un grupo importante de las clases dominantes que han prometido hacer trizas la paz. Entonces sumar esfuerzos para sacar adelante este esfuerzo de paz y darle continuidad al proceso de solución política es lo mínimo que podemos hacer y, en ese sentido, estamos trabajando.

¿Qué enseñanzas extraen de los diálogos de La Habana y de los meses posteriores a refrendación de los Acuerdos teniendo en cuenta los retrasos e incumplimientos y los atentados contra líderes sociales, guerrilleros indultados, familiares de estos…?
En Colombia existe un refrán que dice que «al que va adelante, le pican las avispas». Observamos cómo va lo de las FARC, cómo fue el método de negociación, cómo está el altísimo nivel de incumplimiento y de todo eso tomamos nota. ¿Qué es lo que más nos llama la atención? Que lo que queda evidente es que avanza el propósito político del régimen no solamente de desarmar a las FARC sino de desbaratarla. Las clases dominantes están muy jubilosas de ver que cerca del 40% de la fuerza de la FARC ha salido, que ya no está dentro de los planes que ellos llevaban como movimiento. Cada uno de ese 40% ha salido para sus hogares a hacer la lucha individual por la supervivencia, entonces eso erosiona fuertemente el proyecto político de las FARC. Por supuesto, las clases dominantes están jubilosas y todas esas enseñanzas están claras para nosotros. El régimen no solamente no resiste que se haga oposición sino que está comprometido a fondo en borrar de la faz de la tierra cualquier esfuerzo que hagamos desde la insurgencia contra ellos, porque son un proyecto de exclusión violenta.

En el libro entrevista «Timochenko, el último guerrillero», el comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, Timoleón Jiménez, realiza una autocrítica de los ataques llevados a cabo por esta guerrilla contra oleoductos por el fuerte impacto ambiental que tuvieron y también de la práctica del secuestro. Y lanza la siguiente reflexión que quisiera trasladarles también a ustedes: «¿Cómo hacer la guerra y mitigar los daños?». ¿Ambas prácticas han beneficiado o perjudicado más la acción insurgente? Al ELN siempre se le reprocha su no renuncia pública al secuestro…

Todo lo que haga la insurgencia no le sirve al régimen y todo el aparato mediático del régimen está destinado a ser propaganda de guerra contra lo que nosotros hacemos. Miremos los dos casos que usted coloca: ¿De qué vive el Estado? De impuestos. ¿A qué dedica los impuestos? A sus planes. ¿Cuáles son esos planes? Los de ellos. Toda la parte social la reducen. Además, cada reforma tributaria tiene el mismo sesgo; recargar más el coste de los impuestos en las clases medias y hacer grandes exenciones a los supermillonarios. ¿Entonces, qué legitimidad tienen esos impuestos? Ah, los que cobramos los revolucionarios sí son malos y los de ellos son buenos. No necesariamente. Ese es un asunto muy de fondo. 

Si nosotros renunciamos a exigir impuestos, vendría una asfixia económica, que es lo que ellos quieren. Tenemos que responder a los ataques mediáticos, pero también tenemos que mantener la fuerza. En cuanto al ataque a los oleoductos, eso es de largo como de ancho los argumentos. En la II Guerra Mundial entre 1939 y 1945, cuando quisieron debilitar a Hitler, se lanzaron todos a acabar con los campos de petróleo en los que Hitler se abastecía. ¿Alguien levantó un dedo por los daños ambientales que hicieron allí? Nadie.

«Tratamos de que nuestras acciones tengan el mínimo de daños colaterales pero, así las hagamos totalmente limpias, van a tener la crítica del régimen, porque para ellos el problema es que existamos.»

¿Ah, que nosotros reventamos una que otra vez un oleoducto y una que otra vez hubo daño ambiental? El problema no es que estamos acabando con una extracción acelerada e irracional del petróleo, sino que estamos haciendo un daño. El daño es criticable y cada vez estamos tratando de que eso no sea así, pero el problema es otro, es que ellos hacen una explotación desenfrenada e irracional del petróleo a un punto tal que en tres años Colombia se va a quedar sin él. ¿Y después de eso qué va a pasar? Vaya usted a saber. ¿Algunos de los candidatos ha dicho algo? Nada. En esto, uno son los contenidos y otras las guerras mediáticas.

Nosotros tratamos de que nuestras acciones que tengan el mínimo de daños colaterales pero, así las hagamos totalmente limpias, van a tener la crítica del régimen, porque para ellos el problema es que existamos.

El ELN se autodefine como una organización político-militar. ¿En qué se traduce esto en cuanto a la cadena de mando y disciplina interna?
Tenemos más disciplina que un partido y menos que un ejército. Esa la principal característica. Por obligación, nuestro trabajo tiene que ser político-militar y político-social. Por ejemplo, en este momento de cese suspendemos las acciones político-militares ofensivas –las defensivas y de seguridad permanecen– pero el grueso de la actividad del ELN se dedica a lo político-social. Nuestra consiga es que siempre debemos estar junto al pueblo, siempre hay que hacer inserción social; nosotros no nos concebimos como una fuerza por fuera de las comunidades.

¿Qué entiende el ELN por una paz completa y quiénes tienen la llave para lograrla?
En el punto 5 de la Agenda hemos dicho que vamos a sacar la violencia de la política, lo que quiere decir es que sigue la lucha por el poder y se aspira a que se haga sin violencia. Eso tiene dos exigencias: nosotros, los insurgentes, dejamos de buscar el poder usando las armas pero ellos, las clases dominantes, dejan de defender ese poder con las armas. Ese es el reto que tenemos como sociedad; eso es un aporte a la paz completa. La Agenda también dice que además de resolver el conflicto armado hay que sentar las bases para una transformación para la paz. Porque si no hay unas transformaciones, las condiciones objetivas que producen el conflicto armado van a seguir. Esta generación de guerrillas puede dejar de existir pero enseguida vendrán otras.

 

En el sentido de una paz completa, lo que estamos haciendo es una cuota inicial de paz que es la solución política. Aspiramos a que haya una democratización de la sociedad, a construir una nación soberana, a que las mayorías digan de verdad lo que se hace y que eso no se decida en Washington, a que haya una reducción determinante del gasto militar y de guerra y este se destine al gasto social, que haya de verdad un gobierno que gobierne para el pueblo… Fíjese que esas cosas no tienen nada que ver con el socialismo. Todo eso es apenas un proceso de democratización de la sociedad y a eso a lo que aspiran este proceso y esta mesa.

¿Cuáles son esos «cambios básicos urgentes» que reclaman?
Colombia tiene una estructura de sociedad muy erosionada por el conflicto, por 70 años de guerra interna. Pero además hay un Estado totalmente carcomido por la corrupción, unos partidos invalidados por la corrupción, un sistema clientelar, de impunidad y corrupto que tiene en jaque a esta sociedad. A grandes problemas, grandes soluciones, pero esas soluciones las tienen que decidir las mayorías nacionales, no el ELN. Hacer otra construcción de sociedad, de país, de nación, es una tarea muy larga, pero hay que comenzarla. Eso son los cambios básicos urgentes.

En la mesa de Quito, recibieron al sacerdote jesuita Javier Giraldo, quien presentó un detallado informe sobre el fenómeno paramilitar. ¿Cómo fue recibido por ambas delegaciones y qué factores siguen propiciando la existencia de grupos paramilitares?
Durante toda una mañana, el padre Giraldo nos dio una clase con evidencias e investigaciones sobre el asociamiento entre militares y paramilitares, y cómo este responde a una política de Estado, las condenas de las cortes internacionales y cómo el Estado debe renunciar a esta estrategia contrainsurgente.

La delegación del Gobierno quedó enmudecida; como esto se hizo delante de los seis países garantes no agregaron nada, se quedaron callados y sobre la mesa quedó una cuestión clara: esa estrategia contrainsurgente paramilitar debe acabar, de lo contrario, el conflicto va a seguir. Es un reto muy grande porque tanto las transnacionales como los grupos mafiosos que se engordan con los negocios ilícitos crean y promueven el paramilitarismo; cada uno por sus intereses económicos se nutre del paramilitarismo y eso se engarza con que el Estado deja crecer y desarrollarse a estos grupos paramilitares porque están en función de los intereses de las minorías dominantes y hacen labores de contrainsurgencia. 

El Estado acaba violentamente con los opositores y, como son paramilitares, dice que no existen y que no pueden responder por ellos. Entonces, todos quedan contentos; las multinacionales y grupos mafiosos siguen haciendo sus negocios, el Estado acaba con la oposición que denuncia todo esto y, en últimas, se mantiene sin asumir responsabilidades por el paramilitarismo. Esa es la forma en la que está estructurado el régimen. Acabar con eso significa crear unas mayorías por la paz que obliguen al régimen a dejar de ser antidemocrático, represivo y de exclusión.

El político Álvaro Leyva Durán auspició una reunión entre las FARC y dirigentes de las AUC, una foto impensable hasta hace bien poco y que aún en el contexto actual sorprende. El presidente Santos dijo que era un «gesto de reconciliación». ¿Cómo valoran esta imagen entre antiguos adversarios y su potencial aporte a la verdad?
Si los paramilitares existen es para que el Estado haga la guerra sucia y no asuma responsabilidades. Pero si los paramilitares se deciden a decir la verdad sería un paso para que quede claro que si existen es por una decisión del Estado y eso obligaría al Estado a decir si va a seguir haciendo lo mismo o va a cambiar. Si esa fuera la dirección de la verdad, sería un gran aporte para resolver el conflicto.

¿Ven factible una convergencia nacional lo suficientemente fuerte como para garantizar la implementación de los Acuerdos de La Habana y blindar la mesa de Quito?
Ese es un aporte que quiere hacer esta mesa; ayudar a la confluencia de sectores y fuerzas alternativas al régimen, ayudar a sintetizar un programa que los una y, por supuesto, que todo eso apunte a crear una tercería electoral que pase la página a que la población colombiana solo puede elegir entre el plan A, que sería Uribe, y el B, Santos. Aspiramos a que eso se acabe y haya una tercera vía que se eche al hombro todo el proceso de paz y la necesidad de impulsar unos cambios básicos urgentes.

¿Qué lectura hace el ELN de la batalla electoral que se avecina?
La batalla electoral se está desarrollando en medio de una crisis de corrupción que afecta a las Cortes, al Senado, al Poder Ejecutivo, a los partidos, a la transnacionales… toda la parte gruesa de la élite dominante está afectada por la corrupción. Eso está minando las propuestas de la derecha y la extrema derecha y le puede abrir un campo a propuestas alternativas. Esa es una oportunidad política importante de proponer programas y confluencias alternativas.

¿Cómo ha ido evolucionando la relación con la contraparte durante estos meses?
En estos siete meses de fase pública hubo un primer momento en el que el Gobierno trató de decir que si no cumplíamos unas exigencias no avanzábamos. En eso nos demoramos seis meses. En el último mes dijimos ‘vamos a hacer un trabajo más colaborativo’ y pongámonos a hacer un diseño de cese al fuego para ver si podemos buscar objetivos comunes. Hemos pasado de un abierto enfrentamiento en el que nosotros rechazamos las exigencias e imposiciones a un segundo momento, más reciente, en el que pactamos el cese.

¿Cómo está viviendo la delegación de paz del ELN esta etapa en Quito?
Todo esto está siendo inédito para nosotros, estar en una concentración permanente en un solo sitio durante tantos meses y abordando unos temas arduos, ásperos y, últimamente, en una concentración más intensa para poder acordar el cese bilateral. Son debates permanentes con la delegación del Gobierno, reportar informes a la dirección superior en Colombia, recibir instrucciones de ellos, armonizar los debates que vienen del interior del ELN con los que hay con el Gobierno y todo eso también genera debates al interior nuestro de la delegación. Es un ambiente de tensión, pero afortunadamente estamos aprendiendo y sacando lecciones y esperamos avanzar como delegación y que  el cuarto ciclo que arranca el 24 de octubre se pueda dedicar a la participación y sacar adelante la agenda.

¿Qué rol juegan las insurgentes tanto en el frente de batalla como en la mesa de diálogos?
En muchos de nuestros frentes el hecho de que la guerrilla lleve un ambiente más de igualdad entre hombres y mujeres se convierte en un imán y muchas mujeres se incorporan en esa aspiración de igualdad. Pero eso no quiere decir que el tema esté resuelto porque esa lucha por lograr la igualdad y salir de esta sociedad machista como es la colombiana también lleva tensiones y debates internos. Cada vez hay más promociones de mujeres para niveles de mando, y que no haya ninguna labor vetada para ellas. Es un esfuerzo bastante complejo. Se vive en esa búsqueda de ser conscientes de que somos una vanguardia en esto y cada vez buscamos mayores niveles de igualdad.

«El hecho de que haya madres guerrilleras y tengan a sus hijos fuera de la guerrilla y solo los vean de vez en cuando es un grandísimo aporte a esta revolución, a esta lucha y es una gran renuncia invaluable que solamente lo sabe la madre que sufre esa renuncia.»

¿Sufren las mujeres y madres guerrilleras un doble estigma por el hecho de estar combatiendo y no al cuidado de sus hijos?
Tener hijos es la aspiración de muchas compañeras y hay que respetarla. Todas quisieran tener hijos pero la guerra impone una limitación; no cualquiera que diga quiero tener un hijo, se puede, porque eso implica gastos, condiciones de seguridad, apoyos… y no tenemos para todos. Hay que hacer una lista y que las parejas más veteranas tengan hijos y que aquella parejas recientemente conformadas hagan cola. Eso es como una primera cuestión para atender los derechos de todos y de todas.

El dilema es muy grande porque por naturaleza la madre quiere cuidar al hijo; está unos meses pero después tiene que regresar a la guerrilla. Los que se busca es que haya familias entre nuestras bases –trabajadores, campesinos– que nos ayuden a cuidar y criar a los hijos. Y a los padres biológicos se les dan visitas para que compartan con los hijos. Pero, eso es muy difícil. Para las madres supone un renuncia muy grande; el hecho de que haya madres guerrilleras y tengan a sus hijos fuera de la guerrilla y solo los vean de vez en cuando es un grandísimo aporte a esta revolución, a esta lucha y es una gran renuncia invaluable que solamente lo sabe la madre que sufre esa renuncia. No todas pasan esa prueba. Es más, las estadísticas muestran que la mayoría de las guerrilleras que tienen hijos se va a cuidarlos y solo la minoría se queda. Y es normal.

Tratamos de conciliar ambas cosas, que ellas puedan participar en esta lucha, pero que también puedan tener los hijos. Es una exigencia muy alta que no todas la resisten y ese es el principal motivo de la salida de las madres de la guerrilla. Entrar en el ELN es voluntario y salir también. Cuando una madre nos dice que no resiste y pide la reubicación, se organiza para que vuelva a sus zonas y cuide a sus hijos. No hacemos de eso una tragedia.

Ainara Lertxundi

Fuente : GARA Naiz, Donostia, 21 de octubre de 2017

Lea en La Pluma:

Alerta: En Colombia, una nueva pacificación disfrazada de paz


 


Palabras clave:Colombia  ELN  Pablo Beltrán  proceso de paz  mesa conversaciones Quito  Ecuador  cambios sociales  garantía construcción de paz  fin estrategia contrainsurgente paramilitar  régimen antidemocrático  exclusión  Ainara Lertxundi  

Actualizado ( Viernes, 27 de Octubre de 2017 23:50 )  

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