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Moulud Yeslem: un saharaui nacido bajo bombas de napalm en el desierto

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“O logramos ciudadanos libres en un país independiente o mártires con el resto de mártires que han dado su vida”. Brahim Gali, presidente saharaui

“Me llamo Mohamed Moulud Yeslem, soy un refugiado saharaui que nació en plena guerra en el Sahara, tengo 40 años, y formo  parte de un pueblo que lucha para  lograr su independencia. Soy un artista, un pintor que cree que un pincel, es un arma de lucha, de libertad y de expresión; y llega más lejos que los misiles, porque llega a los corazones de la gente sembrando vida”.

Conocí  a Moulud en Barcelona, en octubre del 2017, mientras aspiraba a participar en un evento cultural en los campamentos de refugiados saharauies en Tindouf (Argelia).

Después de algunos días de espera extenuante, con lastima, el evento no se desarrolló, nunca pude llegar a los campamentos, por esta vez. Pero tuve el honor y el placer de poder disfrutar del cariño y de la compañía de Moulud, su esposa Olga y su maravillosa niña, Nura.

Mientras radicaba en su casa, quise conocer más sobre la vida de su pueblo,  su lucha y que representa para él  no poder vivir en su patria legitima.

Sáhara Occidental es la última colonia de África dado que se halla entre los 17 territorios no autónomos pendientes de descolonización, según la nómina establecida por las Naciones Unidas, que no reconoce la soberanía que reclama Marruecos sobre el mismo, denunciando la presencia del muro marroquí como una de las principales manifestaciones del colonialismo  en sus dimensiones social, política, espacial y económica.

La guerra en el Sahara, que me está contando Moulud, empieza cuando España, en el 1975, cedió la administración del Sáhara Occidental a sus limítrofes Marruecos y Mauritania, mediante  acuerdos ilegales, desde el punto de vista del derecho internacional, dado que una potencia colonial no puede “ceder” un territorio colonizado por ella a otros Estados.

Después que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) declaró que los habitantes del Sáhara Occidental gozaban del derecho de autodeterminación que constaba en las resoluciones de las Naciones Unidas (CIJ, 1975), el rey Hasan II inició una movilización que pasaría a la historia como la “marcha verde”, o mejor dicho la “marcha negra”, según los saharauis, por su saldo cruento y luctuoso, que implicó el traslado de unas 350.000 personas y 25.000 soldados hacia la zona saharaui para ocupar el territorio. Esto fue acompañado con bombardeos de la aviación marroquí con fósforo blanco y napalm contra los civiles saharauis que emprendían el éxodo forzado hacia el desierto argelino.

En ese marco, varios miles de saharauis huyeron hacia Argelia y el 27 de febrero de 1976 el Frente Polisario (brazo armado del pueblo saharaui)  proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). En 1979, Mauritania suscribió un acuerdo de paz con los combatientes de la RASD y, desde entonces, es solo Marruecos el que continúa afirmando tener soberanía sobre la zona, que incluye el área a la cual Mauritania había renunciado.

Las fuerzas marroquíes y saharauis continuaron por el camino de las armas, hasta 1991, cuando se firmó el alto al fuego y la ONU creó la Minurso (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental), que se encargaría de mantener la paz y de convocar a un referéndum de autodeterminación. Sin embargo, pese a los reiterados intentos por llevarlo a cabo, el referéndum –cuya última fecha fracasada fue el 31 de julio de 2000- nunca se realizó y Marruecos sigue proponiendo como solución al contencioso, brindar al territorio un régimen de autonomía bajo el paraguas de la soberanía marroquí.

Actualmente, alrededor de 165.000 saharauis viven en los campamentos de refugiados cerca de Tindouf (sudoeste de Argelia), dependiendo mayormente de la ayuda humanitaria y a la espera de poder ejercer ese derecho a la autodeterminación proclamado y avalado por la comunidad internacional a través de decenas de resoluciones y declaraciones de varias de sus distintas instancias y representantes.

En 1980, Marruecos comenzó a construir un muro en el desierto para cercar parte del territorio del Sáhara Occidental, con el objetivo de impedir -en pleno enfrentamiento armado- el avance del ejército saharaui del Frente Polisario. La construcción (distribuida en varios tramos) tiene alrededor de 2,5 metros de altura y una longitud aproximada de 2.720 kilómetros.

“Yo, Moulud, soy uno de los hijos de la guerra, y después del éxodo, que duró años para  mi familia, que escapó bajo bombas, caminando en el desierto y pocas veces utilizando camiones, llegué en el 1979 a los campamentos en Argelia. Empecé a estudiar bajo una jaima (tienda de campaña) hasta el 1989, cuando con otros 850 niños y niñas, entre los once  y los catorce años, me enviaron a Cuba para seguir los estudios. Me quedé 10 años y adquirí un carácter fuerte e independiente, porque estuve lejos de mi familia, sin casi contactos y ningún viaje de vacaciones. Nosotros, los niños y las niñas saharauis aprendimos bien temprano a ser responsable de nuestros actos, la situación nos hizo crecer antes de tiempo y la considero la experiencia más bonita de mi vida. Agradezco mucho a Cuba por todo eso, no solo me formó profesionalmente, fue para mí una escuela de vida, me preparó a la resistencia con los otros refugiados y hoy en día la isla caribeña sigue apoyando mi pueblo y creciendo miles de saharauis en sus universidades”.

“El problema de la vida en los campamentos es que dependimos totalmente de la ayuda internacional, es un desierto, no hay agua, tienen que trasportarla desde centenar de quilómetros, no podemos cultivar nada, pero seguimos resistiendo hace 40 años a muchos agresores, porque no es solo Marruecos, son Estados Unidos, es Francia, la más culpable de todos es España, y todos ellos quieren eliminar totalmente nuestro pueblo, quieren que no se escuche su voz,  quieren enterrarnos definitivamente en el desierto de Argelia. Toda esa opresión hizo nacer una Revolución, un sentimiento nacional, un sentimiento de resistencia a pesar deque los enemigos son más poderosos en armas, en economía, en la destrucción. Nos han aislados creando un muro en la comunicación y construyendo un muro de piedras y alambrados, con la ayuda de Israel, para impedir que los refugiados regresen a su patria y lo han sembrados con millones de minas: según la ONU el Sahara Occidental es uno de los 10 países más minados en el mundo, se calcula que en la guerra de los 16 años entre el Frente Polisario, Marruecos y Mauritania se depositaron entre 7 y 10 millones de minas antipersona, que siguen activas hoy en día”.

Moulud, como artista, es muy sensible desde temprana edad a la lucha de su pueblo, y con su pincel quiere dar voz a los sin voz y con sus hermanos, que son pintores también, creó una escuela de arte en los campamentos en el año 2005 para  formar  a los jóvenes. Él considera que la pintura le permite hacer conocer la belleza de la cultura saharaui, pero también denunciar la dureza de la vida en el desierto y dialogar con otros artistas de otros países para sensibilizarlos con su lucha.

“El arte es una herramienta muy efectiva para transformar la sociedad, entonces decidí  poner mi granito de arena para luchar contra las minas antipersonales. Tuve la idea de crear el proyecto ‘Por cada mina una flor’ que quiere sensibilizar sobre la existencia de ese muro asesino”.

“El problema de las minas es que están sembradas muy superficialmente y con las lluvias y las tormentas de arena se trasportan hacia un sitio distinto, y es por eso que cerca del muro nunca existe un lugar seguro por donde  caminar. Lastimosamente sea la ONU sea otras organizaciones no gubernamentales  que se ocupan de desminar, hoy en día, actúan solamente si  reciben subvenciones, si no hay dinero por el medio, no le importa mucho los peligros que representan las minas, principalmente para  los niños y las niñas. Así que no podía quedarme con los brazos cruzados, hicimos un documental, ‘Las flores del muro’ para sensibilizar la gente, donde se ven las víctimas del muro, las mutilaciones, y queremos sembrar una flor artificial por cada mina, hechas de papel, de plástico, de tela y sembrarla frente ese muro, como protesta y acción simbólica de que la paz  vencerá  al final. Ya conseguimos miles de flores, han participado los pueblos de España, de México, de Perú, de Argentina y de otros países europeos”.

“Estoy contento de los resultados porque logré que participaran principalmente niños, niñas y adolescentes. Próximamente queremos lograr  con otros artistas, la compra de una apisonadora, instalarle un control remoto y utilizarla para hacer explotar las minas del muro sin riesgos para las personas”.

 “Personalmente y como miles de saharauis, estas cuatro décadas de combate, solo me dan más fuerzas para luchar, me dan más inspiración creativa para desarrollar un antídoto, cada vez más eficaz y mas fuerte; porque el suelo donde cultivo estos antídotos es el arte, es la cultura de la paz y es la sociedad civil, no solamente la saharaui, sino la sociedad civil mundial”.


“Al final, como pintor, creo que el Arte ha de ser sea una herramienta fundamental para denunciar, para comunicarse en paz entre todos los pueblos, para que el género humano entienda que la vida es única, como el planeta tierra, y si no lo protegimos entre todos y todas  desapareceremos para siempre”.

N.d.A.: (parte histórica tomada de "Muro marroquí: colonialismo y colonialidad en la división del pueblo saharaui" de Luz Marina Mateo, Sahara Press Service)

Ida Garberi

Fuente: Tlaxcala, 17 de enero 2017

Traductions disponibles : Italiano 



Palabras clave:Moulud Yeslem  UMMA  Sáhara Occidental  África  ONU  Ida Garberi  

Actualizado ( Jueves, 01 de Febrero de 2018 20:54 )  

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