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¿El proyecto del aeropuerto de Notre-Dame des Landes ha muerto? ¡Larga vida a la ZAD*!

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Capture_Maxime_Combes_et_Nicolas_HaeringerBisEl gobierno francés acaba de anunciar que definitivamente  renuncia al proyecto del aeropuerto de Notre-Dame des Landes. Al mismo tiempo,  tras las declaraciones del ministro del Interior, que anunció ayer que "los elementos más radicales de la ZAD serían evacuados", indican que se está preparando una operación policial y militar de una magnitud sin precedentes.

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Concentración en la Ombrière del Viejo Puerto, Marsella, 18 de enero

Por supuesto que el abandono del proyecto del aeropuerto es una excelente noticia. Pero el hecho de que se compagine con una evacuación (incluso parcial) de la ZAD no es una decisión aceptable. Renunciar a la construcción de un nuevo aeropuerto en Notre-Dame-des-Landes es la victoria del conjunto del movimiento de oposición contra el aeropuerto: sin este vasto movimiento de resistencia, el aeropuerto ya habría sido construido.

Esta decisión no es el resultado de una conversión repentina de Emmanuel Macron, de su primer ministro Edouard Philippe y del gobierno a  la justicia climática, ambiental, social y económica en su visión de la ordenación del territorio. Se trata de  un éxito histórico, construido en el transcurso de  una movilización de más de 40 años, que logró perdurar porque sucesivamente articuló, alternó o asoció recursos jurídicos, contraperitaje ciudadano, movilizaciones de masas, solidaridad con los campesinos, con los sindicatos de trabajadores (incluido el sector de la aviación), ocupaciones legales e ilegales, resistencia, prefiguración, etc.

La ocupación de la ZAD por sus habitantes históricos, y, en la última fase de la lucha (después del fracaso de la operación César), también ocupada por numerosas y numerosos apoyos "externos", fue un factor decisivo. Por lo tanto, no hay buenos opositores, que deberían quedarse, y  elementos "radicales" que deberían de ser expulsados, sino un movimiento, cuya fuerza y capacidad de (muy) larga duración radica precisamente en su diversidad.

Desde hace mucho tiempo, lo que está en juego en la ZAD también supera en gran medida a la simple oposición al proyecto del aeropuerto. Esta lucha se distingue por su capacidad de volver a situar el proyecto en "su mundo", un mundo en el que el asfalto había prevalecido irremediablemente por encima de los tritones [la manera en la cual la ZAD hace un resumen de su manifiesto: tritones con cretas en contra del asfalto armado, NdT]. Ya no se habla desde hace mucho tiempo de un enfoque de tipo  "no en mi jardín", sino de una ampliación de perspectivas que cuestiona los fundamentos mismos de la decisión de construir un nuevo aeropuerto, en lugar de centrarse en la sola elección de lugar.

El gobierno ha preparado a la opinión pública, a través de engañabobos tan enormes  como trasnochados, pero desafortunadamente siguen siendo muy efectivos, como lo demuestran los numerosos infomerciales a favor de  la intervención policial publicados en la prensa, que incitan al ejercicio de la fuerza brutal contra la ZAD. El despliegue de vehículos blindados, de varios miles de policías, de gendarmes (e incluso el ejército) y los dramas humanos que no dejará de provocar por todos lados, necesitan el mito de un “enemigo interno”, de un "quiste" (como lo dijo Manuel Valls cuando era primer ministro).

Sin embargo, lo que  está en juego en la ZAD debería ser de sumo interés para un gobierno y un presidente de la República que no dejan de disertar sobre el imperativo del cambio climático. Actuar frente al desastre que se avecina significa crear nuevos vínculos entre lo local y lo global, incluso al nivel de políticas públicas. Pensar en las causas, las consecuencias y las alternativas del calentamiento global, de la extinción de especies, el daño que históricamente y de forma colectiva hemos hecho a este mundo desde territorios concretos: esta es, sin duda, la nueva frontera política.

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La ZAD ganó, la ZAD sigue

La ZAD de Notre-Dame des Landes aparece entonces, en su frágil belleza, en sus errores, sus tartamudeos , tanto en sus balbuceos como en sus logros, en su intricada arquitectura, en sus ajustes permanentes, como un lugar espléndido, un territorio único desde donde pensar lo que significa vivir juntos en los tiempos de catástrofes, imaginar y crear nuevas formas de asociación entre seres humanos y no humanos; a revisar completamente la jerarquía de las causas y consecuencias y encontrar formas de tener en cuenta la integralidad de los seres vivos no dotados de palabra .

Quienes se oponen al proyecto del aeropuerto de Notre-Dame des Landes han intentado constantemente dar respuestas a este desafío enumerando todas las especies amenazadas por el proyecto, poniendo de relieve  el desequilibrio total de la relación de fuerza  entre el asfalto y los tritones mediante el diseño de herramientas  sutiles entre los diferentes usos (y entre los diferentes usuarios, tanto humanos como no humanos) de la ZAD. La naturaleza ya no aparece como un espacio neutral, que los representantes  electos pueden decidir adaptar  a su antojo  y que es posible reconstruir algunos kilómetros más  lejos, a través de la compensación de biodiversidad; tampoco es un elemento externo que los activistas puedan defender desde una posición sobresaliente: un deslizamiento que refleja el espléndido lema "no defendemos la naturaleza, somos la naturaleza que se defiende a sí misma".

Desde la ZAD se inventan y se experimentan  respuestas a preguntas tan esenciales para nuestro futuro común: cómo vivir, cómo pensar, cómo amar, cómo oponerse, cómo construir, cómo destruir, cómo soñar, como probar, cómo andar a tientas, cómo hacer sociedad. En resumen: ¿cómo seguir siendo (o  volver a ser) humano en un mundo que se acerca cada vez más del caos? Pasear por la ZAD, bañarse en uno de sus estanques o lagos, habitarla, amarla, soñarla, cultivar un campo allá es un acto fuerte, prefigurando a lo que podría parecer  un futuro liberado del horizonte distópico al que nos acercamos con gran  celeridad.

Hoy, más que nunca, es entonces esencial defender a la ZAD.

*ZAD: en su primer significado, designa una Zone d’aménagement différé, zona de ordenación postergada; el movimiento le dio un nuevo sentido, o sea  Zone à défendre, zona a defender, y también, Zone d’agriculture durable, zona de agricultura duradera [NdE]

Original: L’aéroport de Notre-Dame des Landes est mort? Vive la ZAD!

Maxime Combes Nicolas Haeringer

Traduit par Vir Andres Hera

Edité por María Piedad Ossaba

Fuente: Tlaxcala, 31 de enero de 2018


Palabras clave:ZAD Notre-Dame des Landes  Defensa del territorio  Grandes proyectos inútiles  Macronia  Defensa del ambiente  Dulce Francia  UEropa  Maxime Combes Nicolas Haeringer  

 

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