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Entrevista a Julio Veulens Zequeira, un negro del período revolucionario cubano, junio 2018

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Entrevista a Julio Veulens Zequeira, un negro del período revolucionario cubano

Julio Veulens Zequeira, 81 años, nacido el 31 de julio en La Habana Vieja. Desde niño rechazó la discriminación racial de la cual eran víctimas los negros en la Cuba pre-revolucionaria. Antes de la Revolución fue antipolítico. Luego adhirió a ésta desde joven adulto, como millones de cubanos. Gracias a ella, y haciendo retroceder el racismo en la enseñanza superior, realizó estudios de economía en la universidad.

Además de constructor de inmuebles sociales, a lo largo de su vida profesional trabajó en la Junta Central de Planificación Nacional (JUCEPLAN) hasta el año de su jubilación, en 1999. Como miembro de la delegación cubana, participó en varias negociaciones con los responsables soviéticos para establecer las bases de la cooperación e intercambio solidario entre los dos países. Lo hizo particularmente como encargado de la dirección del Departamento Metales, hasta el período final de la Unión Soviética. Es presidente, desde los años 1980, del Comité de Defensa de la Revolución (CDR) del edificio donde vive con su esposa, uno de los construidos bajo su dirección, en Bahía (reparto Antonio Guiteras), La Habana (Cuba).

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Julio Veulens Zequeira, en Bahía (La Habana, Cuba), el domingo 17 de junio de 2018. Foto: Enrique Fernández Domingo

Entrevista

Estimado Julio, me ha llamado la atención algo que tú me dijiste, que antes de la revolución eras antipolítico. ¿Qué ocurría, por qué cambiaste y te identificaste tanto con la revolución?

Por influencia de un familiar, un tío por parte de madre que no trabajaba pero que era un agente político del régimen de Batista en el barrio Marianao, desconfiaba de todos los partidos políticos. De los comunistas tenía una idea completamente negativa: recibía la revista Selecciones de los Estados Unidos y ahí siempre había un artículo anticomunista, así se fue formando una ideología anticomunista.

Esto cambió en 1959. Casi inmediatamente me incorporé al proceso, conforme se iban promulgando leyes revolucionarias como la de los alquileres; creación de fuentes de trabajo; mejores salarios para todo el mundo; etc., medidas que iban favoreciendo a la sociedad.

Me dijiste que habías trabajado para la planificación económica nacional desde 1960 hasta 1999. ¿Cómo fue tu experiencia en ese campo?

Como para muchos cubanos, mi cambio fue rápido. En el periódico salió una nota para formar parte de una actividad económica, respondí a la nota y ahí me captaron, dentro de los 20 seleccionados. Así desde el año 1960 formaba parte de lo que será luego la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN).

Empecé a trabajar con un haitiano llamado François, a quien lo contrató el Che. Era un economista del mundo capitalista. François le propone al Che, jefe del Departamento de Industrialización, hacer un grupito con la finalidad de hacer trabajo de racionalización en la actividad económica (buscar la mayor eficiencia con el menor gasto). En ese grupito hacíamos prácticas con ese tema: íbamos a las fábricas y proponíamos cómo racionalizar para mejorar los resultados económicos, tarea hecha generalmente con ingenieros industriales. El grupo pertenecía a un departamento del Instituto Nacional de Reforma Agraria cuyo presidente era Carlos Rafael Rodríguez (economista).

Luego hubo problemas con François. Se disolvió el grupo y decidieron incorporarlo al reciente organismo creado por el gobierno, la JUCEPLAN. Miembros de esta Junta eran, entre otros, Fidel, el Che, Rodríguez y Regino Boti. El objetivo de la JUCEPLAN era hacer los planes económicos del país. En él me ubican en el Departamento de Industrias Alimenticias, desde donde se empiezan a dar los primeros pasos del plan de la economía del país -año 1962. Se elaboraron una serie de formularios de preguntas para las distintas empresas, para obtener informaciones con la finalidad de saber su capacidad productiva, la evolución de su producción en los últimos años, qué productos tenían, etc.

Me dieron la tarea de ir para la antigua provincia de Oriente y visitar todas las fábricas y llenar todos esos formularios. En ese tiempo ya existían empresas intervenidas: estaban los dueños, pero había un interventor (generalmente un miembro del Ejército Rebelde). Terminé mi trabajo en un mes. En las empresas no intervenidas no hubo problemas para obtener información, pero en las empresas intervenidas faltó información; hubo dificultad en la obtención de los datos, vale decir que los dueños ya estaban berreados.

Me hablaste de algunas experiencias que habías tenido en los inicios de la revolución frente al racismo. ¿Podrías contarme?

Cuando yo fui a Oriente (a Holguín) en el año 1960, en el parque principal, los blancos se concentraban en el centro y los negros tenían que caminar por fuera.

En 1961, por los conocimientos de construcción que tenía, en agrimensura, por ejemplo, en la Dirección de Azúcar que había en la JUCEPLAN, me preguntan si yo me atrevo a hacer un levantamiento en el Central Jaronú, con la finalidad de su electrificación. Acepté. Hubo que pedir permiso al Departamento de Industrias Alimenticias. Me pusieron un dibujante para que vaya conmigo al Central. Dificultades en hacer trabajo no hubo ninguna (nos dieron la casa del administrador). Ocurrieron hechos. Mi acompañante, Mario era blanco, yo soy negro. Nos dimos cuenta de que cada vez que llegábamos a algún lugar, la gente se iba y nos dejaban solos: en la sala de billar, en el local para ver la televisión, … A nosotros no nos importaba eso, pero la gente se iba. No le dimos mayor importancia, hasta el momento en que vamos al cine del Central. En el cine, las butacas la tenían divididas: dos tercios de las butacas para los blancos, un tercio para los negros, con un pasillo divisorio. En La Habana no existía eso. Mario y yo nos sentamos en la parte donde se sentaban los blancos: lo hicimos a propósito. Aquí me siento yo por que me da la gana, ¡no fue que nos equivocamos! Entonces la gente empezó a mirar y a mirar y a mirar hasta que Mario, que no tenía ni 20 años, formó tremendo escándalo: La Revolución no se había hecho para que siga eso. En aquel tiempo todavía habían “alzados”; nosotros estábamos armados.

Al otro día nos citaron a una reunión, entonces nos explicaron, que era una tradición. Nosotros dijimos que esa tradición se tenía que acabar, que no se había hecho la Revolución para mantenerla. Yo no sé si eso se acabó inmediatamente. Pero estoy seguro de que ahora eso ya no existe.

En la JUCEPLAN ¿existió algo parecido, o era diferente por el hecho de tener su cede en La Habana?

Siempre me mantuve en la JUCEPLAN, por 39 años, hasta mi jubilación, el año 1999. En mi organismo, aunque no existía una discriminación abierta, de hecho había discriminación. ¿Porqué? Por que la cantidad de negros en el organismo era ínfima: un 3 o 4%. Y negros dirigiendo, solo una mujer que fue directora, que era del grupo inicial de François. Yo incluso, estuve al frente de un departamento (de metales) pero nunca me nombraron oficialmente ni me pagaron como jefe de departamento.

Te puedo decir más, los altos dirigentes se han referido a eso, a ese tema. Ahora hay una orientación para que se dé las estadísticas de cómo está distribuida por grupo racial.

Muchas gracias, Julio, por haberme acordado esta breve pero intensa entrevista.

Entrevista realizada el 30 de junio de 2018 en su domicilio en Bahía.

Entrevistador: Vicente Romero. Historiador, departamento de español, Universidad de París 8.

El título y el subtítulo han sido añadidos por el entrevistador.

Fuente: ALHIM, 11 de julio de 2018


Palabras clave:Cuba  La Habana  Bahía  periodo revolucionario cubano  cuba pre-revolucionaria  racismo  discriminación racial  JUCEPLAN  CDR  ALHIM  América Latina Historia y Memoria  La Pluma  Vicente Romero  ulio Veulens Zequeira  

Actualizado ( Martes, 17 de Julio de 2018 00:31 )  

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