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#NIUNAMENOS: Balance de la movilización del 3 de Junio

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La CalderaBisHoja de Coyuntura. Junio 2015. Parte II. 

Cómo llegamos al “Ni una menos”. Un grupo de periodistas, muchas explícitamente oficialistas, viralizaron en pocas horas una consigna que prendió en miles. El motivo seguramente fue una sensación de malestar generalizado ante la cantidad de mujeres muertas en manos de violentos, condenadas por la justicia patriarcal o simplemente por la empatía y el reconocimiento con las víctimas de femicidios.

Sin embargo, un proceso de acumulación política y una militancia organizada permanente que viene disputando e instalando (en términos de políticas públicas, en los medios de comunicación, en los diferentes territorios) el eje de la violencia patriarcal como un tema de carácter público, se puede rastrear por detrás de este “hartazgo” generalizado. La tarea de interpelación social, la lucha constante en las calles, las tareas de denuncia, las experiencias colectivas, el acompañamiento a las mujeres que deciden luchar por sus derechos y exigir justicia, los  reagrupamientos que de estas luchas surgieron, son algunos de los procesos que los responsables materiales, de la violencia y sus cómplices venían logrado en alguna medida invisibilizar hasta que llegó este tres de junio. 

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Más allá de la cooptación, ridiculización y mediatización de los reclamos y las consignas, podemos decir que el “Ni una menos” expresó un avance real en la correlación de fuerzas de la lucha antipatriarcal a nivel nacional. Aún marginales, en tanto alternativa para las masas, las expresiones de izquierda, clasistas y feministas, lograron visibilizar sus consignas, su fuerza material y simbólica.

Los reclamos concretos hacia el Estado del “Ni una Menos” fueron: Implementar y monitorear el Plan Nacional de Acción para la Prevención de la Violencia; garantizar el acceso a la justicia de las víctimas; elaborar un Registro Oficial Único de Víctimas; que se implemente la Ley de Educación Sexual Integral; garantizar la protección de las víctimas con algún tipo de monitoreo; entre otros. 

Es decir que se plantearon reivindicaciones progresivas, aunque sin identificar la problemática en el marco estructural que plantea la sociedad patriarcal en que vivimos, por lo tanto con una perspectiva y tareas a asumir más bien difusas.

Por ejemplo, en el documento oficial de la movimilización en Ciudad de Buenos Aires, se plantea: “El problema es de todos y de todas. La solución hay que construirla en conjunto. Necesitamos sumar compromisos para cambiar una cultura que tiende a pensar a la mujer como objeto de consumo y descarte y no como una persona autónoma”. Sin embargo, también recupera concepciones centrales del pensamiento feminista critico: “El femicidio es la forma más extrema de esa violencia y atraviesa todas las clases sociales, credos e ideologías. La palabra “femicidio” es, además, una categoría política, es la palabra que denuncia el modo en que la sociedad vuelve natural algo que no lo es: la violencia machista. Hablamos entonces de una cultura de la violencia contra las mujeres. Hablamos de hombres que piensan que una mujer es suya y que tienen derecho sobre ella, que pueden hacer lo que quieran, y que cuando esa mujer dice NO, la amenazan, le pegan, la matan para impedir que diga NO (...) el femicidio no es un asunto privado, es producto de una violencia social y cultural que los discursos públicos y de los medios vuelven legítima, cada vez que alguien le dice puta a una mujer porque ejerce su sexualidad libremente, cada vez que alguien la juzga por las medidas de su cuerpo, cada vez que alguien la mira con sospecha porque no quiere tener hijos, cada vez que alguien pretende reducirla simplemente al lugar de la buena esposa o la buena madre, destinada a un varón (…) Lo privado es político. Cada mujer que se atreve a decir basta, que quiere dejar de ser víctima para convertirse en sobreviviente, desafía a toda la estructura de la violencia machista. Y porque decimos NO, podemos decir sí a nuestras decisiones sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas afectivas, nuestra sexualidad, nuestra participación en la sociedad, en el trabajo, en la política y en todas partes”. 

Esta movilización expresó el avance en el sentido común de la consciencia sobre la problemática, a la vez que el intento por parte de sectores de los partidos burgueses  y su intelectualidad afín de “domesticar” la reivindicación y confinarla en un sentido de mero “cambio cultural” o a lo sumo algún debate menor sobre la política pública, despojándola de sus aristas más rupturistas. A nivel de la política estatal, representó la fuerte visibilización de la contradicción entre una mayor cantidad de leyes y organismos abocados a la problemática, y su escasa implementación y efectividad para lograr resultados reales.

En fin, que el “Ni una menos” marcó una saludable unidad de acción frente al sector más retrógrado de nuestra sociedad que sigue siendo numeroso; a la vez que se da una disputa por la hegemonía dentro del movimiento feminista entre el discurso exitista del Gobierno Nacional - cada vez más comprometido con la Iglesia con "rostro humano" de Bergoglio - por un lado y las fuerzas anticapitalistas y antipatriarcales por el otro. Si bien vemos que las tareas políticas cotidianas, en los barrios, en las universidades, con nuestras compañerxs en los lugares de trabajo, en nuestras propias organizaciones, siguen siendo defensivas, de desnaturalización y denuncia, de resistencia y de acompañamiento, también es cierto que es notoria la acumulación de fuerzas en nuestra tendencia anticapitalista-antipatriarcal. A la vez que nuevos desafíos se presentan, vamos avanzando en una mayor intervención política general, clarificación estratégica y una mayor incidencia. En un escenario que se avecina más regresivo en términos de política pública, ajuste y derechización, se visualiza un panorama de recrudecimiento de la violencia contra las mujeres y las identidades sexogenericas disidentes.  Pero lxs de arriba saben que estamos en mejores condiciones para enfrentar esta ofensiva patriarcal.  

Ante las movilizaciones masivas, la participación directa en las calles de importantes sectores de la sociedad, la politización del sentido común en relación a la problemática, la consolidación de un núcleo de buen sentido disperso, la capacidad de incluir otras dimensiones y demandas más allá del femicidio, tenemos el desafío de redoblar nuestras fuerzas, repensar estrategias que logren capitalizar en esta coyuntura e intentar incluir otras dimensiones y demandas (Ni una menos secuestrada para las redes de trata, Ni una menos muerta por aborto clandestino, etc) para fortalecer un espacio clasista y feminista que se proponga orientar el movimiento de mujeres/feminista/lgtbiq, hacia una perspectiva antipatriarcal y anticapitalista, en articulación con las organizaciones de izquierda, con independencia del Estado y la Iglesia.

 Fuente: La Caldera, Junio 2015

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Actualizado ( Jueves, 23 de Julio de 2015 19:13 )  

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