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FARC-EP y Gobierno de Colombia firman nuevo acuerdo final (+ Videos)

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Colombia: Gobierno Nacional  y Las FARC-EP: Comunicado Conjunto #74 Comunicado conjunto : Firma del Acuerdo final

El Gobierno Nacional y las FARC-EP atendiendo el clamor de los colombianos y colombianas por concretar su anhelo de paz y reconciliación, hemos alcanzado un nuevo Acuerdo Final para la terminación del Conflicto armado, que integra cambios, precisiones y aportes de los más diversos sectores de la sociedad y que revisamos uno a uno.

La construcción de una paz estable y duradera, objetivo al que responde este nuevo Acuerdo, debe ser el compromiso común de todos los colombianos que contribuya a superar la polarización y que recoja todas las expresiones políticas y sociales.

Invitamos a toda Colombia y a la comunidad internacional, siempre solidaria en la búsqueda de la reconciliación, a acompañar y respaldar este nuevo Acuerdo, y su pronta implementación para dejar en el pasado la tragedia de la guerra. La Paz no da más espera.

Al finalizar el día, los colombianos podrán consultar en la página www.mesadeconversaciones.com.co un documento en el que se señalan las modificaciones y los nuevos elementos. La integración total de los textos del nuevo Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera quedará disponible en próximos días.

Mesa de conversaciones, 12 de noviembre de 2016

https://www.youtube.com/watch?v=ZfPm4W6hbKg

Fuente: teleSUR tv, 12 de noviembre de 2016

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Ivan Marquez_pazBisDiscurso de cierre del Acuerdo Definitivo de Paz de las FARC-EP

Está triunfando la paz, no lo dudamos. Nos sentimos orgullosos de que Colombia siga siendo referente mundial de paz.

Nuestro saludo cordial al Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, y por su intermedio, a los comandantes Fidel y Raúl que generosamente ofrecieron su territorio y la logística necesaria para que los colombianos resolviéramos nuestras diferencias; Saludo a los representantes de los países garantes, Noruega y Cuba que estuvieron siempre al lado de los plenipotenciarios en los momentos más difíciles y los de satisfacción impulsando contra viento y marea los avances de la Mesa; Saludo a los “ángeles de la guarda” del proceso de paz, como denominara Roy Chaderton a los acompañantes de la República Bolivariana de Venezuela y de la República de Chile. A nombre de Colombia, gracias por ayudarnos durante tanto tiempo a encontrar la senda de la reconciliación y la paz. Gracias por su inmensa solidaridad.

Doctor Humberto de La Calle y representantes del Gobierno de Colombia

Compañeros de la Delegación de Paz de las FARC

Compatriotas:

Hemos trabajado de manera incansable día y noche para entretejer en un solo cuerpo de consenso los elementos del nuevo acuerdo final sobre el que empezaremos la edificación de la paz estable y duradera para Colombia.

En el día de hoy, como resultado de la inquebrantable voluntad y decisión de las partes, de su perseverante búsqueda de una solución política a la dilatada confrontación armada, presentamos a la nación colombiana el nuevo Acuerdo de Paz DEFINITIVO, que preferimos llamar el ACUERDO DE LA ESPERANZA, poderoso instrumento para la democratización del país y para la materialización de los derechos de la gente. 

Han sido semanas de arduo trabajo, de audiencias sucesivas, de ejercicio humilde de escuchar con interés y respeto, de interlocución con el más amplio espectro del movimiento social y político, y de las iglesias. Han sido semanas de muy difíciles pero fructíferas conversaciones con la delegación gubernamental que han permitido reafirmar la vocación de paz y reconciliación de un país, al tiempo que han posibilitado comprender y aclarar dudas e inquietudes razonables de diversos sectores de la sociedad, y también desvirtuar tergiversaciones y falacias respecto del acuerdo suscrito el pasado 26 de septiembre en la Ciudad Heroica, Cartagena de Indias.

El resultado del plebiscito del 2 de octubre produjo un impacto, que además de atascar los mecanismos de implementación previstos, pusieron en serio riesgo cinco años de esfuerzos en la búsqueda de la reconciliación. 

Pero para fortuna de millones de compatriotas, la paz sigue su marcha irrefrenable, IRREFRENABLE. Las espontáneas y multitudinarias movilizaciones sociales de apoyo a la paz activadas por la juventud, las numerosas manifestaciones de organizaciones sociales y populares, de partidos y movimientos políticos, y el reiterado acompañamiento de la comunidad internacional, nos incitan pensar que se ha iniciado el gran cambio histórico hacia una sociedad auténticamente democrática, pacífica y justa. 

Los resultados de octubre también nos llevaron a pensar en sentido más reflexivo acerca de los límites de la democracia liberal y de la regla mayoritaria, particularmente cuando ésta se establece bajo las condiciones de mayúscula abstención y cuando están de por medio decisiones de semejante trascendencia, como las que conciernen a la posibilidad histórica del buen vivir y en paz para las nuevas generaciones.

Recordamos, en ese contexto, nuestras visiones de democracia discutidas en la Mesa, que apenas alcanzaron a ser recogidas de manera muy parcial en el acuerdo sobre “apertura democrática”. Y reforzamos nuestras certezas acerca de la necesidad de luchar por nuevos entendimientos, diseños y procedimientos democráticos que trasciendan el simple sufragio, a fin de garantizar una verdadera participación social y ciudadana en los asuntos que inciden sobre la vida nacional. 

Aún en condiciones de esa precariedad democrática, en la medida en que accedimos al procedimiento de refrendación plebiscitaria en la búsqueda de la paz deseada, entendimos que pese a la débil mayoría, teníamos el compromiso político de aceptar el resultado adverso y de atender las múltiples voces que lo habían propiciado, distinguiendo entre aquellas que manifestaban preocupaciones sinceras por un nuevo y mejor acuerdo, y otras que tenían la pretensión de erigirse en obstáculo para el logro del propósito superior, aunque dada la coyuntura se cobijaran también con el manto y el discurso de la paz. 

Comprendimos mejor, entonces, el sentido del pluralismo y de la diversidad, de los intereses particulares y de grupos y sectores específicos del conglomerado social, que -en medio de la conflictividad que es inherente al orden vigente- merecen respeto y reconocimiento. El mismo que demandamos hacia nosotros.

Así es, que, en atención a ello, nos dimos a la tarea, junto con el Gobierno Nacional, de reabrir la discusión en la Mesa de La Habana, para considerar -con el rigor exigido por las circunstancias- todas y cada una de las propuestas de precisión y ajuste del acuerdo suscrito el 26 de septiembre, bajo el entendido de que se trataba de un perfeccionamiento de lo ya convenido, teniendo en cuenta lo manifestado por todos los sectores políticos y sociales que participaron en un plebiscito cuyos resultados no debían comprenderse como una negativa al acuerdo de paz, sino como un llamado a su mejoramiento.

Aunque la X Conferencia Nacional Guerrillera refrendó el texto de un acuerdo que para nosotros ya estaba cerrado, comprendimos la importancia de reformularlo con un mayor consenso que incorporara muchas voces que estuvieron ausentes durante el proceso de conversaciones, y que incluso habiendo dicho No tienen su sentimiento del lado de la reconciliación.

Somos conscientes de que la posibilidad real de desatar la potencia transformadora de los acuerdos descansa sobre su legitimidad política y social. Por tal razón, nos produce una inmensa satisfacción anunciar que al tiempo que el nuevo Acuerdo alcanzado preserva la estructura y espíritu del primer acuerdo convenido, incorpora un sinnúmero de ajustes y precisiones, que recoge observaciones y nuevas propuestas de redacción, que formula aclaraciones y despeja dudas donde se consideró necesario. Por ejemplo, en materia de Jurisdicción Especial para la Paz se incorporaron no menos del 65% de las propuestas provenientes de los diversos sectores que votaron NO en el plebiscito; casi el 90% de las iniciativas referidas al polémico tema de género; y algo más de 100 variaciones que tocan los temas concernientes a Reforma Rural Integral, Participación Política, Nueva política antidrogas, Víctimas, Fin del conflicto e implementación y verificación. 

Al respecto, de nuestra parte hemos cedido, incluso extendiendo fronteras que nos habíamos trazado, desplazándolas hasta los límites de lo razonable y aceptable para una organización político-militar cuyas armas no fueron vencidas; que acudió por tanto a la mesa de diálogos a una negociación y no a un proceso de sometimiento; y que ha tomado la decisión de participar en la vida política legal, si se cumple un conjunto de condiciones que lo hagan posible.

Le decimos a la sociedad colombiana que hemos realizado nuestro mejor esfuerzo por responder a los anhelos de paz, y podemos afirmar con la frente en alto que hemos cumplido y que al nuevo acuerdo, el único camino que le espera, es su implementación, teniendo en cuenta que con él quedan sentadas las bases para comenzar una tarea aún más difícil y compleja: la construcción de una paz estable y duradera, a la que esperamos se puedan sumar, con nuevos aportes, fruto de su negociación, los compañeros del Ejército de Liberación Nacional, y que toda la institucionalidad del Estado, el poder Ejecutivo, el Congreso de la República, la altas Cortes, la Fiscalía General de la Nación, las Fuerzas Militares y de Policía, asuman su respaldo.

Con el nuevo Acuerdo Final se generan condiciones para iniciar el difícil proceso de la reconciliación nacional, propósito que compromete a las diferentes clases sociales, al empresariado nacional, a los sectores medios de la población, a la clase trabajadora urbana y rural, a los intelectuales y artistas, a los trabajadores de la cultura, a las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, a la comunidad LGBTI, a las mujeres y hombres del común, y desde luego a nuestros guerrilleros, que con expectativa han estado en paciente y disciplinada espera; y también a todos los partidos y movimientos políticos y sociales.

La firma de este nuevo acuerdo debe dar inicio a la construcción del país de la concordia que llevamos en el corazón y con el que hemos soñado durante toda la vida. Pero el solo acuerdo no es suficiente, porque un papel florecido de promesas y buenas intenciones, sin veeduría ciudadana, fácilmente puede ser arrastrado por el viento de la desidia hacia el desierto de la nada y la frustración de la esperanza. Lo reiteramos: el principal garante del cumplimiento y la implementación de los acuerdos, además del componente internacional, es el propio pueblo y sus organizaciones, porque nadie mejor que él puede sentir la urgencia de su concreción, porque toca con su dignidad y su derecho a vivir en paz.

Está triunfando la paz, no lo dudamos. Nos sentimos orgullosos de que Colombia siga siendo referente mundial de paz.

Reiteramos el llamado que hiciéramos con el Gobierno a concertar con todas las fuerzas vivas del país, “un gran ACUERDO POLÍTICO NACIONAL encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un nuevo marco de convivencia política y social”.

Es tiempo de paz; de despliegue de una contienda política que admita, sin el ejercicio estructural de la violencia y el recurso de las armas, la existencia de diversas visiones de sociedad y en la que se pueda luchar por ellas por la vía democrática. Que la contienda se traslade al campo de las ideas enarbolando en lo más alto de las conciencias, la bandera de la verdad y de la honradez.

Que nadie trunque los sueños y las esperanzas de millones de almas. Hagamos de la paz una condición estable y duradera sobre la base del respeto a los derechos del pueblo y la justicia social. Nuestro futuro está fuertemente ligado al derecho a la tierra, a la salud, a la educación, a la vida digna, para que nadie en Colombia recaiga en la desesperanza. Ha llegado el momento de la construcción de sueños y de darle vida a la esperanza mediante la lucha política, llenando nuestros corazones del más inmenso amor por la patria.

Con la voz del tribuno del pueblo Jorge Eliécer Gaitán, digamos una vez más: “Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio...”.

Que renazcan, entonces, de la luz de este Acuerdo de Paz, las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia para que invadan con su amor y reconciliación todos los rincones de este gran Macondo que es Colombia.

Amamos la paz, amamos a Colombia. Que Dios y el comandante Manuel Marulanda Vélez, bendigan este acuerdo.

Muchas gracias.

DELEGACIÓN DE PAZ DE LAS FARC-EP

https://www.youtube.com/watch?v=MJGkB2YSfWo

Fuente: teleSUR tv, 12 de noviembre de 2016

_______________

humberto de la calle1BisDeclaración del Jefe de la Delegación del Gobierno, Humberto de la Calle

Buenas tardes,

Después del resultado obtenido el pasado 2 de octubre en el que más de seis millones de colombianos expresaron mediante su voto los reparos al Acuerdo firmado entre el Gobierno y las FARC, comprendimos que era necesario trabajar con celeridad y responsabilidad en la búsqueda de un nuevo Acuerdo. Un Acuerdo incluyente y respetuoso.

A partir del mismo 3 de octubre, los colombianos hemos sido testigos de un ejercicio profundo de diálogo.

Además de las múltiples reuniones que sostuvo el Jefe de Estado con los diferentes líderes del No, muy rápidamente designó una Comisión conformada por el Ministro de Defensa, la Canciller y por mí, en calidad de Jefe Negociador; en la que también participaron el Equipo Negociador, el Ministro del Interior y el Alto Consejero para el Posconflicto y el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo; con el propósito de sostener diálogos abiertos y recoger inquietudes, preocupaciones y sugerencias al Acuerdo para la Terminación del Conflicto.

Fue un esfuerzo genuino, leal, que nos permitió recopilar la totalidad de las iniciativas, ordenarlas, estudiarlas a fondo, luego de cerca de cien horas de intercambio directo de opiniones en un ejercicio constructivo, franco y democrático.

Después de terminar las reuniones con los voceros del No, viajamos a La Habana para discutir con las FARC las preocupaciones expresadas en Bogotá, insistir en la importancia de incorporar el mayor número de propuestas al texto y trabajar en la construcción de un nuevo Acuerdo que cumpliera en lo posible con las expectativas de muchos colombianos.

Las reuniones con la delegación de las FARC fueron igualmente intensas. Más de 15 días y noches de trabajo reuniones con discusiones arduas dada la complejidad de los temas. Debo destacar el ambiente constructivo y la buena voluntad de las delegaciones para trabajar con disciplina y seriedad.

Este nuevo Acuerdo fue además una oportunidad para aclarar dudas, resolver inquietudes pero sobretodo para unirnos los colombianos.

Una vez más nos probamos que, a pesar de las diferencias y visiones distintas, a través del diálogo es posible llegar a puntos de encuentro.

Esta tarea la asumimos con compromiso, respeto y responsabilidad. Pensamos en los colombianos, en sus expectativas y sus válidas inquietudes, pero también trabajamos con la certeza de que no hay más tiempo que perder. Estamos convencidos de que este documento señala caminos viables y posibles para acabar con tantas décadas de conflicto en Colombia.

Ahora deseo hacer una confesión personal: Dije que el Acuerdo del 26 de septiembre era el mejor Acuerdo posible, aunque era también susceptible de críticas. Y señalé que esa afirmación no se hacía desde la arrogancia. Era el mejor por cuanto permitía dar por terminado el conflicto, no para desestimar las insatisfacciones que podía generar.

Hoy con humildad reconozco que este Acuerdo es mejor en cuanto resuelve muchas de esas críticas e insatisfacciones. Su aceptación no va a ser unánime. Como tampoco lo fue en el primer acuerdo. Pero esperamos que la base de apoyo que recoja lo haga más sólido. Pero más que exaltar las virtudes de éste frente al anterior, en lo que gana con creces es que mediante un ejercicio democrático se ha logrado construir una base de sustento más amplia. La cuestión no es sólo la ampliación del apoyo, sino que este ha sido fabricado en un ejercicio leal de democracia y diálogo sincero.

A los otros seis millones de votos que nos acompañaron en la refrendación del Acuerdo, quiero decirles que los ajustes y precisiones que hemos realizado, no sacrifican las convicciones que le dieron forma al primer Acuerdo. No cancelamos la ilusión. No dimos marcha atrás en la posibilidad de un país nuevo. No desistimos del propósito de reivindicar la familia campesina. Limpiar la política. Combatir las bandas criminales y la corrupción. Contribuir a superar el problema mundial de la droga. Impartir justicia pensando más en las víctimas que en los barrotes. Integrar nuestros territorios. Superar desigualdades ancestrales. Crear una sociedad más equitativa. Crearla a través del diálogo, del uso razonable de la autoridad del Estado, buscando darle cimientos fuertes a la seguridad humana. Escuchando, sobre todo escuchando a los más débiles.

Quiero destacar algunas de las innovaciones de este Acuerdo. :

Durante el término de la dejación de armas, las FARC presentarán un inventario de bienes y activos para destinarlos a la reparación material de las víctimas.

En cuanto a la Jurisdicción Especial para la Paz se atendió la mayoría de las propuestas formuladas.

Se precisaron de manera concreta las características y mecanismos de la restricción efectiva de la libertad.

En efecto, se fijaron los espacios territoriales específicos para el cumplimiento de las sanciones con un tamaño máximo a las zonas veredales, los periodos de ejecución de las acciones reparadoras, la precisión del lugar de residencia, los mecanismos de monitoreo y la regulación del sistema de autorización para los desplazamientos por fuera de las zonas, requisito necesario en todos los casos. Por iniciativa de algunos opositores se aceptó que mientras entra en funcionamiento la JEP, las acciones reparadoras debidamente verificadas pueden ser descontadas de la sanción que se imponga.

Sobre el discutido tema de la conexidad del narcotráfico con el delito político, el acuerdo es que los Magistrados tendrán en cuenta caso a caso la jurisprudencia de las cortes colombianas.

Se eliminan los Magistrados extranjeros pero se acepta la presencia de amicus curiae, -expertos extranjeros- para rendir conceptos sobre los casos que se tramiten.

Queda claro que entre la normatividad aplicable se incluye el Código Penal Colombiano y que las normas procedimentales deberán ser incorporadas al ordenamiento legal.

Serán de competencia de la JEP las conductas de financiación o colaboración con actores del conflicto en que hayan incurrido los terceros no combatientes que tuvieron una participación activa o determinante en los crímenes más graves. Se eliminó la participación habitual. Y se reafirmó que los demás, si contribuyen a las medidas de verdad y reparación, pueden beneficiarse de la renuncia de la acción penal u otro tipo de terminación anticipada del proceso.

Se estableció el término concreto de duración de la Jurisdicción.

Se eliminó la idea de incorporar el Acuerdo a la Constitución Política y al llamado bloque de constitucionalidad. El principio general de garantía de cumplimiento es el compromiso de que ambas partes cumplirán de buena fe lo pactado, y en lo que tiene que ver con el Estado, los principios que informan el Acuerdo serán parámetro de interpretación y guía de la aplicación normativa y práctica.

Se estableció también que la revisión de la tutela contra decisiones de la Jurisdicción Especial en cabeza de la Corte Constitucional.

En el nuevo Acuerdo se define qué se entiende por enfoque de género. Significa el reconocimiento de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y de las circunstancias especiales de cada uno. Supone reconocer que el conflicto ha impactado de manera diferenciada a la mujer y que, en consecuencia, se requieren acciones distintas y específicas para restablecer sus derechos.

Incluye también un principio de respeto a la igualdad y no discriminación, que implica que toda persona, independientemente de su sexo, edad, creencias religiosas, opiniones, identidad étnica, pertenencia a la población LGBTI, o cualquier otra razón, tiene derecho a disfrutar de todos los derechos. Ningún contenido del Acuerdo Final se entenderá o interpretará como la negación, restricción o menoscabo de los derechos de las personas.

En atención al llamado que nos hicieron de diversos sectores religiosos, se estipula que en la implementación de lo acordado se deberá respetar la libertad de cultos, lo que significa el reconocimiento y respeto a la práctica de cualquier manifestación de religiosidad.

Mantenemos vivo el compromiso con el campo a través de una política de recuperación de la familia campesina, que impulse el acceso equitativo a la tierra y que cree condiciones de vida digna.

En la Reforma Rural Integral hemos afirmado que “nada de lo establecido en el acuerdo debe afectar el derecho constitucional a la propiedad privada”.

También quedó explícito que los programas cuyo destinatario es el campesino no impiden la puesta en práctica de diversas formas de producción, tales como la agroindustria o el turismo.

Para lograr darle la mayor solidez a la reforma rural, se ajustaron los tiempos de implementación a las nuevas realidades fiscales. El acuerdo además por sí mismo no crea Zonas de Reserva Campesina.

Desde el Acuerdo de Cartagena se había dado un paso inmenso en la lucha contra el problema mundial de la droga. Las FARC se comprometieron a romper todo vínculo con él y a cooperar en la superación de ese fenómeno. Ahora, en el nuevo Acuerdo se ha logrado precisar de manera concreta las características de esa cooperación y además quienes acudan a la JEP –todos, no solo las FARC- deberán informar de manera exhaustiva y detallada sobre las informaciones de las que dispongan para atribuir responsabilidades.

De igual modo se aclara que los programas de sustitución buscan tener territorios libres de cultivos de uso ilícitos de modo que no se establezca un marco de coexistencia entre el programa de sustitución y la continuación de tales cultivos.

En cuanto a la aplicación de las políticas sobre el consumo, se robustece el papel de la familia y de los grupos religiosos.

Se estableció el compromiso de respetar el principio de sostenibilidad de las finanzas públicas. En tal sentido, el Plan Marco acordado para las inversiones, deberá contener las fuentes de financiación.

A partir de hoy los colombianos podrán consultar los cambios y los nuevos elementos del nuevo Acuerdo en las páginas de internet de La Presidencia de la República, de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, de Equipo Paz Gobierno y de La Mesa de Conversaciones. En el transcurso de la próxima semana estará disponible la versión integrada.

Estimados señores y señoras, No podemos pedir que cese la discusión. Pero sí podemos desear que la gran decisión nacional sea poner en marcha la ejecución de los acuerdos, superar el conflicto armado, abrir caminos a la reconciliación y profundizar los esfuerzos para lograr una sociedad equitativa.

Ese es el reto ahora. El reto de nosotros, por nuestros hijos y nuestros nietos.

Fuente : Presidencia de la república, 12 de noviembre de 2016


 

https://www.youtube.com/watch?v=QvjNWFzgzy0

Fuente: CABLENOTICIAS, 12 de noviembre de 2016

Lea en La Pluma:

Colombia : Manifiesto por la paz, hasta la última gota de nuestros sueños...

Especial Colombia tras el "NO pero SI"


Palabras clave:Colombia  comunicado conjunto  Acuerdo final  Diálogos de paz  La Habana  Cuba  

Actualizado ( Martes, 22 de Noviembre de 2016 03:58 )  

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