La pluma dice lo que el hombre calla...

21 noviembre 2017 - 10:01
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Egipto 2016: ¿Quién es peor, Mubarak, Mursi o Al-Sisi?

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aut_5319Bis2016 fue un año duro para los egipcios. La mayoría, tanto la gente corriente como la casta política, dicen incluso que ha sido el peor año en la historia del país.

Los ataques contra la “Revolución” o levantamiento de 2011, sus objetivos, sus símbolos y sus representantes ya no son un exceso de algunos “mubarakistas”, sino que son claramente política del régimen. Esta política se ve alentada por el hecho de que cada vez más egipcios añoran la época de Mubarak. Atribuyen su miseria a la Revolución de 2011 y no a la política del régimen.

El régimen de Al-Sisi ha conseguido extender en buena parte de la población más desfavorecida el miedo a acabar como Siria, Irak, Libia o Yemen, de modo que este miedo sea mayor que la voluntad de cambio. El régimen se sirve de la guerra contra el terrorismo como excusa para aplicar todo tipo de medidas impopulares. En 2016 todas las medidas en cualquier ámbito político han sido impopulares, incluso terriblemente impopulares. 

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Durante los dos primeros años de su mandato, muchos ministros y gobernadores han caído víctimas de estas “impopulares” políticas, haciendo de chivos expiatorios. Esto era necesario para que el General Sisi quedara fuera de toda duda y enaltecido como el gran “salvador”. Sin embargo, los numerosos chivos expiatorios de 2016 no han bastado para lograr ese propósito. La imagen del “dictador justo” se ha visto muy dañada.

Aunque todo régimen debe intentar lograr éxitos al menos en algún terreno político para compensar o distraer la atención de la gente de los fracasos en otros terrenos, en 2016 el régimen de Al-Sisi ha cosechado un fracaso tras otro en todas las áreas, presentándolos luego como éxitos o incluso victorias. A continuación trataré con detalle la política del régimen en 2016 en las siguientes áreas:. 

1. Economía y lucha contra la corrupción, 

2. Democracia, Estado de derecho y seguridad interior,

3. Política exterior con relación a Occidente.

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¿Dónde están los pobres? ¿Por qué no puedo verlos?

1.  Economía y lucha contra la corrupción

La desposesión del Tribunal Nacional de Cuentas

Para todo nuevo régimen la economía es siempre lo más importante. Si la economía funciona, el régimen se puede permitir fracasos en otras áreas. Pero hoy en Egipto la situación económica y el nivel de corrupción son peores que nunca.

El 27 de diciembre de 2015, en una entrevista televisiva al jefe del Tribunal Nacional de Cuentas, Hisham Geneina, con motivo de la presentación de su informe anual, le preguntaron por su estimación de los costes de la corrupción para la economía en el periodo de 2011 a 2015. La estimó en 600 mil millones de libras egipcias (unos treinta mil millones de euros). De los varios miles de casos de corrupción que había trasladado a la fiscalía, solo se tomó en consideración el 7 %, lo que significa que el 93 % no fue objeto de investigación, añadió.

Esto provocó un gran revuelo en el Parlamento, pero no contra los corruptos que aparecían mencionados en el informe por su nombre, sino contra el propio jefe del Tribunal de Cuentas y su informe. La razón: Hisham Geneina formaría parte de un gran complot contra Egipto, por lo que había exagerado los datos de corrupción con el propósito de dañar la imagen del país en el exterior y desalentar a los inversores. El Gobierno prohibió de inmediato que se difundiera esa información, y el informe no pudo publicarse.

Desde que se instituyó este organismo, en la época de Nasser, el puesto de Geneina gozaba de una inmunidad inviolable. En dos semanas, el Parlamento se sacó de la manga una ley inconstitucional que permitía al presidente de la República destituir al jefe del Tribunal de Cuentas. Geneina fue cesado de inmediato. Pero esto no era suficiente, los poderosos corruptos del país querían que el caso Geneina sirviera de ejemplo: tuvo que responder ante un tribunal de justicia ordinario, que en un abrir y cerrar de ojos lo condenó a dos años de prisión sin posibilidad de libertad condicional. Ese mismo día tuvo que dormir en el suelo de una celda (sin cama).

Alguien de su equipo consiguió sacar la información y publicarla en internet. Sin embargo, a pesar de su publicación, nadie más se atreve siquiera a mencionar el informe. De ahí que en el informe anual de “Transparency International”, Egipto haya caído del puesto 88, entre 167 países estudiados, al puesto 108 de una lista de 179 países.

El ejército como factor económico

Desde hace décadas es creciente el descontento del capital productivo por el papel cada vez mayor que juega el ejército en la economía. En 2016 el malestar era tan grande que el General Sisi se ocupó de este tema en su discurso del mes de diciembre para refutar esa “afirmación”. Señaló que, por el contrario, la parte del ejército en el conjunto de la economía se encuentra entre el 1,5 y el 2 %. Estas estimaciones solo pueden mover a risa.

El capital egipcio se queja de las desiguales condiciones de competencia. En la actualidad no hay ningún sector de la economía en el que el ejército no tenga parte, y constantemente aumenta su participación en todos los ámbitos: en la industria y la agricultura, en el sector inmobiliario y la construcción, en el comercio mayorista y minorista, en la importación y exportación, en el sector sanitario..., etc.

En la edición de febrero de SWP-Aktuell[1], Jessica Noll se ha ocupado de este fenómeno. Bajo el epígrafe, “El ejército egipcio consolida su poder económico”, escribe ya en la introducción: “ … Es más que cuestionable que en estas condiciones se puedan llevar a cabo las reformas estructurales acordadas en noviembre de 2016 con el FMI. En buena medida debido a esto, los donantes internacionales deberían presionar a los dirigentes egipcios para que reduzcan los derechos especiales del ejército”.

Menciona la imbricación entre ejército y economía y explica sus consecuencias: “Debido a la creciente cooperación entre el ejército y la economía privada, se establecen estructuras de dependencia. La expansión económica de la Fuerzas Armadas hace que a las empresas privadas les resulte cada vez más difícil ganar concursos públicos, pues el ejército puede presentar ofertas mejores. Si las empresas quieren sobrevivir económicamente, se ven cada vez más forzadas a cooperar con el ejército, cooperación en la que este lleva la voz cantante”.

“Puesto que los bajos precios que ofrece el ejército solo son posibles por sus amplias ventajas y privilegios, se produce una extremada distorsión de la competencia”. “Otra ventaja competitiva del ejército es que sus actividades económicas están libres de impuestos”.

Además de disponer para sus proyectos del barato “trabajo esclavo” de los reclutas, el ejército no tiene que pagar el suministro de energía ni de agua, ni tiene que presentar garantía alguna. Las empresas privadas, por el contrario, tienen que sumar a estos costes un nuevo gran coste añadido, las barreras burocráticas. Estas constituyen la principal fuente de corrupción en el servicio público, pues hay que pagar grandes sumas por todo tipo de permisos, comprobantes, certificados, registros, licencias, etc.

Noll señala otra injusta ventaja del ejército, que se sustrae a la acción de la justicia civil: “Además, ni la justicia ni otros organismos civiles de control pueden sancionar la conducta de los militares. Desde 2011, los militares en activo y los antiguos miembros del ejército están protegidos por decreto de la acción de la justicia civil. Solo pueden comparecer ante tribunales militares. Esta inmunidad se aplica también a las actividades económicas de los militares, que en virtud de su clasificación como actividades “relevantes para la seguridad” son totalmente opacas y disfrutan de todo tipo de ventajas”.

“Desde que Al-Sisi asumió el poder, a las organizaciones no gubernamentales que promueven una mayor transparencia y respeto al Estado de derecho se les ha impedido trabajar y han sido sistemáticamente perseguidas. Tampoco los medios de comunicación ejercen una labor correctiva. En Egipto la libertad de expresión está muy limitada. La censura estatal impide cualquier noticia crítica con el ejército”.

La trampa de la deuda

Cuando murió Nasser, el 28 de septiembre de 1979, la suma total de la deuda de Egipto ascendía a 1.700 millones de dólares estadounidenses, incluida la deuda contraída con la Unión Soviética que, condonada en parte, quedó saldada tras la guerra de 1967. Sadat reorientó la política exterior hacia EE.UU. y, de ese modo, la política financiera hacia el FMI. A pesar de la guerra de 1973, con la que se reconquistó la península del Sinaí, a comienzo de 1974 la deuda no llegaba a los 2.500 millones de dólares.

En febrero de 1974 se dictaron las célebres leyes para la liberalización de la economía, que entonces recibieron el nombre de “política de puertas abiertas”. Las condiciones impuestas por los créditos del FMI, por importe de 185,7 millones de dólares, se cumplieron elevando repentinamente los precios de los alimentos básicos entre un 30 y un 50 %, lo que provocó las revueltas del 18 y 19 de enero de 1977. El levantamiento solo pudo ser sofocado con la intervención del ejército, que se saldó con más de 300 muertos y varios miles de detenidos.

La deuda aumentó en la década de los 80, por lo que el Gobierno egipcio debía rendir cuentas de su política todos los años ante el “Club de París”. La participación del ejército egipcio en la segunda guerra del Golfo, en 1991, para la liberación de Kuwait, que legitimó la intervención militar de los aliados occidentales, fue premiada con una condonación del 50 % de la deuda.

Cuando estalló el levantamiento de enero de 2011, la deuda constituía alrededor del 83 % del PIB (en esa época un dólar estadounidense equivalía a 5,6 libras egipcias). A finales de 2015, la deuda alcanzaba la frontera del 100 % del PIB, de modo que la partida correspondiente al pago de la deuda constituía más de un tercio de los presupuestos del Estado (entonces un dólar equivalía ya a 7,8 libras). El big bang se produjo con el crédito del FMI de 12.000 millones de dólares, ligado a unas condiciones que habían de cumplirse antes del pago del primer tramo del préstamo.

Las tristemente famosas recetas del FMI se han puesto a prueba en suficientes ocasiones y sus efectos son bien conocidos. Ni una sola vez han tenido éxito, sino que por el contrario siempre han llevado a la catástrofe económica y han provocado tensiones sociales.

El 3 de noviembre de 2016, el Gobierno egipcio permitió la fluctuación de la libra con respecto al dólar e incrementó de golpe el precio de la energía (gasolina, diésel, gas, electricidad) en un 50 %. Pocas horas después la libra se depreció alrededor de un 50 % y se dispararon los precios de todos los bienes y servicios. Las consecuencias son devastadoras, la economía prácticamente se ha estancado y la pobreza alcanza ya a amplios sectores de la población. De repente, el número de los pobres de solemnidad casi se ha duplicado.

A este respecto dice Frau Noll en el SWP-Aktuell de febrero de 2017: “Con la devaluación de alrededor del 130 % de la libra egipcia frente al dólar, solo en 2016 los precios en el país se incrementaron en un 40 % o más”.

El verdadero problema de esta miseria, y también las causas, persisten. El dinero prestado no se destina a inversiones sensatas, a la industria y la producción agraria, sino principalmente al servicio de la deuda y a la importación, que destruye sistemáticamente la actual estructura de las fuerzas productivas.

El “cuello de botella”

Desde hace más de dos años, los medios del régimen –apenas hay otros– difunden el discurso de que ahora estamos en un cuello de botella, pero que esto acabará pronto, en cuanto los grandes proyectos del ejército den sus frutos. Son grandes proyectos llevados a cabo por el ejército por orden de Al-Sisi.

Ni entre los técnicos ni en la sociedad se ha producido el menor debate acerca de su utilidad, rentabilidad o grado de prioridad. Proyectos como la ampliación del canal de Suez, el cultivo de 630.000 hectáreas en el desierto (para el que resulta evidente que no hay suficiente agua) y los miles de kilómetros de carreteras totalmente innecesarias van a buen ritmo, impidiendo un posible desarrollo positivo. Por un lado, arrasan con las por otra parte escasas reservas financieras, aumentando la deuda en una espiral inexorable; por otro, atienden a las “exigencias de la corrupción”, sobre todo entre los uniformados.

Nada más liberalizarse el cambio de la libra egipcia, su valor frente al dólar descendió en caída libre. En ausencia de grandes reservas de divisas, el Gobierno ha emitido bonos del Estado a un interés del 20 % a fin de fortalecer la demanda de la libra. Esta medida ha provocado que la concesión de créditos a la clase media prácticamente haya desaparecido, y, por otro lado, dado que faltan inversiones, que la ya “oficial” tasa de inflación de más del 20 % se incremente aún más.

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Debido al catastrófico estado de la economía egipcia, un grupo de expertos del Comité de relaciones internacionales del Congreso estadounidense y el consejo asesor de la Casa Blanca presentaron el 18 de enero de 2017 a la administración Trump un informe “top secret"[2]. El informe, de nueve páginas, lleva el código FC09543J y llega al final a la siguiente conclusión:

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“Egipto se encuentra peligrosamente cerca de la insolvencia. A pesar de la ayuda de los países del Golfo y del crédito de 12.000 millones de dólares en trres años del FMI, la combinación de las necesidades económicas del país, la herencia de la incoherente política económica del El Cairo y la falta de transparencia en el pasado, que continúa en la actualidad, así como los retos políticos de las reformas económicas y la posibilidad de crisis económicas externas, todo ellos hace que una crisis de solvencia sea una posibilidad muy real. EE.UU. y sus aliados en el Golfo Pérsico, Europa y Asia deben estar preparados para tal eventualidad. La mayor atención de los responsables políticos hacia este tema y los planes para evitar o mitigar las consecuencias de la quiebra de Egipto se centran fundamentalmente en el envío de nuevas ayudas. Esto permitirá sin duda a Egipto adquirir alimentos, combustible y otras mercancías críticas, pero la ayuda externa no resolverá el problema. En el mejor de los casos, dará un respiro a los dirigentes egipcios y con ello la posibilidad de emprender reformas económicas”.

2.   Democracia, Estado de derecho y seguridad interna

Tanto en la revuelta de enero de 2011, que provocó la caída de Mubarak, como en la siguiente, en junio de 2013, que provocó la caída de Mursi, la exigencia de democracia y respeto al Estado de derecho era una reivindicación fundamental y todo un clamor. Por eso el General Sisi, nada más tomar el poder el 3 de julio de 2013, hubo de anunciar como primer paso de su “mapa de ruta” la redacción de una nueva Constitución. Esta Constitución entro en vigor en enero de 2014 tras ser aprobada por gran mayoría en referéndum.

La nueva Ley Fundamental reflejaba con bastante precisión el panorama político de las sociedad de la época. Como el “ardor revolucionario” aún no se había enfriado en las calles, los egipcios se dotaron de la mejor Constitución de su historia.

Cierto es que los regímenes políticos egipcios, desde el fin de la dinastía de Mohammed Ali, en 1952, no se han cubierto de gloria en lo que se refiere a la democracia y el respeto de la legalidad, pero desde que los militares se han hecho con todos los órganos del Estado se ha puesto fin por completo a cualquier forma de Estado de derecho.

En la fase relativamente progresista (la época de Nasser) la justicia social sustituyó a la democracia. En la época posterior no hubo ni justicia social ni democracia. Pero 2016 destacó particularmente a este respecto: ahora todo indica que la odiada policía se está vengando de un pueblo que se ha atrevido a rebelarse contra ella.

Los voceros del régimen describen el levantamiento de enero de 2011 –ensalzado como revolución en la Constitución de 2014– como un complot urdido desde el exterior. Hay que eliminar por tanto todas la consecuencias de este complot, restaurar el viejo estado de cosas bajo Mubarak, esto es, acabar con las libertades conquistadas y poner fin al exiguo Estado de derecho que se había alcanzado. Un régimen solo puede hacer esto mediante el uso de la violencia, como se mostró en 2016. Me referiré aquí brevemente a algunos ejemplos que muestran el grado de iniquidad al que se ha llegado. 


El caso Regeni

Este caso es extraordinariamente paradigmático de la opresión y violencia del Estado y de su encubrimiento.

El Dr. Giulio Regeni (28 años) era un investigador italiano que estaba haciendo un trabajo sobre los sindicatos independientes de trabajadores en Egipto. Tenía una cita con un amigo en el centro de la ciudad, el 25 de enero de 2016, cuando desapareció. El 3 de febrero su cuerpo sin vida, desnudo, fue hallado en el desierto, en las afueras de la ciudad de Seis de Octubre. La explicación oficial del ministerio del Interior era que había fallecido en accidente de tráfico.

Sin embargo, el 4 de febrero, el informe forense reveló que la muerte de Regeni se debió a las brutales torturas a que había sido sometido. La fiscalía italiana intervino y observó que muchas informaciones apuntaban a la implicación de la policía secreta egipcia en el caso.

El 14 de marzo, un supuesto testigo ocular exculpó a la policía con su relato de los hechos. Pronto se demostró que la historia era inventada y que todo había sido un montaje de la policía.

El 24 de marzo, el ministerio del Interior manifestó que cinco personas, supuestamente los responsables de la tortura y asesinato de Regeni, habían muerto en un tiroteo. El 30 de marzo, la fiscalía egipcia dio por buena esta explicación.

El 21 de abril, la agencia de noticias Reuters publicó informaciones procedentes de seis fuentes secretas diferentes: el día de su desaparición, Regeni fue detenido por la policía. El mismo día en que Reuters publicó la noticia, el ministerio del Interior afirmó que nunca se había sometido a Regeni bajo vigilancia. Poco después, la Fiscalía General egipcia admitió que Regeni había estado bajo el seguimiento de la policía política. El 26 de abril, el abogado egipcio de la familia Regeni fue detenido.

El 12 de junio, la comisión investigadora italiana acusó a las autoridades egipcias de engaño, de fingir hechos falsos y de obstaculizar la investigación. El 30 de junio, Italia aumentó la presión decretando sanciones. El 8 de junio, la madre de Regeni dio una rueda de prensa en la que amenazó con la publicación de 250 fotos de la brutal tortura de su hijo.

El 9 de septiembre, el grupo de investigación egipcio reconoció en Roma que Regeni estaba siendo investigado y que las cinco personas tiroteadas nada tenían que ver con el caso; sin embargo, sus familias continúan todavía detenidas.

 

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"Exigimos justicia para Regeni, los cinco tiroteados y los mártires (Plaza Tahrir)

En caso de necesidad este régimen puede admitir el crimen y la manipulación. Las relaciones políticas con Italia son demasiado importantes para permitir que se deterioren por una “bagatela”. Sin embargo, hasta ahora ni una sola persona ha sido llevada ante la justicia por este crimen. Si el sistema de opresión mostrara tales “debilidades”, el sistema entero podría desmoronarse.

La madre de Regeni dijo en la conferencia de prensa que el Gobierno egipcio había tratado a su hijo “como a los egipcios”. Expresó de ese modo una amarga verdad, pues lo egipcios padecen el fariseísmo del brutal régimen.

El General Sisi confirmó esta declaración en su conferencia de prensa con el presidente francés François Hollande, el 19 de abril de 2016 en El Cairo. Al-Sisi corrigió la interpretación de Hollande de los derechos humanos: “... Los europeos no saben que entre nosotros rigen unos estándares de derechos humanos diferentes”. 

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Tirán y Sanafir

Tirán y Sanafir son dos pequeñas islas que se encuentran en el golfo de Aqaba, en el Mar Rojo, y que pertenecen a Egipto desde el Antiguo Imperio, unos 3000 años antes de nuestra era. La importancia de estas dos islas es únicamente estratégica, desde el punto de vista militar, ya que están situadas en la puerta de entrada a este importante curso de agua. Por eso se ha derramado allí mucha sangre egipcia en todas las guerras en la zona.

A principios de abril los egipcios se vieron sorprendidos por la noticia que apareció en los medios: se había firmado un nuevo acuerdo entre los Gobiernos de Egipto y Arabia Saudí para fijar la línea fronteriza marítima entre ambos países. De repente, las dos islas pasaron a pertenecer a Arabia Saudí a cambio de la financiación saudí de algunos proyectos para el desarrollo de la península del Sinaí. De se modo, se le regalaba a Arabia Saudí un pedazo de tierra. 

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El 15 de abril comenzaron las manifestaciones ante la sede del Sindicato de la Prensa, en el centro de El Cairo. La protesta fue en aumento cuando Al-Sisi anunció en la televisión que el asunto estaba cerrado y que no quería oír más debates sobre este tema. A continuación, el movimiento de protesta aprovechó la siguiente fiesta (el 25 de abril, retirada del Sinaí tras la guerra de 1973) como motivo para convocar una manifestación nacional contra este acuerdo.

La manifestación tuvo lugar a pesar de las duras amenazas del ministerio de Interior y de que la policía sitió los puntos de encuentro con carros blindados. Varios cientos de manifestantes fueron detenidos y, en juicios rápidos, cada uno de ellos condenado a cinco años de prisión sin posibilidad de reducción de pena y 100.000 libras (10.000 euros) de multa. Sin embargo, en este asunto los egipcios no se dejaron intimidar y la ola de protestas no dejó de aumentar. 

 

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El 2 de mayo la policía rodeó la sede del Sindicato de la Prensa y exigió la entrega de dos periodistas que se habían atrincherado allí (un lugar que por ley goza de inmunidad). La orden de detención señalaba que ambos habían hecho llamamientos en sus blogs para que se acudiera a la manifestación contra el acuerdo. El Consejo electo del Sindicato de la Prensa, acogiéndose a la Constitución, se negó a entregar a sus colegas. En vista de ello, la policía irrumpió en el edificio y detuvo violentamente a los dos periodistas.

Ironías del destino, esto sucedió justamente en el Día internacional de la Libertad de Prensa.

 

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El 21 de junio de 2016, el Tribunal administrativo, con su histórica sentencia, propinó al régimen una sonora bofetada: “... las islas han sido siempre egipcias y así lo seguirán siendo”. Desde entonces viven los egipcios una singular farsa, una “perversión” única en la historia. El Estado, esto es, aquí, el ejecutivo, impugnó la sentencia para poder continuar rechazando su soberanía sobre las islas, a pesar de que, como se señala en la propia sentencia, no ha podido presentar ni un solo documento relevante, a diferencia de los demandantes. La parte demandante[3] presentó cientos de documentos y pruebas.

Las condenas de los manifestantes detenidos durante las protestas fueron revisadas. Se les fue poniendo gradualmente en libertad, pero se mantuvo la multa de 100.000 libras, una cantidad que para el egipcio medio representa una fortuna.

Lo paradójico de esta historia es el modo en que el régimen combate a sus críticos. El régimen ha utilizado todos los medios a su disposición para vilipendiar a los opositores al acuerdo acusándolos de alta traición, por su insubordinación al presidente Al-Sisi en este asunto. Esto significa nada menos que aquellos que dicen que las islas son egipcias son traidores, mientras que los que dicen que pertenecen a Arabia Saudí son los patriotas. ¡El mundo al revés!

El 16 de enero de 2017 se cerró provisionalmente este capítulo de la historia cuando el Tribunal Administrativo Supremo, como última instancia, emitió una sentencia[4] de 58 páginas irrevocable y definitiva: “Las islas eran, son y serán siempre parte indisoluble de Egipto. En consecuencia, el acuerdo es nulo”.

A pesar de esta sentencia del tribunal supremo, el régimen no se rinde y trata de salvar el acuerdo por medio de un Parlamento que está hecho a su medida. Lógicamente, esto no puede funcionar, pero ¿qué ha sido lógico en 2016?

Una vez disipado el polvo levantado por esta batalla y tomada cierta distancia, surge la pertinente pregunta: ¿por qué Arabia Saudí quiere esos dos peñascos en el mar Rojo? ¿Y por qué precisamente ahora?

El Gobierno no hizo mención de la verdadera razón del traspaso de esas islas a Arabia Saudí. Los saudíes no necesitan las islas para nada. Se trata de Israel, que además de sus evidentes intereses estratégicos en este curso de agua quiere resucitar su viejo proyecto de canal. El canal –en competencia con el Canal de Suez– habría de unir el Mar Rojo con el Mediterráneo a través del Golfo de Aqaba y el Mar Muerto. Para ello, el control del Golfo de Aqaba no puede continuar en manos egipcias.

El islam político

Con el levantamiento del 30 de junio de 2013, los egipcios pusieron fin a la hegemonía de los Hermanos Musulmanes. La mayoría pensó que con ello se había cerrado definitivamente el capítulo del islam político y del uso indebido de la religión. Esto quedó incluso sellado en el artículo 74 de la Constitución de 2014, que prohíbe cualquier partido político que se base en el religión.

El partido de los Hermanos Musulmanes fue disuelto y prohibido, pero permanecieron los “salafistas”, con su arcaica visión de la realidad. No solo disfrutan de libertad de movimientos y organización, sino también de una especie de apoyo recíproco mediante su colaboración con los centros de poder del Estado.

La ininterrumpida cadena de ataques terroristas islamistas impulsó al General Sisi a dirigir un nuevo llamamiento a la instituciones responsables de los asuntos religiosos (Azhar y el ministerio de Fundaciones Religiosas) para que renovaran el discurso religioso. No obstante, los salafistas pueden extender su influencia sobre todo en el campo, con la bendición de las autoridades, y continuar haciendo daño.

Los derechos de libertad religiosa de los que piensan de otro modo están en peligro: cristianos, bahais e incluso chiítas. Los fanáticos islámicos egipcios ven a los pertenecientes a estas minorías simplemente como “infieles”, colocándolos así en su punto de mira. La lista de ataques debidos a este fanatismo es muy larga, desde que comenzó, bajo la presidencia de Sadat, con la luchas sectarias de “El Zawiya El Hamra”*, en 1981. Pero nos limitaremos ahora al presente, a 2016.

Siete iglesias –fundamentalmente en áreas rurales– en Luxor, Asiut, Minia Kairo y Alejandría han sido incendiadas. En siete ocasiones casas y negocios de cristianos han sido atacados, saqueados e incendiados y sus ocupantes apaleados y expulsados. En otros cuatro casos se “ejecutó” a cristianos con el método del “sacrificio” del ISIS, cortándoles la cabeza, en Tanta, Al Arisch, Zagazig y Shubra. Todos estos crímenes tuvieron lugar en público.

Lo más grave es que en ninguno de estos casos el largo brazo de la ley alcanzó para castigar a ninguno de los responsables. El régimen insiste en tratar estos problemas extrajudicialmente. Por eso ha creado un grupo llamado “La casa de la familia”. De este modo, todos los crímenes quedan impunes, se alienta el terror islamista y las víctimas deben buscar refugio en la institución eclesiástica, esto es, no pueden buscar el amparo del Estado como “ciudadanos”.

Solo dos ejemplos de esta “divergencia”:

En el pueblo de Kom Elloufi, en la gobernación de Menia, un grupo de salafistas acusaron a un campesino cristiano de “proponerse” convertir en iglesia la casa que estaba edificando. El 23 de junio de 2016, alrededor de 300 musulmanes se congregaron frente a la casa y le prendieron fuego. El fuego se extendió a tres casas vecinas que también acabaron destruidas. 

 

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El segundo caso, en octubre de 2016, también en Menia, en el pueblo de El Karm, provocó un escándalo. Unos fanáticos, gritando histéricamente, arrastraron a un cristiano de 70 años por la calles completamente desnudo, hasta que una vecina musulmana lo rescató poniendo fin a esta locura.

Este escándalo provocó tal sacudida en la sociedad que el General Sisi tuvo que disculparse oficialmente ante la víctima y prometió llevar a los responsables ante los tribunales. Pero por desgracia, esto quedó solo en palabras y el hecho no tuvo consecuencias: el 25 de enero de 2017 se puso en libertad a los últimos cinco acusados y el caso fue archivado. La llamada de auxilio de los cristianos y musulmanes sinceros en todo el país a Al-Sisi en persona sigue siendo desoída[5].

3.  Política exterior

Aunque también sobre este tema habría mucho que decir, me limitaré a continuación a un solo aspecto que ilustra el doble rasero de la política internacional.

Occidente

Desde que asumió el cargo, el General Sisi trata de convencer a Occidente de que él es el mejor y más confiable socio en Oriente Próximo. Le tomó cerca de un año convencer a Occidente. La presencia de Siegmar Gabriel en la Conferencia económica de Sharm el-Sheij fue la primera señal de ello.

Si inmediatamente después de la “revolución” Occidente todavía ponía en duda la legitimidad del Gobierno militar, tras ese instante se acabaron todas las preocupaciones por la democracia en Egipto y se inauguró un nuevo capítulo en las relaciones con la “nueva” élite política del país.

Esto tiene sus razones. El régimen de Al-Sisi es imprescindible en un nuevo acuerdo para limitar los flujos migratorios en la región. Se trata de gente procedente de toda África y no solo de los expulsados por la guerra. Estas guerras terminan antes o después, pero el desarrollo económico y la lucha contra los males que asolan la mayor parte de países africanos es una tarea que va para largo, por lo que los europeos necesitan un poderoso cancerbero como Al-Sisi.

Además, los europeos no pueden permitirse que se convierta en “Estado fallido” un país como Egipto, con 90 millones de habitantes, de modo que es mejor apoyar al régimen.

El apoyo a este Estado injusto tiene una ventaja más para Occidente: una evolución satisfactoria en Egipto, con estructuras medianamente democráticas, conduciría a cada vez mayor independencia, conflictos de intereses y un nuevo juego de alianzas políticas de consecuencias imprevisibles para Occidente. Aunque no lo reconozcan de manera oficial, ningún Gobierno occidental quiere arriesgarse a ello. Por tanto, su máxima es mantener a toda costa el régimen actual alineado con Occidente.

Esto explica también la naturaleza de este apoyo, de la que se asombra Jessica Noll en el mencionado artículo de SWP-Aktuell: “… Dado que Egipto no está expuesto a ninguna seria amenaza externa, es difícilmente justificable que un país asolado por problemas económicos mantenga el décimo ejército más grande del mundo, con alrededor de 440.000 soldados en activo”.

En su resolución del 25 de mayo de 2016, “Amnistía Internacional” criticó a la UE debido a que cerca de la mitad de sus Estados miembros han infringido el embargo de armas impuesto por la propia UE a Egipto. De este modo la UE corre el riesgo de ser cómplice de una ola de asesinatos extrajudiciales, desapariciones forzosas de opositores y torturas.[6]

“Fábricas de armamento alemanas suministran desde hace muchos años a Egipto armas y tecnología armamentística. Solo entre 2001 y 2013 Alemania autorizó la venta a este país de material bélico por valor de 361,8 millones de euros. Se trataba sobre todo, según Campaña Contra el Tráfico de Armas (CAAT), de carros de combate y otros vehículos terrestres, equipos eléctricos, naves de guerra, munición, equipamiento técnico y armas ligeras, además de equipos de imagen y aeronaves.

Estas exportaciones de armas fueron aprobadas por el Gobierno federal alemán, a pesar de que según el Bonn International Center for Conversion (BICC) la situación en el país, sobre todo en los últimos años, no puede calificarse de poco problemática".[7]

En su informe del 19 de diciembre de 2016, presentado ante el Congreso estadounidense, el Congressional Research Service situó a Egipto, en 2015, en el primer puesto entre los países en vías de desarrollo en cuanto al volumen de sus importaciones de armas, con 5.300 millones de dólares, y el segundo puesto, tras Qatar, en cuanto a la cantidad correspondiente a los contratos de armas suscritos, con alrededor de 12.000 millones de dólares.[8]

Resumen

¿Es cierto lo que el régimen de Al-Sisi quiere hacernos creer, que nos va mejor que a los sirios, los libios, los iraquíes o los yemeníes?

Hagamos repaso: … una lista sin fin de féretros de víctimas del terror en el Sinaí y otras partes del país, … un Egipto en el que la mayor parte de los jóvenes prefieren una más que probable muerte en el Mediterráneo, en una balsa atestada de gente, antes que quedarse en su patria, … unos ingresos constantemente diezmados que apenas alcanzan para sobrevivir, … una inflación rampante, … una corrupción que se extiende a todos los niveles y que está fuera de control, … unas leyes y una Constitución que se ven pisoteadas a diario, … una educación y asistencia sanitaria que se han convertido en un privilegio de los superricos, … un Estado que no está en condiciones de atajar el fraude en los exámenes escolares o de regular el tráfico en las calles, … etc., ...etc.

Los egipcios deben tragar con todo, ¿y para qué? … Por su seguridad, que solo puede preservarse mediante la conservación del “Estado”. ¿¡Y qué significa “seguridad” –o cuál es su valor– en tales circunstancias?!

No, a nosotros no nos va mejor…

Nota de Tlaxcala

* Unas 17 personas murieron en los enfrentamientos entre musulmanes y coptos que se produjeron tras correrse el rumor de que un terreno en el que iba a construirse una mezquita había sido cedido a la iglesia. A continuación, el presidente Anwar el-Sadat hizo detener a 170 curas cristianos y destituyó al papa Shenouda III.

Notas del autor

[1] SWP-Aktuell es la publicación de la Fundación Economía y Política, uno de los respetables laboratorios de ideas vinculados al Gobierno alemán.

[2] http://www.masralarabia.com/%D8%A7%D9%82%D8%AA%D8%B5%D8%A7%D8%AF/1358087-%D8%AE%D8%A7%D8%B5-%D8%AE%D8%B7%D8%A9%C2%A0-%D8%AA%D8%B1%D8%A7%D9%85%D8%A8%C2%A0-%D9%88CIA%C2%A0-%D9%84%D9%84%D8%AA%D8%AF%D8%AE%D9%84-%D9%85%D8%B5%D8%B1-%D8%AD%D8%A7%D9%84-%D8%A7%D9%81%D9%84%D8%A7%D8%B3%D9%87%D8%A7

[3] Un buen número de abogados de los partidos de la oposición de la “Corriente Democrática”, una alianza opositora (que va desde la izquierda hasta el centro) integrada por la Alianza Socialista Popular, El Karama, el Partido Corriente Popular, El Dostour (La Constitución), el Partido de la Libertad y el Partido de la Justicia.

[4] http://www.parlmany.com/News/4/152364/%D9%86%D9%86%D8%B4%D8%B1-%D8%AD%D9%8A%D8%AB%D9%8A%D8%A7%D8%AA-%D8%AD%D9%83%D9%85-%D8%A7%D9%84%D8%A5%D8%AF%D8%A7%D8%B1%D9%8A%D8%A9-%D8%A7%D9%84%D8%B9%D9%84%D9%8A%D8%A7-%D8%A8%D8%B1%D9%81%D8%B6-%D8%B7%D8%B9%D9%86-%D8%A7%D9%84%D8%AD%D9%83%D9%88%D9%85%D8%A9-%D8%B9%D9%84%D9%89-%D8%A8%D8%B7%D9%84%D8%A7%D9%86

[5] Todas las informaciones sobre los ataques a los cristianos han sido retirados de los medios de prensa escrita y de internet, sobre todo los trabajos del periodista e investigador Nader Shokri.

[6] UE: Detengan las transferencias de armas a Egipto para dejar de alimentar muertes y torturas

[7] http://aufschrei-waffenhandel.de/AEgypten.542.0.html

[8] https://fas.org/sgp/crs/weapons/R44716.pdf

Mamdouh Habashi ممدوح حبشي

Original: Ägypten 2016: Wer ist schlimmer, Mubarak, Morsi oder Sisi?

Traducido por Javier Fernández Retenaga

Traductions disponibles : English  Italiano  Français 

Fuente : Tlaxcala, 15 de abril de 2017


 

 

Palabras clave:Régimen Al-Sisi | represión | corrupción | Regeni | despotismo | junta militar | Egipto | Mubarak | Morsi | Mamdouh Habashi  

Actualizado ( Martes, 18 de Abril de 2017 21:28 )