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15 diciembre 2017 - 08:19
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Oponer los soberanismos no tiene sentido : Jacques Sapir responde a Éric Zemmour

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aut_2108BisÉric Zemmour acaba de publicar en Le Figaro Magazine del 12 de mayo su análisis de la elección presidencial. Es simplista, pero es su derecho. Cuestiona, sin por ello caer en al hoyo, podría decirse en la cubeta, de un artículo de Le Monde –que olía a antisemitismo como se señaló – que fue publicado poco antes de la primera vuelta.

 

Éric ZemmourVolvamos a  los hechos. Se me acusa de « manejar el cerebro de Florian Philippot* »Carajo! La Sra. Bacqué  en Le Monde me acusaba ya de manejar el de Vladimir Poutine. Eso es demasiado para un sólo hombre. Además de que no es muy elogioso para los Sres. Poutine y Philippot,  a los que se les niega toda autonomía intelectual, es sencillamente poco serio. Puede temerse que la práctica de los « talk-shows» en  los cuales participó mucho haya tenido efectos dañinos sobre Éric Zemmour, como el de preferir la fórmula que se retendrá a la profundidad del análisis. Máxime cuando hablé también sobre el tema de la laicidad, y de los « signos religiosos», tanto en mi blog como en  mis libros1 Eric Zemmour prefiere la fórmula a la sustancia, pero además ya no lee. Y es una lástima.

Hace años amplié mi análisis de los problemas de la soberanía, las cuestiones económicas, y por lo tanto, la cuestión del Euro - a las cuestiones políticas y filosóficas. En el fondo, la tesis que sostiene Éric Zemmour no es nueva: la elección de un soberanismo dicho « identitario« contra un soberanismo social. Pero, esta elección encierra el soberanismo en los márgenes de la política francesa

Las tres corrientes del soberanismo

El soberanismo efectivamente está claramente atravesado no por dos, como lo indicaba Alexandre Devecchio, sino  por tres corrientes. El primero es el soberanismo social. Se basa en la constatación de que todo progreso social implica que la comunidad nacional sea soberana, que no puede haber progreso social sin una economía que no esté orientada hacia el mayor número y no hacia el aumento de la riqueza de los más ricos. Analiza el presente estado de la cuestión como el producto de las normas de la mundialización y la globalización financiera, cuyo punto de articulación en el seno de la Unión Europea es la moneda única, el Euro. Esta es la razón por la que combate esta situación y pide  “en nombre del pueblo», y más exactamente en nombre de los trabajadores que tengan un empleo o que sean desempleados, el retorno a una soberanía monetaria que se inscriba en el retorno global a una soberanía política.

La segunda corriente es el soberanismo político. Sus raíces van a lo más profundo de la historia de Francia. Su preocupación es la del Estado soberano, como representante del pueblo (desde 1789). Esta corriente analiza la construcción de la Unión Europea no como un proceso de delegación de la soberanía sino como un proceso de cesión de la soberanía. Sin embargo, esta última no puede existir. Deduce la naturaleza profundamente antidemocrática del proceso europeo. Señala que esta naturaleza se reveló en el tratamiento reservado por las instituciones de la Unión Europea y la zona Euro a Grecia. Este soberanismo político, que fue encarnado  por Philippe Seguin o Marie-France Garaud, se expresó con fuerza en Gran Bretaña con el referéndum sobre el Brexit. Este soberanismo político es lógicamente el aliado del soberanismo social.

La tercera corriente incorpora lo que se puede llamar un soberanismo identitario. A partir de una reacción espontánea ante el cuestionamiento de la cultura, tanto en su dimensión « cultural » en sentido vulgar, como en sus dimensiones política y de culto, es a la vez muy vivaz y muy fuerte, pero también mucho menos construida que las dos primeras corrientes. Puede derivar hacia tesis xenófobas, o incluso racistas. Pero, se plantea también cuestiones que son las mismas que las del soberanismo político.

 

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Las ilusiones del proteccionismo

«¿Logrará este muro protegernos de la codicia de la patronal? »

 

 Juntos, los soberanistas son la mayoría

Oponer estas corrientes y hacer la elección de la temática identitaria, equivale a evacuar la dimensión verdaderamente crítica del soberanismo frente al sistema. Ya que el soberanismo identitario no es de ninguna manera incompatible con el orden de las cosas tal como existe, con la Unión Europea, con el neoliberalismo. El soberanismo social y el soberanismo político, contienen una crítica radical de este mismo orden de las cosas. Por lo tanto, podemos ver revelarse el juego conservador, tanto ideológicamente como políticamente. En las grandes maniobras que se anuncian para el despedazamiento del FN, algunos sueñan verlo regresar a la posición de supletorio de la derecha tradicional, es  exactamente el sueño de Macron que espera que un FN de regreso a su línea identitaria esterilizará una parte de los votos de la derecha, dejándole políticamente el campo libre para llevar a cabo su propia recomposición. Es a este sueño que Eric Zemmour acaba de aportar su contribución, conscientemente o no.

Macron necesita un FN que se  (re)convierta en su propia caricatura para darle  la credibilidad a la trampa de la  diabolizacón en las que ya encerró una vez a los franceses. Los europeístas sólo pueden desear tal evolución que implicaría la perennizacion del corte radical entre los soberanistas. Ya que lo que sobre todo temen  los partidarios de Macron – que representan menos de un cuarto de los franceses (24%) -, es que los soberanistas tomen conciencia del hecho de que son la mayoría. Los soberanistas, ellos, reunieron explícitamente más de un 47% de los sufragios en la primer vuelta  de la presidencial. Lo hicieron sobre posiciones claras y coherentes. Y si Marine Le Pen hizo una falta, fue por abandonar esta coherencia, tanto sobre la edad de la jubilación como sobre el Euro, en la víspera de la segunda vuelta, y al ceder a una inútil agresividad durante el debate televisado que comprometió el largo trabajo de desdemonización.

Nota

[1] Sapir J., Souveraineté, Démocratie, Laïcité, Paris, Editions Michalon, 2016 et Sapir J. et Bourdin B., Souveraineté, Nation, Religion, avec une préface de Bertrand Renouvin, Paris, Le Cerf, 2017.

NdE

*Florian Philippot, 36 años, es un alto funcionario francés de convicciones soberanistas, sobre todo anti europeístas,  reivindicándose del gaullismo, que, después de haber apoyado la candidatura de Jean-Pierre Chévènement en 2002, tuvo un frechazo por Marine Le Pen y conoció una ascensión fulgurante en el Frente nacional, de consejero a vocero y después vicepresidente. Se volvió la eminencia gris de la lideresa que ayudó a modernizar el discurso del partido. Después de la derrota de su jefa en la segunda vuelta, acaba de crear la asociación Los Patriotas con frentistas y no frentistas. Su futuro es ahora incierto: o va a lograr con el intento de “limpiar” el Frente nacional de su herencia fascista o va a deber crear un nuevo partido, “soberanista político”.

Jacques Sapir Жак Сапир

Original: Souverainismes: Jacques Sapir répond à Eric Zemmour

Traducido por María Piedad Ossaba para La Pluma y Tlaxcala, 19 de mayo de 2017

Traducciones disponibles: Português 

Artículos de Jacques Sapir publicados por La Pluma


Palabras clave:Soberanismos | Éric Zemmour | Jacques Sapir | Macronía | Dulce Francia | UEropa | Florian Philippot | Le Pen  

Actualizado ( Martes, 23 de Mayo de 2017 15:48 )